El pueblo que decidió marcharse

...

11:42:48 pm 19/06/2017 | Articulos

Desde la década de 1960 la emigración en este pequeño pueblo llamado Intipucá es notoria. En 2006, el concejo municipial construyó un monumento a quien decidieron reconocer como la primera persona del pueblo en marcharse hacia Estados Unidos y que les mostró el camino de la prosperidad. Con cerca de un 40 % de los intipuqueños radicados en Estados Unidos, la ironía de Intipucá es que su gran orgullo es su enorme éxodo.

Intipucá es un monumento a la emigración. Se nota en todos lados. En las casas de dos o de tres pisos que resaltan a los lados de las principales vías del casco urbano, en su calle principal -bautizada con el nombre del ex embajador de Estados Unidos William Walker-, en los locales de las empresas receptoras de remesas y en su plaza central, dedicada a los emigrantes. Aquí, su influencia ha adoptado la forma de una estatua. Pero a diferencia de Simón Bolívar y otros próceres, que con frecuencia blanden, gloriosos, una espada montados en sus caballos, esta estatua muestra a un hombre que camina y que a sus espaldas lo único que lleva es un morral. Es un reconocimiento al hombre que les enseñó el camino de la esperanza, el de la ruta hacia la prosperidad, el del sentido de nacer en Intipucá: largarse.

Intipucá significa, en el nativo idioma potón, "en el gran arco de la boca", que los expertos interpretan con que este pueblo del oriente de El Salvador está ubicado prácticamente en las riberas del Golfo de Fonseca. Sus pobladores se reconocen como un pueblo en permanente cambio: su gente nace para irse.

Posiblemente esto no sea nuevo y, por el contrario, se remonte a los primeros años de la colonia. A mediados del siglo XVII, Intipucá había sufrido destrucción por un ataque de piratas. En las décadas subsiguientes su población se mantuvo durante siglo y medio con apenas unas decenas de habitantes. A inicios del siglo XIX, Intipucá atravesaba una crisis poblacional y estuvo al borde de la desaparición en el mapa. En 1807, el intendente de la Colonia, Antonio Gutiérrez y Ulloa, elaboró un censo poblacional en el territorio perteneciente al reino de Guatemala que hoy es El Salvador. El resultado llevó a las autoridades a ordenar la eliminación del pueblo de Intipucá. "Por su absoluta despoblación", según informó Gutiérrez y Ulloa.

Ahora el pueblo tiene una población de 8,400 habitantes, pero está constantemente despoblándose por emigración. Y la estatua del hombre con el morralito a su espalda es solo una muestra del culto que los intipuqueños rinden a la costumbre-necesidad de dejar el pueblo.

Óscar Gallo es el ingeniero que vigiló la construcción de la estatua que representa a Sigfredo Chávez. Dice que el bulto que Chávez carga en la espalda hace referencia a que cuando este personaje de la historia de Intipucá partió, no había mucho progreso en su pueblo. El paso que está dando apunta hacia el norte, porque Chávez enrumbó hacia Estados Unidos. Y su cabeza, que vuelve la mirada hacia atrás, significa su anhelo de volver algún día. Y así lo hizo varias veces.

Sigfredo Chávez murió en Estados Unidos en 2006, a los 68 años, meses antes de que Intipucá develara este monumento construido en su honor. El monumento, colocado en la plaza central del municipio, ha inmortalizado su historia, que es también la de cientos de intipuqueños quienes desde el año 1967 han abandonado este municipio. La alcaldía estima que casi el 50 % de la población vive en Estados Unidos.

La casa de la cultura y el concejo municipal reconocen a Chávez como el primer emigrante de Intipucá, como el precursor de la migración. Evidentemente nadie en estos momentos podría garantizar que antes de la emigración de Chávez no hubo otro habitante de Intipucá que dejara el pueblo. Que él fue el primer migrante, el que alumbró el camino, es más una decisión que una verdad incontrovertible. Y quizás también por eso su historia con el paso del tiempo se ha convertido en una especie de leyenda.

