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Marzo 2007
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Chismeando
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¡Calma, calma!

Por: Mons. Rómulo Emiliani (Un religioso muy destacado en Latinoamérica por sus consejos espirituales a la humanidad)

 

Qué peor tempestad que la del mar de tus emociones que hace zozobrar la barca de tu vida. Las olas gigantes de la ira y de la cólera inundan la cubierta del barco y te hacen zarandear a merced de los vientos de rabias sin control. Estamos movidos por los aspectos negativos exteriores que nos dominan como marionetas inconscientes. Dependemos del carácter de los demás, de sus malacrianzas o sonrisas, de sus ofensas o alabanzas, para estar bien o llorar, estar contentos o estallar con furia. Así no somos dueños de nuestras vidas.
Una persona es más madura mientras más controle sus emociones y reaccione con el peso de una personalidad equilibrada que no se deja gobernar por el estallido de cólera de algunos, o por la ofensa de otros, sino que busca responder con la entereza del que sabe conducir como buen piloto la nave de su vida. Jesús nos dice: "Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra". Mt 5,4. El que es manso no es blando o débil, ya que la mansedumbre está apoyada sobre una gran fortaleza de espíritu. El manso según Jesús es la persona que hace continuos actos de fortaleza para dominar el mal genio, no responder con agresividad y ofender la dignidad de otros y menos agredir físicamente. Es el que aprende a responder con amor actuando como Jesús y viendo al otro, inclusive al que lo agredió, como al mismo Jesús que merece amor y respeto.

Dice Jesús en Mt 11,29: "Aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán reposo para sus almas". Practicar la mansedumbre y la humildad al estilo de Jesús nos permite luchar contra la pasión de la ira, que sin control nos puede llevar hasta cometer asesinatos. Tenemos tantos casos en nuestra sociedad de crímenes horrendos, muchos movidos por pasiones instintivas aberrantes. Uno puede degradarse y comportarse como un animal y destruir lo que encuentre a su paso. Recordemos que llevamos en el alma "un ángel y una bestia" y dependiendo de a quien alimentemos, así nos comportaremos. Si yo enfoco toda mi atención en lo negativo del otro, y lo voy odiando, deseándole el mal, y continuamente pienso lo peor, pues esto llevado al extremo me podrá conducir a desearle la muerte. "Quien lleva en sus ojos la viga de la indignación, ¿podrá observar serenamente la paja en el ojo de su hermano?" se pregunta Casiano. Por eso "perdonar setenta veces siete" me ayuda reaccionar como Jesús ante los agravios.

La virtud de la mansedumbre me evita desgastarme inútilmente en discusiones tontas, en enfados que no tienen sentido, en explosiones de mal humor que van socavando los cimientos de cualquier relación humana, padres-hijos, esposo-esposa, jefe-subalterno, compañeros de trabajo, de comunidad, etc. El dominio de sí mismo es el arma de los fuertes y me permite frenar la palabra hiriente, la reacción violenta, la humillación de la otra persona y me facilita buscar el momento adecuado, con las palabras justas, para demostrar mi enojo por algo que en justicia debo decir, pero que no afecte la dignidad de los demás y complique más las relaciones interpersonales.

Cuidado con el estrés, con ese cansancio acumulado que nos baja las defensas emocionales y no "atesores en el banco de tu memoria" todas las cosas negativas que te han hecho. Evita conflictos innecesarios repitiendo: "no vale la pena meterme en esto" y no dejes que te envenenen la mente con chismes de otros creándote una imagen monstruosa de otras personas. Continuamente vigílate y mira tus reacciones primarias, el cómo se desarrollan y el efecto que tienen en los que están más cercanos a ti. Imita a Jesús, manso y humilde corazón, y pregúntate cómo actuaría Jesús en un caso conflictivo como el tuyo. No acumules resentimientos, por lo que es bueno estar continuamente purificándose de malos pensamientos y actitudes. Intenta comprender por qué el otro actúa como lo hace, sabiendo que hay tantos traumas, complejos, situaciones interiores tan complicadas, que hace que muchas personas actúen de manera agresiva y dañina.

Ahora bien, hay una indignación y un enfado justo. Jesús expulsó a los mercaderes del templo con su santa ira. San Gregorio Magno observa que "una cosa es (indignarse) movidos por la soberbia, y otra es hacerlo por causa del bien: (los cristianos) se indignan sin indignarse, […] mueven corrección pero amando; aunque exteriormente parecen extremar la reprensión para corregir, interiormente conservan la dulzura en virtud de la caridad. En su corazón prefieren las más veces a aquéllos mismos a quienes corrigen, y tienen como mejores a aquéllos a quienes juzgan". La mansedumbre no es cobardía, sino amor que controla nuestra ira y sabe expresar nuestro enfado, buscando el bien de quienes corregimos. Que el Señor nos ayude a ser mansos de corazón y así vencer nuestras cóleras. Amén.


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Source: autorescatolicos

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