logoIntipucacity.com
plantillav5

Una pareja en problemas

Publicado por: Administrador | 04/11/2016

...

Columna

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani


La señora había llamado para pedir una cita con su marido, ya que tenían dificultades serias en su matrimonio. Era época de elecciones en aquél país y las caravanas de automóviles de diferentes partidos políticos corrían por diferentes calles de la ciudad, que ya estaba llena de papeletas pegadas en paredes, semáforos y postes de luz. Los dos llegaron puntuales, cada uno por su lado. Entraron en la oficina donde los iba a atender y de una vez ella dice en voz un poco alta: “no aguanto más a este tipo. Todo lo critica. Nada está bien. Siempre me compara con su madre, en cocina, aseo, orden y ya me tiene harta. Ya le he dicho que debe sentirse muy orgulloso de su mamá que se ha casado dos veces y ahora anda con un hombre menor que ella por la plata que tiene”. El hombre, de unos 42 años interrumpe y dice: “Mire padre, yo he venido aquí como una última tabla de salvación de este matrimonio. Pero ya ve cómo ha empezado esta, acusándome, sin siquiera presentar el problema principal que nos trae aquí. Si sigue en eso me voy”. ¿Y cuál es el problema principal que los trae aquí?, pregunto yo. La mujer, de unos 38 años, elegante y atlética, que portaba traje de mujer ejecutiva, lo miraba con enojo y empezó a guardar silencio. Él empezó a hablar. “Mi problema es que ella ha logrado escalar un puesto de dirección en una empresa de la localidad. Eso implica reuniones, almuerzos, algunos viajes al exterior y eso ya no me está gustando. Además gasta dos horas en el gimnasio casi todos los días. Casi no la veo. Viene de sus ejercicios, desayuna y se va para su trabajo. Nos vemos por la noche, ya que ella va llegando a casa como a las 6 pm y yo a las 7 pm. Casi no hablamos. Ella pegada al celular chateando cosas de su trabajo, leyendo informes de oficina. Yo también me enfrasco en la Internet para buscar nuevos clientes y mejorar las ventas del lugar donde trabajo”.

¿Tienen hijos?, pregunto yo “No padre, responde ella. No podemos. A mí eso me ha dejado un vacío grande en mi alma. Me siento frustrada por eso. El trabajo me llena. Eso me da vida. Me tienen mucho aprecio por lo que hago. Valió la pena estudiar un posgrado. Aspiro a una vicepresidencia de la empresa y lo lograré en unos cinco años más”. Disculpen, les pregunto yo: ¿van a misa? “No padre, solo cuando hay bodas o sepelios”, respondió él. Él continuó hablando: “Ha abandonado la casa. No se preocupa en nada de la comida y aseo. Hay una empleada doméstica que hace todo y a su estilo. No es la mujer que yo conocí, cariñosa, hacendosa, que tenía la casa como un pequeño palacio y que cocinaba muy rico”. La joven señora aclaró: “Sobre el gimnasio, fui campeona en el colegio y la universidad en natación y baloncesto. He seguido mis ejercicios porque me da salud física y mental. Sí, trabajo mucho. Gracias a eso salvé la casa de ser embargada por deudas. Soy una mujer muy competitiva por naturaleza. Mi esposo tiene mentalidad de empleado perpetuo. No aspira a nada más que vender lo que le piden y superar las ventas para que le paguen un poquito más. No ha querido seguir estudiando. Tiene una mamá rica que le da dinero cuando él no tiene. Y es muy despreocupado de todo”.

Previo a una breve oración, les pedí un silencio de cinco minutos y que hicieran cada uno una lista con lápiz y papel de las razones por las que se enamoraron los dos y se casaron. Al terminar la lista les pedí que la leyeran en voz alta. Luego le pedí a cada uno contara un suceso vivido por los dos que fue positivo, gozoso, y que los marcó y que lo narraran. Ya empezaba el ambiente a cambiar. Les pedí que se pidieran perdón uno al otro por alguna falta cometida. Curiosamente ambos aceptaron la acusación del otro. Felicité a la señora por su deseo de superación y el cuidado de su salud corporal y mental. Pero que repartiera mejor el tiempo con su esposo. Y a él igual. Que sacaran tiempo para estar juntos los dos. Les hablé de la importancia suprema del diálogo. De adoptar uno o dos niños. De que él tiene que superarse más. Que no meta a su mamá en la vida de los dos. Que respeten el domingo. Nada de trabajo. Ir a la misa. Confesarse. Poner a Dios en primer lugar, sabiendo que con Él serán invencibles.

Tags

plantillav5
plantillav5 SÍGUENOS EN NUESTRA FANPAGE
Patrocinador
sponsor
footer container