Comienza con la decisión de un hombre que se va a Estados Unidos a buscar trabajo. Lo encuentra lavando platos y ocupándose de oficios diversos en restaurantes, en una época en la que la gente desconocía las oportunidades y los riesgos de irse al extranjero.

Su sobrino -el ingeniero Óscar Gallo- dice que el mérito de Chávez es haber regresado para contarlo. Aunque otras personas mencionan que fueron las historias de las cartas que enviaba a su abuela las que se esparcieron en el pueblo y desencadenaron que otros siguieran su ejemplo.

Pero la historia de Chávez cambia de forma radical según la persona que la cuente. Los familiares de otros migrantes dicen que él no fue el primero que llegó a Estados Unidos. En este pueblo, las familias que protagonizaron la primera oleada del éxodo de intipuqueños y que aún tienen testigos vivos discuten de manera acalorada quién tiene entre sus parientes a la primera persona que se marchó.

La directora de la Casa de la Cultura, Jaqueline Portillo, ubica el inicio de esta disputa en el año 2000. Ese año, el concejo municipal decidió mandar hacer un monumento para colocarlo en la plaza central. Este debía representar a los intipuqueños. Después de deliberar qué rasgos caracterizaban a un intipuqueño y lo que hacía único a este pueblo, lo primero que se les ocurrió fue lo que ha definido a esta población durante los últimos 47 años: irse del país.

No se limitaron a construir una estatua. Según Óscar Gallo, decidieron que el monumento iba a honrar a la primera persona que migró a Estados Unidos, como una forma de agradecimiento por haber abierto el camino que desencadenó que 5 mil personas vivan ahora en ese país.

¿Y cómo elige un pueblo a su primer migrante?

Responsive image

A Sigfredo Chávez le siguió Alfredo Arias en mayo de 1967, Maximiliano Arias en 1968, Ana Medina Jiménez en 1969 (...) todos llegaron a Washington D.C, provenientes de un mismo pueblo. Esta leyenda se puede leer en un texto que está a la par de este mural, en la Casa de la Cultura de Intipucá.

El patrono de la migración masiva

La afirmación de que Chávez fue la primera persona de Intipucá que se fue Estados Unidos se sostiene solo si en el futuro ninguna persona se presenta con documentos que acrediten que estuvo en Estados Unidos antes. La migración de intipuqueños es un fenómeno reciente. De Chávez no se sabe la fecha exacta en la que llegó a ese país, aunque la Casa de la Cultura estima que fue en febrero de 1967. No se sabe si partió por tierra o por avión, con documentos legales de ingreso a Estados Unidos o sin ellos.

En el registro de la alcaldía no hay una sola acta que dé constancia que nació en este municipio. Elsy Guevara, jefa del registro, afirma que durante la guerra todos los documentos fueron quemados. Son pocos los que existen de los reconocidos como primeros migrantes.

Jaqueline Portillo es la directora de la Casa de la Cultura de Intipucá. Ella es una de las personas que se ha dado a la tarea de recoger la tradición oral de su municipio, particularmente los relatos de las primeras generaciones de migrantes. Abre un cajón de su escritorio y coloca sobre la mesa un pasaporte viejo y un acta de divorcio.

Responsive image

Este pasaporte es el documento más antiguo en poder de la Casa de la Cultura sobre la que consideran la primera generación de migrantes de Intipucá. Aunque en el municipio hay alguna disputa sobre quién fue el primer habitante en marcharse hacia Estados Unidos, por ahora la única prueba lal aportan los parientes de Sigfrido Chávez, y es este documento de identidad.

