Toda
la vida exige lucha. Muchas veces, los que todo lo tienen se vuelven
holgazanes, egoístas e insensibles a los verdaderos valores
de la vida. Nos hemos convertido quizás en un pueblo que
escoge el camino fácil. No nos exigimos a nosotros mismos.
No luchamos por extraer más el potencial latente que Dios
depositó en nuestro ser.
La
lucha hace grande a los hombres. Quienes lo quieren todo fácil
son hombres que desean cosechar sin arar la tierra. Sean las que
sean las ventajas, obtendremos la victoria luchando. Parte de
nuestros problemas consisten en que no hemos luchado con perseverancia.
Parte ha consistido en que no hemos sido valientes. El triunfo
fácil no es auténtico.
La
lucha es esencial. Sin ella no existen ni el crecimiento ni el
progreso. El triunfo no viene solo, nosotros lo logramos. Quienes
esperan la oportunidad o la suerte desperdiciarán su vida
esperando. No hay realización sin esfuerzo.
Luchar
es usar y desarrollar todas las fibras de nuestra potencialidad.
Es una guerra continua contra todo lo que nos impide convertirnos
en la maravillosa persona que Dios quiere que seamos.
No
nos gusta luchar y con frecuencia flaqueamos y nos ocultamos.
No podremos prosperar hasta el día que el principio de
la lucha se convierta en parte integral de nuestra vida.
Es
preciso que comprenda este mensaje: existe una relación
definitiva entre la lucha y el progreso. El triunfo y felicidad
que podría ser mi vida, exige una entrega total a una lucha
diaria. Dios creó al hombre para alcanzar una meta por
medio del trabajo y el esfuerzo. Luchar significa: COMPETIR CON
UNO MISMO, SUPERARSE.
Queremos
triunfar pero sin esfuerzo. Nos conformamos a ser mediocres y
comenzamos a dejar nuestras tareas para mañana. Nuestro
carácter empieza a deteriorarse y así comenzamos
a adquirir el hábito de la pereza. Como dijo Andrew Jackson:
"Un hombre con valor es una mayoría en sí mismo".
De la lucha nace la victoria. La victoria pertenece a los hombres
que nunca dejan de esforzarse, que nunca se dan por vencidos.
Cuando
se sienta que todo va en contra suya, al grado que parece que
no puede resistir un minuto más, ¡no se rinda! Levántese
y empuñe la bandera de sus ideales porque es el tiempo
y el lugar justo en que debe triunfar. Jamás se rinda.
Jesucristo fundó su Iglesia con pocos hombres y fue creciendo
pese a la lucha y la perseverancia. La Iglesia creció porque
se creyó en un ideal, porque se tuvo fe, porque se luchó.
En esta vida todo se consigue a base de esfuerzo y sacrificio,
porque así lo dejó Dios establecido.
La
lucha nos ayuda a transformar el mundo en que vivimos y además
produce resultados interiores. Se acrecienta el poder de perseverancia,
la confianza en sí mismo y la autodisciplina. El hombre
crece desde dentro y el que lucha y tiene coraje de hasta morir
por sus ideales, crece hasta hacerse un gigante aunque el mundo
no se de cuenta. La lucha nos hace grandes, nos hace héroes.
No nacimos para ser enanos. La persona que ha aprendido a luchar
pone en movimiento un crecimiento interior que perdura. Si comienza
hoy a luchar, yo le garantizo un crecimiento y será grande
interiormente. Esta es la voluntad de Dios.
Sea
sincero con usted mismo. Dígase si no es verdad que muchas
veces ha fracasado porque no ha luchado. Debemos reanudar la lucha
para dar lo mejor que hay en nosotros cada día.
Si
carecemos de la lucha en nuestras vidas es señal de que
nuestras metas no han sido establecidas en forma apropiada. Revise
su fe en Dios, en usted mismo y vea si está luchando por
grandes ideales o si en verdad no tiene metas.
No
se olvide que Dios lo mandó a este mundo para hacerlo mejor
de lo que está. Usted no puede irse de él sin haberlo
dejado un poco mejor. Usted está aquí y es necesario
que su presencia se sienta entre nosotros. Y no se olvide que
CON DIOS USTED ES INVENCIBLE.
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