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No todo está acabado

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 13/12/2014

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Columna


Me siento triste porque creo que mi vida se ha acabado ya, Monseñor Emiliani. Desde hace dos años estoy postrada en una cama por un terrible accidente que tuve y aunque los médicos dicen que recobraré poco a poco el movimiento de los brazos, nunca podré volver a caminar. Ya de hecho muevo mis manos, sobre todo el brazo derecho. Pero he perdido toda mi plata en médicos y tratamientos. Era socia en una pequeña empresa de cosméticos con otras tres personas. Vendí mis acciones para poder ir pagando deudas. Ya estoy saliendo de otros dos préstamos gracias a que mi padre me ha ayudado. Soy madre soltera y mi hija está acabando el colegio. Ahorita le estoy dictando esta carta a ella que por cierto le manda saludos. Me estoy acercando más a mi religión gracias a una hermana que pertenece al Neocatecumenado. También vienen a verme unas personas de la legión de María. Pero los que más me han visitado son unos hermanos de una iglesia evangélica que está a una cuadra de mi casa. Ellos oran por mi cuando vienen. Le he pedido hace días al padre párroco de mi Iglesia católica que venga por acá porque quiero confesarme, pero todavía no llega. De hecho yo he estado muy alejada de mi Iglesia. Antes de mi accidente vivía sin preocuparme casi nada de mi espiritualidad y salía con amigas a bailar y tomar licor. Nunca he sido una mala mujer, pero pude haber sido mejor. Ahora estoy tirada en una cama con 38 años de vida y creo que no tengo futuro. ¿Qué puedo hacer postrada aquí en un lecho? ¿Dígame, qué puedo hacer? Antes lloraba mucho, pero ya ahora estoy más tranquila. Sé que tengo una hija y debo velar por ella. Me preocupa el specto económico. Tenía una casa de alquiler y ya la vendí para pagar deudas, aunque pude meter algo en el banco y de eso vivo por ahora. Bueno Monseñor, no quiero cansarlo más, pero sepa que escucho su programa de radio y allí me ha dicho usted muchas verdades. Ojalá pronto conteste mi carta. Dios lo bendiga.

Mire señora, la vida es dura y algunas veces pareciera insoportable la carga. Lo suyo no es fácil: Primero, debe aceptar lo que le ocurrió y que ya es parte de su existencia. No se atormente más con el “si yo hubiera..” Y yo le digo: no todo está acabado, ni mucho menos. Usted tiene una vida por delante y cuenta con una mente lúcida, una fe que está renaciendo e inclusive con un cuerpo que puede recobrarse lenta y progresivamente. Que tal si forma un grupo de oración en su propia casa y desde allí se convierte usted en promotora de espiritualidad para otros. Tiene que instruirse en la fe y practicar la oración intensamente. Debe también cooperar con el restablecimiento de su cuerpo haciendo ejercicios con sus brazos y esforzándose para tener la mayor movilidad posible. Siga lo que dicen los médicos.

Veo que tiene aptitudes para el negocio. Pues la experiencia de su antigua empresa de cosméticos le puede ayudar para levantar otro negocio con gente optimista y que tenga ganas de luchar. Cuenta con un papá que la puede ayudar en eso y con una hermana que es muy espiritual. Está su hija, que la quiere ver luchando, no dejándose vencer. No diga más que “todo está acabado”, sino más bien: “comienzo una nueva etapa en mi vida, con Dios en mi corazón y con ganas de luchar y vencer”.

Desde esa cama y luego en silla de ruedas, usted siga adelante con sus sueños, ideales, fuerza espiritual y deseos de hacer algo positivo y hará cosas grandes por los demás y por usted misma. Vamos señora, que la peor postración no es la de estar en una cama, sino la de estar lisiado del alma y sin ganas de vivir y de amar. Usted ahora tiene la oportunidad de “saltar espiritualmente de su invalidez del alma” y convertirse en una promotora de la vida.

Ya no será la vida superficial de antes, sino una vida nueva, vigorosa y dinámica, donde usted será un ejemplo para los demás, inclusive para su propia hija. Allí en esa cama podrá orar más, leer libros interesantes, inclusive recibir personas que podrá usted aconsejar y por qué no, dirigir un negocio. Convierta esta situación negativa en un trampolín para su superación. Le pido que no sienta lástima de usted misma, sino fuerza y coraje para seguir luchando en la vida. Cuente con mis oraciones y sepa que Dios la ama y con El usted será invencible.

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