Un pasaporte viejo -de la década de los ochenta- es el único documento que da constancia de que Chávez nació en Intipucá, pero fue expedido a 5 mil 256 kilómetros de distancia, en otra ciudad al norte del continente, el 12 de octubre de 1986. Ese día, Día de la Raza o Día de la Hispanidad, Chávez se presentó en el consulado salvadoreño en Washington, D.C. para pedir un nuevo pasaporte. Entregó el que ya tenía, que también había sido expedido en esa misma ciudad, el 6 de septiembre de 1978, es decir, 11 años después del años estimado de llegada.

Los sellos de entrada y de salida muestran que él solía viajar seguido a El Salvador. Hay registros de entrada al país en 1981, 1984, 1985, 1986 y 1990. Sus regresos a Estados Unidos muestran sellos de entrada en Miami y Nueva Orleáns en esos mismos años.  

El segundo documento, el acta de divorcio, es de 1988. Sigfredo Chávez y una mujer se presentaron a la oficina del registro familiar de Intipucá a solicitar su acta de divorcio. El alcalde de entonces -José Esteban Zelaya- les emitió un documento en el que les respondía que no podía darles ese documento, debido a que todos los documentos habían sido destruidos. En seguida, añade (...) "pero sí me consta que los señores antes mencionados fueron divorciados conforme a la ley (...) Y para que la presente sirva como legal constancia se le expide la presente en la Alcaldía Municipal de Intipucá, a los 25 días del mes de enero de 1988".

Estos dos son los únicos documentos que esta entidad cultural resguarda del que se cree fue el primer migrante, Sigfredo Chávez. Jaqueline Portillo admite que hay más historias de intipuqueños que presuntamente fueron los primeros en salir hacia Estados Unidos, pero hay dificultades para documentarlas. "Sí, está el caso de don Alfredito, él te asegura que si revisas las fechas, que él se fue antes que Sigfredo". ¿Entonces por qué no se le reconoce a él como la persona que les mostró el camino? Bueno, dice Jaqueline Portillo, cuando le preguntó si tenía algún documento que probara que había llegado antes de 1967 hacia Estados Unidos, él le contestó: "¿Que no le basta mi palabra?"  

-Jaqueline: ¿Y por qué es tan importante quién se fue primero?

-Es como un galardón que se tiene en este pueblo. Es como yo me quiero llevar este premio. Mi familiar se fue primero y este es el primero. Viene la familia Chávez y dice: ¡No: Sigfredo fue el primero!

A la Casa de la Cultura no han llegado documentos de familias que aseguran tener entre sus parientes a la primera persona que emigró. "Son muy recelosos con esa clase de documentos".

Aunque Portillo no precise por qué es tan importante en el pueblo determinar quién fue el migrante pionero, algunos números tal vez ayuden a entender el impacto del fenómeno de poner la vista en Estados Unidos: si son exactas las estimaciones de que en Estados Unidos -o, mejor dicho, solo en Washington, D.C.- viven unos 5 mil intipuqueños, eso significa que alrededor de un 37 % de los nativos de Intipucá lograron emular el ejemplo de Sigfredo Chávez. Esta proporción es más alta que la nacional, pues según las cifras oficiales esta probablemente esté por debajo del 30 %.

Volvamos al debate de si Sigfredo fue el pionero o hubo alguien antes de él. ¿Y si en realidad don Alfredito emigró a Estados Unidos antes de 1967? Llego a una casa de esquina y con barandales, toco a la puerta y pregunto a la señora que sale a recibir si se encuentra don Alfredito. Ella lo llama. Un hombre canoso se levanta de la hamaca donde está recostado y pregunta: "¿Qué quiere?" Le digo que lo quiero entrevistar para determinar quién fue el primer emigrante de Intipucá. El hombre masculla un par de palabras, posiblemente fastidiado: "Estoy muy ocupado... vuelva otro día", pide, y regresa a su ocupación: a descansar a su hamaca.

