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Sobreprotección casera

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 14/08/2015

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Columna


Soy un muchacho de 19 años y estoy furioso conmigo mismo y con mi familia porque nunca he sido “yo mismo”. Desde pequeño me obligaron a vestir y comportarme como “se debe”. Mi padre es muy mayor y mi madre, aunque más joven, se ha adaptado a lo que dice mi papá. Tengo unas tías que siempre han estado metidas en mi casa, y por ser el único hijo de mi padre, han querido doblegarme. Nunca permitieron que tuviera amigos de juego, sino unos cuantos que, como yo, solo se dedicaban a estudiar. Tuve que aprender piano a la fuerza, y nunca olvido a mis tías sentarse con sus amigas a escuchar lo que yo tocaba. Odio el piano, odio a mis tías y a mí mismo. Algunas veces creo que soy homosexual porque no me atrae salir con chicas. Bueno, tampoco me lo permitieron, hasta ahora que por compromiso me dejaron ir a un par de fiestas con una joven hija de una amiga de ellas. No es que haya hecho nada malo con ningún muchacho, pero no siento gusto en estar con muchachas. Alguna de mis tías ha insinuado que debo ser sacerdote. No me gusta eso, y solo porque no salga con chicas, no debo ser cura. Estoy confundido y rabioso. No aprendí ningún deporte bien, ya que me sobreprotegían siempre. Tenían miedo de que me enfermara, de que me quebrara un hueso, y todas estaban pendientes de cualquier resfriado para mandarme mil medicinas que no servían para nada. Quiero hacer algo nuevo, diferente: quiero irme de esta casa. Ya estoy harto. Llevo dos años de carrera y eso ha sido lo único que creo decidí por mi cuenta, pero eso sí, en la universidad que ellos decidieron. Se la pasan hablando de lo mal que está el mundo, de los peligros, de la violencia, de que debo tener cuidado, de que en su tiempo todo era mejor. Dos de mis tías nunca se casaron y la otra es viuda. Se han obsesionado conmigo. Ya no las soporto.

Estimado muchacho. Entiendo bien tu pesar por la forma en que te trataron, formándote de una manera tan rígida y casi asfixiante. No obstante, eso ya quedó atrás y no puedes hacer nada para cambiarlo. Claro que fue agobiante, pero salvemos la intención de tu familia. Ellos consideraban que era por tu bien. Ahora urge que comiences a pensar por ti mismo y a ser tú mismo. Profundiza en tu corazón y pregúntate qué quieres de la vida. Deja que tu alma comience a escuchar la voz de Dios. Busca el silencio y medita. Debes ser fiel a ti mismo. Sí, a ti mismo.

Ya tu familia, con todo y los errores que han cometido al querer hacerte a la medida de ellos, te han dado una base: principios morales, educación, techo, comida y amor, tal y como ellos lo han entendido. Y eso es parte de tu vida. Perdónalos por los errores que han cometido, pero da gracias a Dios que has tenido papás y tías. Muchos jóvenes de tu edad no han tenido nada de eso. Ni familia integrada ni alimentación ni educación adecuada. Muchos jóvenes son víctimas de la droga y el licor, y no tienen oportunidades en la vida. De hecho, la familia es un gran tesoro. No la habrá perfecta porque todo ser humano es limitado en todo, pero el gozar de padres, abuelos, hermanos, tíos, es una bendición. Y Dios en medio de todos. Y creo que tus tías te sobreprotegieron porque están asustadas por todo lo que se ve hoy: la inmoralidad, el consumismo, la violencia, las adicciones, y siempre los jóvenes son los más vulnerables de todo esto.

Pero ahora ya debes decidir por ti mismo. ¿Qué quieres de la vida? Al contestar esa pregunta tienes que trazarte metas claras, que sean viables y que te llenen. A tus 19 años tendrás que ser un poco enérgico y decidir por ti mismo. Escoge tus amistades y cultívalas. Trata de salir con chicos y chicas y vive una relación normal con todos. No eres homosexual. Cuando tengas una relación buena, cálida y profunda con muchachos y muchachas, te darás cuenta de que eres un varón tal y como Dios quiso. Te aconsejo que, sin ser grosero, exijas que respeten tus derechos de decidir, de escoger por ti mismo. No aceptes más la superprotección porque te empobrece como persona. Bueno, muchacho, ten paciencia, ora mucho y confía en Dios porque con él tú eres invencible.

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