|
Después de viajar por más de cuatro horas desde
Washington a El Salvador, masturbar mi mente y al mismo tiempo
enriquecer mis instintos literarios con un libro muy interesante:
"El Príncipe de los Mendigos", un libro escrito
por el periodista Guillermo Descalzi donde narra su vida de pordiosero
en la ciudad de Washington...
Cuando
me encontraba en espera de mi equipaje en el carrusel número
dos del aeropuerto Internacional de Comalapa, observé un
hombre que se encontraba sentado en una silla de ruedas (muy joven
por cierto, que por su acento y timbre de voz, parecía
de muy buenos modales); por su mirada me percaté que era
un hombre sencillo con una educación en "La Escuela
de la Vida". Me dijo: "Caballero, ¿sería
posible que cuando salga mi valija, usted la saque del carrusel?
Por su condición física no creo que tendría
dificultad para hacerlo", me dijo, en un tono sarcástico.
Yo le contesté: "No hay ningún problema hermano,
para eso estamos: Para ayunarnos unos a otros…"
Mientras
esperamos por nuestro equipaje, le Pregunté: "¿Y
usted cuándo regresa a los Estados Unidos? Veo que trae
mucho equipaje, ¿viene por unas largas vacaciones?"
Y él me contestó con una voz muy segura y sin claudicar:
"Yo ya nunca voy a regresar a los EU... vengo a pasar los
últimos días de mi vida con mis hijos, esposa y
mis "viejitos"; a quienes ya tengo unos 12 años
de no verlos. ¿Sabes? Yo tengo una enfermedad renal, y
de la única manera que pudiera salvar mi pellejo, fuese
con un transplante de órganos; pero en los hospitales que
me trataron, me dijeron que en este momento hay que esperar varios
años para encontrar un donante, y eso no es seguro que
suceda (encontrar el donante voluntario)".
En
la forma tan característica que me narró parte de
su vida, ¡este hombre me dejó anonadado! Por las
palabras expresadas de su muerte de una manera tan escueta, como
si se tratara de un evento de gala. Me dejó, literalmente
hablando, sin palabras en la boca. Lo único que yo le pude
decir fue que en los Estados Unidos estaba la ciencia y la tecnología.
Él me contestó: "Usted tiene mucha razón;
aquí tengo todos los documentos de todos los exámenes
que me efectuaron en el hospital de George Washington, vea: Aquí
están (yo pude comprobar que era verdad). Pero le voy a
decir una cosa: Ya el reloj marca mi partida, mi dios ya me pide
y tengo que obedecer órdenes."
Ante
ese planteamiento de su vida, se me acabaron las palabras para
ese hombre; lo único que me quedaba de hacer por Él
era escucharlo; no por lástima, sino porque su historia
me tenía intrigado: "Yo fui una persona que no me
quise a mí mismo, no cuidé mi salud por ofrecerle
a mi familia lo que nunca tuvimos: Un techo común para
que nos protegiera de las inclemencias del tiempo. Pero hoy gracias
a mi señor, mis padres y mis hijos poseémos una
vivienda digna; aunque para lograrlo tuve que laborar en dos trabajos.
Durante el día trabajaba en la construcción y por
la noche en un restaurante. Solamente disponía de 3 horas
diarias para dormir. Durante esa época padecía de
muchas fiebres y de un dolor persistente en mi espalda pero yo
nunca visité un doctor y cuando lo hice, ya era demasiado
tarde..."
Este
hombre me demostró que él ya estaba preparado para
hacer ese viaje de nunca regresar, en sus palabras se manifestaba
sinceridad y en su existir, ya mantenía resignación
por su vida. En sus ojos veía felicidad con un espíritu
de fuerza.
El
valor de la persona no radica en su condición. Radica más,
si se quiere, en su dirección... ¿Hacia dónde
corres? ¿Hacia afuera, escapando de ti mismo? ¿O
hacia adentro, buscando tu encuentro?
Nosotros
los seres humanos tenemos que reflexionar cada día cuando
nos levantamos de la cama. Hay que otorgarle las gracias a nuestro
creador por permitirnos vivir un día más y disfrutar
ese día con una gran intensidad brindando amor a los demás.
¡Ojo! "Hay que dar amor, pero no esperes la recompensa
ese mismo día."
Si
posée alguna inquietud sobre esta vivencia, por favor contacténos
info@intipucacity.com
|