Jaqueline Portillo no ha estado sola en la tarea de documentar la migración del pueblo. Hugo Salinas, por ejemplo, quien fue alcalde de 2006 a  2009 y que él mismo vivió en Estados Unidos durante mucho tiempo, incluso sostiene que una tía de él fue la primera migrante de Intipucá. Primera, no primero. Es decir, que se fue al mismo tiempo que Sigfredo Chávez. Hugo Salinas está haciendo un trabajo de recopilación de documentos e historias que respaldan que su tía Elba Salinas fue la primera mujer en irse de Intipucá hacia Estados Unidos. Lo está haciendo previendo que en 2018 el municipio pretende celebrar en grande el medio siglo de emigración de intipuqueños hacia Washington, D.C. y Nueva York.

Hugo Salinas está interesado en reconstruir la historia de su tía migrante y en reconstruir algo más. En 2008 colaboró con la producción de un documental de 40 minutos de duración, llamado 40 años de emigración hacia Estados Unidos, donde recoge testimonios de diplomáticos y académicos que explican cómo la migración de intipuqueños transformó la economía del lugar. En él hablan empresarios intipuqueños en Estados Unidos, los primeros que migraron a finales de la década de 1960, y hay testimonios de jóvenes que migraron recientemente.

Salinas explica que su tía Elba Salinas era en la segunda mitad de la década de los 60 una adolescente que había sido enviada a vivir a la ciudad de San Salvador. Supo que los salvadoreños se estaban yendo a Estados Unidos y escuchó historias de que había una famosa calle 16 en la ciudad de Washington, D.C. en un lugar llamado Mount Pleasant, donde había un barrio latinoamericano, que ahí residía mucha gente que encontraba trabajo haciendo servicio doméstico en las embajadas. Al saber eso, su tía Elba regresó a su pueblo a pedir permiso a sus padres para irse.

-Ella viene a pedir permiso a sus padres. No le dan permiso. Conoce a Sigfredo Chávez y para esa época se hace novia de él. Sigfredo viaja con visa a Estados Unidos junto con Elba.

En la Casa de la Cultura hay un retrato de la tía de Hugo Salinas. Ella parece junto a sus dos hijos, de apellidos Chávez Salinas. El exalcalde lucha por evitar que a su tía se le margine de la historia del municipio. Ser parte de la historia de este municipio es tener un rol preponderante en el fenómeno migratorio.

Y como migrar es un asunto de honor en este pueblo, Salinas también se pone desafiante a la versión de la Casa de la Cultura que sostiene que los primeros emigrantes viajaron sin documentos legales de ingreso a Estados Unidos. Salinas asegura que la primera oleada migratoria de intipuqueños hacia Estados Unidos viajó con visa y por avión. Dice que luego la embajada estadunidense se dio cuenta de que algo raro estaba pasando en Intipucá y comenzaron a cancelar las visas, lo que originó que la gente en la década de los 70 comenzara a irse por tierra sin documentos y que luego con las leyes que se aprobaron en Estados Unidos mucha gente logró hacerse residente y comenzaron a regresar en visitas breves al municipio con sus hijos que habían nacido fuera de El Salvador.

"Se está difundiendo una historia que no es real. Estos son tiempos modernos", afirma Salinas, sobre el fenómeno de la emigración indocumentada.

Responsive image

Retrato de Elba Salinas junto a sus dos hijos. Hugo Salinas -ex alcalde de Intipucá y sobrino de Elba- promueve que ella sea incluida en la historia del municipio como la primera migrante de Intipucá junto con Sigfredo Chávez.

¿Qué le ha dejado la migración a Intipucá?

Es la 1 de la tarde, de un día jueves de abril. Las calles del pueblo están vacías. En la cruz calle que conecta la iglesia, el parque central y la alcaldía apenas se distinguen cuatro obreros que trabajan pintando la fachada del nuevo edificio municipal.  

Enrique Méndez –el alcalde- se lamenta de que este periodista no haya venido la primera semana de marzo a visitar el municipio. Asegura que del 28 de febrero al 10 de marzo el municipio cobra vida.

