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Trump no hizo grande a Estados Unidos

Escrito por:Juan Carlos Monedero
Publicado Jueves 07 de Enero del 2021 a las 9:46 AM
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Trump es un desmesurado y como le ocurre a los millonarios, tiene algo de demente. El trumpismo es delirante, pero su demencia es buena para el negocio porque no es sino la negación del sentido común democrático. La locura no es ajena a esta fase del capitalismo camino de hacer del Rey Midas un aficionado. Es una locura porque instala la guerra de todos contra todos, pero hace más ricos a los ricos. Locura, la justa. Nadie invierte tanto dinero en un proyecto sin algunas garantías. Todo regresa como farsa. Pero con las trazas de la tragedia de la historia aún calientes.

 

Las primeras impresiones de las imágenes de unos tipos de extrema derecha asaltando el Capitolio invitaban a la broma. Hombres blancos con atuendos regionales y actitudes llenas de soberbia. Un colgado con una piel de búfalo en la cabeza, con el torso desnudo rodeado de banderas confederales. Al Congreso no se entra a hacer el payaso. Entre el tricornio y la cabeza de búfalo con dos cuernos no hay color.

 

Puestos a divertirnos, nos hubiera gustado escuchar a Maduro decir que reconocía al de la cabeza con cuernitos como presidente encargado de EEUU en tanto en cuanto se convocaran unas elecciones libres y transparentes que fueran reconocidas por las partes. Se ha dicho siempre que en EEUU no había golpes de Estado porque allí no hay Embajada norteamericana. Pero ahora hay whatsapp y Facebook, que son las embajadas donde se refugian los golpistas, ahora que los grandes medios han sacado a Bernie Sanders de juego y prefieren a Biden al impredecible Trump.

 

Los seguidores de Trump que han entrado en el Capitolio no tenían intenciones divertidas. De hecho, este tipo de cosas no son sino invitaciones a lo que pueda venir después. Es verdad que en las películas sobre la toma del Capitolio hay más dramatismo que en esa foto donde se ve a un tipo que se está llevando un atril. Estas cosas, se sabe cómo empiezan pero no se sabe cómo terminan.

 

Los seguidores de Trump le habían escuchado horas antes desconocer los resultados electorales. Y le hicieron caso. En la crisis del sistema, económica, moral, política, sanitaria, hay audiencia para saltarse las reglas básicas de la democracia. Es escalofriante ver a los policías retirar las vallas para que entren los extremistas. ¿Están con la ley o con los supremacistas blancos? A un negro, los policías le ponen la rodilla en el cuello hasta que se asfixia. A los supremacistas blancos, les brindan alfombra roja. En las manifestaciones contra el asesinato de George Floyd, la policía hizo 14.000 detenciones.

 

Lo que ha pasado no es divertido. ¿Qué hubiera pasado si esa gente encuentra en uno de esos pasillos a Ocasio-Cortez? ¿Sería igual de divertido? Han muerto, desgraciadamente, cuatro manifestantes. La foto de un tipo con los pies encima de la Mesa de la Presidenta del Congreso, la demócrata Nancy Pelossi da miedo. La gente de Black Lives Matter no habría pasado el primer cordón.

 

Es fácil culpar a Trump. Pero se lleva señalando desde hace mucho tiempo que la democracia en EEUU ya había quebrado muchas de las líneas rojas. No votan 76 millones de personas a un demente si el sistema político no está podrido. La democracia norteamericana se ha podrido cuando no ha sido capaz de frenar las enormes desigualdades que siguen creciendo. Cuando es prácticamente imposible hacer carrera política si no tienes financistas millonarios. Cuando el sistema electoral es del siglo XIX y puede ser Presidente el que pierda en votos. La democracia está podrida cuando no se facilita que la gente humilde vote, cuando las elecciones son una carrera de obstáculos para que todos y cada uno de los ciudadanos puedan ejercer, en igualdad de condiciones, el derecho al voto. La democracia está podrida cuando ser negro o latino o pobre es una condición de riesgo. La democracia está podrida cuando has dejado que se hunda la educación pública y la sanidad pública y no se dan las condiciones mínimas para ejercer la ciudadanía. Y Biden no va a avanzar mucho para solventar estos problemas (ni siquiera al haber conseguido mayoría en el Senado y en el Congreso). Por eso los que auparon a Trump y ahora le han dejado caer han apostado por Biden.

 

La culpa de que entren unos energúmenos en el Capitolio es, obviamente, de Trump, que les ha jaleado. Pero si 76 millones de personas piensan que las elecciones han sido amañadas, algo se ha hecho mal. Si millones piensan que alguien puede mover los hilos para favorecer o castigar a un candidato –por ejemplo, jugando con los plazos de la vacuna-, el sistema ya ha fracasado como agregador de preferencias. Si los medios de comunicación y las redes sociales pueden mentir sin pudor, si forma parte del juego la descalificación del adversario, si se demoniza a una parte importante de la población a base de mentiras, tertulias amañadas, sentimentalismo vacío y creación constante de frustración y odio, la Constitución deja de expresar el contrato social que asumen todos los ciudadanos de un territorio.

 

El impeachment contra Trump, de producirse, o la puesta en marcha de la Enmienda 25 podrían esgrimirse como el triunfo de la división de poderes sobre la locura personal. Pero no es verdad. Porque esa locura personal es parte del propio sistema que la toleró, alimentó y que hoy anida en el partido republicano y en decenas de millones de norteamericanos. Al fascismo, en EEUU, se le blanquea todos los días porque es funcional a la fase actual del sistema. Y solo se le conjura con una "gran conversación" que siente las bases de un nuevo contrato social. En otras palabras, recuperar la política para la gente.

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