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¡Qué tristeza!

Escrito por: Columnas de grandes periodistas | 03/03/2015

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Columna


Por Otto Martín Wolf
 
Terremotos, inundaciones, incendios, accidentes aéreos y tragedias que cobran miles de víctimas, así como también pequeños dramas que afectan a una familia y hasta a una persona sola; sucesos diarios que, quizá por la frecuencia con que ocurren, poco a poco terminan por insensibilizarlo a uno.

Estamos acostumbrados a ver casi con indiferencia cómo terroristas con bombas amarradas al cuerpo matan a inocentes. De igual manera, vehículos conducidos por irresponsables siembran muerte y dolor en ciudades y carreteras. Hasta los asesinatos diarios provocados por la delincuencia común ocurren con -a la larga- monótona frecuencia. Con la descarga diaria de muerte y tragedia tengo que reconocer que muy pocos eventos logran conmoverme más allá de lo normal. Como dije, de alguna manera nos vamos acostumbrando a la tragedia, aumentada muchas veces por la tecnología moderna que nos permite ver los diferentes sucesos “en vivo y a todo color”.

Pero ocurrió algo nuevo que me sacó de mi casi normal y vergonzosa indiferencia. La semana pasada, guerreros de Isis, armados con mazos, taladros y quebradoras de concreto hidráulicas, destrozaron estatuas antiquísimas en un museo en la ciudad de Mosul, Irak.

Cinco mil y más años de la historia de la humanidad convertidos en polvo por esos fanáticos religiosos.

Algo parecido, dice la historia, ocurrió en Honduras durante la conquista. Aparentemente, un sacerdote ordenó quemar valiosísimos e insustituibles escritos mayas, por considerarlos obras del diablo.¿Qué dios puede ordenar a sus seguidores semejante estupidez?¿Con qué fin? ¿Qué pueden ganar privando al mundo de esas joyas históricas?

Lo peor y más irónico del caso es que esas estatuas son herencia cultural de ellos mismos, de las maravillosas civilizaciones de la antigüedad -como los sumerios y acadios- , que se desarrollaron precisamente en la tierra que ahora bañan de sangre y estupidez.

¿Qué están pensando, si es que piensan algo? ¿Qué esperan lograr?

Son los mismos animales que cortan la cabeza de prisioneros indefensos, sin otra culpa que pensar diferente y sin ningún juicio o posibilidad de defenderse. Son las bestias que quemaron vivo a un inocente dentro de una jaula y difundieron el video como si se tratara de una gran hazaña militar.

No lo pude evitar, se me salieron las lágrimas. Es increíble que a estas alturas, cuando el ser humano debería utilizar todos los recursos tecnológicos y científicos disponibles para tratar de construir un mundo mejor, haya bestias como esas. Es como si un grupo fanático demoliera las estelas de Copán o volara con dinamita las pirámides de Egipto.

Lo que han hecho equivale a la quema de libros efectuada por los nazis o la destrucción de las enormes estatuas de Buda de Bamiyán realizadas por los talibanes hace unos 15 años en Afganistán; pura estupidez y salvajismo.

El mundo civilizado tiene que unir fuerzas y eliminar de la faz del planeta a Isis y otros grupos de anormales como ellos que, desde mi punto de vista, no tienen derecho de ser considerados parte de la raza humana.

¿Por qué me puse tan triste? Es una combinación de sentimientos. Primero, por la pérdida irreparable de esos tesoros arqueológicos y, por qué negarlo, al comprobar que el ser humano aún sigue siendo, en algunas partes del mundo, una bestia peor que muchos animales.

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