Durante esos breves días, las casas que durante 11 meses del año permanecen vacías o arrendadas vuelven a ser habitadas por sus propietarios: los intipuqueños migrantes. Las puertas de las casas se abren, sus inquilinos se asoman con sus mecedoras a contemplar la calle, y los balcones de las casas cobran vida. Y en las calles se vive un carnaval. Lo que dice el alcalde, dada la desolación que se observa en estos días de abril, parece una exageración. Pero en Youtube los vídeos sobre las fiestas patronales en honor de San Nicolás de Tolentino muestran las calles repletas de gente, con abundancia de desfiles y conciertos en las calles.

Pero una vez acaban las fiestas, la gente se marcha de nuevo, los balcones se marchitan, las mecedoras desaparecen y las puertas se cierran, para que Intipucá vuelva a sumergirse en su letargo casi fúnebre de 11 meses. "Estas casas están llenas solamente en marzo. Si hubieras venido ese mes, las hubieras visto todas abiertas, las calles todas llenas de carros. Por eso, cuando pasa marzo la gente dice que Intipucá parece un pueblo fantasma. Son familiares o inquilinos los que están ahí. A veces ni las alquilan".

Responsive image

Casas de dos y de tres pisos saltan a la vista en las principales calles de Intipucá como un reflejo de la influencia que ha tenido la migración.

La influencia de los emigrantes salvadoreños sobre la vida en El Salvador es grande. Sus remesas, que durante varios años han sobrepasado los 3 mil millones de dólares anuales, han impactado en la reducción de la pobreza. La economía sobrevive gracias a las remesas. En el caso de los intipuqueños radicados en Estados Unidos, estos patrocinan las festividades más importantes del municipio y las replican dentro de sus comunidades en Virginia. Envían ayuda para construir infraestructura como el estadio municipal. Según la directora de la Casa de la Cultura, su influencia se fortaleció durante la guerra. "Muchos intipuqueños migraron para no ser reclutados por la Guardia o por la guerrilla. En Washington se organizaron para enviar ayuda al pueblo".

Sobre todo en aquellos duros años entre 1980 y 1992, cuando el oriente de El Salvador durante ciertos momentos vivía en un virtual aislamiento respecto del resto del país, tener parientes en Estados Unidos se convirtió en un motivo de orgullo. Quizás de allí venga el culto a la emigración. Tal vez eso es en lo que Jaqueline Portillo pensaba cuando le pregunté por qué parecía una obsesión del municipio determinar quién se marchó primero a Estados Unidos. Quizás eso explica la ironía de que una razón del orgullo de los intipuqueños sea dejar el pueblo.

En los años de la guerra civil nació en Estados Unidos una organización que tenía un ojo permanentemente puesto en su pueblo de origen. "¡Allá está la Fundación Unidos por Intipucá (FUPI)!”, decían. ¿Quiénes eran? Era un grupo de migrantes que se habían organizado en Washington y que estaban en pro de su pueblo. No se olvidaron. Y comenzó a sonar acá. La gente decía mi hijo está allá en ese comité”, relata Jaqueline Portillo.

Responsive image

Las ruinas de una casa de madera yacen en la calle principal Wiliam Walker, como un testimonio, de cómo eran antes las casas del casco urbano, antes de la migración, antes de las remesas.

En la década de los 60 las casas de Intipucá que predominaban eran las construidas de varas o ramas delgadas de árboles secos y barro, en un entramado conocido como bahareque. Muy sencillas, muy frágiles. Luego, en la década de los 70, la gente comenzó a construirlas de tablas de madera. La migración cambió todo. En la calle principal William Walker, que desciende hasta llegar a la alcaldía, apenas sobrevive una de las casas antiguas del casco urbano, hecha de madera. El resto de viviendas son edificaciones de sistema mixto, y en dos de las cuadras de la calle William Walker sobresalen de un lado 10 amplias casas de dos niveles que en cualquier otro lugar bien podrían pasar por hostales, dadas sus sus numerosas habitaciones.  

Jaqueline Portillo, que es una especie de historiadora del pueblo, dice que los migrantes radicados en Estados Unidos se tomaron como una competencia el levantamiento de las nuevas viviendas de Intipucá. "Acá la gente empezó a hacer la primera planta, y luego a hacer la otra. Y así se fue haciendo la infraestructura como una competencia de quién iba a hacer la mejor casa", dice. Esas casas que pasan deshabitadas la mayor parte del año. "He trabajado con la Unidad de Salud. Cuando se da la campaña contra el dengue, entonces te das cuenta de cuántas casas en una cuadra están habitadas y cuántas no. Y a veces hay una sola casa habitada en una cuadra".

Mucho se ha escrito sobre cómo las remesas transformaron a Intipucá, su infraestructura y su economía, a tal punto que uno de sus alcaldes mandó instalar un rótulo a la entrada al pueblo en que se lee "Welcome to Intipucá".

Lo cierto es que si hay un pueblo que representa lo que le pasa a El Salvador es Intipucá. Intipucá ha sido como una muestra de todo el país. Es pequeño en territorio. Tiene escasos recursos naturales y escasas oportunidades de empleo. Más de una tercera  parte de sus nativos viven en Estados Unidos, y la economía del lugar se sostiene gracias a la recepción de remesas. Para el año 2009, el almanaque del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo registraba que el 24 % de los hogares recibía este tipo de ingresos.

Si uno se adentra a la desolada calle de tierra que conduce al esterón, a 15 minutos fuera del casco urbano, se puede apreciar viviendas construidas con plásticos, erigidas sobre columnas de leña, donde la gente cocina con trozos de madera y donde no hay acceso a ninguna clase de servicios básicos. Son las condiciones actuales de un porcentaje importante de intipuqueños de la zona rural.

La mayoría de la población de este municipio vive en los cantones. Eso se puede apreciar en la matrícula de niños y jóvenes donde tres de cada cuatro estudian en la zona rural. En el casco urbano, los jóvenes tienen escasas oportunidades de empleo y familiares en Estados Unidos. Son estos últimos jóvenes los más propensos a emigrar, según los resultados de una encuesta del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), debido a que cuenta con los recursos económicos para emprender el viaje. El 71.4% de los jóvenes de 15 a 19 años ha pensado en irse del país.

El jefe de la subdelegación policial dice que la migración ha creado en el municipio una bomba de tiempo. "Han quedado muchos niños y jóvenes con tíos, abuelos o con tutores que no saben qué hacer con ellos". Dice que cada semana recibe por lo menos una denuncia de que hay algún menor que no ha aparecido en varios días. "A los días que busco a los tutores para saber qué pasó, me dicen  "acaba de aparecer", andaba en una fiesta en Conchagua".

Este domingo de abril, un pequeño grupo de cinco jóvenes está en las afueras de la iglesia. Es el único día en el que se ve a más de 50 personas reunidas en un mismo lugar. Dilcia es una de las jóvenes que espera en la entrada de la iglesia. Dice que en Intipucá hay muchos niños que se han quedado sin su madre y sin su padre. "El pueblo se está quedando solo", afirma, mientras recibe a los feligreses que entran al templo. "Acá enfrente, en el parque, antes veía a unos 50 jóvenes jugando fútbol. Ahora ya no están. Todos se han ido".

En 2018, la Casa de la Cultura va a conmemorar los 50 años de la emigración. La preocupación de su directora es no solo mostrar los logros de las primeras familias que migraron. Ella dice que va a exponer también lo que tuvo que pagar la última generación de migrantes que no lo logró. Se trata de historias de migrantes que perdieron un brazo o una pierna o la vida cuando pasó el tren. Son historias de  intipuqueños que no han sido localizados desde que se desvanecieron en su ruta hacia Estados Unidos. "Ya emigró mucha gente. El mensaje que le queremos dar a los jóvenes es: "No se vayan. Su pueblo los necesita"", dice Jaqueline Portillo.  

Fuente: www.elfaro.net