logoIntipucacity.com
plantillav5

No se detenga, siga subiendo

Publicado por: Administrador | 09/08/2014

...

Columna

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani


Por: Rómulo Emiliani unmensaje_alcorazon@yahoo.com

Hay que estar en camino permanentemente, en estado de conversión. Somos peregrinos en esta tierra; hay que estar siempre en camino hacia la Casa del Padre y no detenernos nunca. Hay que estar en estado de conversión, arrepentidos siempre de los pecados y conscientes de que no estamos bien.

Cuando una persona cree que está muy bien, que no necesita nada espiritualmente, es cuando está peor. Por eso un cierto descontento, un estar siempre vigilándose, un estar corrigiéndose, un decirse: “puedo crecer más, claro que sí, debo crecer más, no puedo permanecer como soy; debo seguir superándome, debo seguir elevándome, debo buscar ser más santo.

No estoy contento con mi generosidad, ni con mi paciencia, ni con mi ternura; no estoy contento con mi entrega, ni con la forma en que yo evangelizo; tengo que superarme en todos los aspectos, debo estar exigiéndome más, siendo más humilde, más sencillo, más austero, más dedicado a la oración personal y comunitaria”.

Hay que exigirse; nunca se sienta muy contento con usted, porque entonces cae en mediocridad. Debe estar siempre diciéndose: “¡yo puedo ser mejor, debo ser más y más y más alabanza de la Gloria del Padre!”. No se contente con lo que es, tiene que crecer más, debe superarse más y más y estar siempre en camino.

Cuando el hijo pródigo se decidió, empezó a caminar y no se detuvo, hasta llegar a la casa del Padre. Y el muchacho arrepentido, cabizbajo fue caminando hacia el corazón de Dios: “me pondré en camino, regresaré a la casa de mi padre. Volveré a la casa de mi padre, porque yo sé que mi padre es misericordioso, que mi padre es bueno, que mi padre es santo, que mi padre me ama aún y a pesar de todo. Sé que mi padre nunca me va a abandonar, que él siempre está velando por mí, el siempre está pendiente de mí; volveré a la casa de mi padre y le diré: papá he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Y el muchacho volvió a la casa del padre.

“Cuando aún estaba lejos su padre lo vio y profundamente conmovido salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”. El papá conmovido al ver a su hijo arrepentido corrió y lo abrazó y lo llenó de besos; ese es el Padre misericordioso, es el Padre Santo, es el Padre que siempre está esperándote. En la parábola de la oveja perdida dice Jesús: “¿Quién de ustedes si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar a la descarriada hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra la carga sobre sus hombros lleno de alegría y al llegar a la casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: alégrense conmigo porque he encontrado la oveja que se me había perdido; pues les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

Yo soy esa oveja perdida, tú eres esa oveja perdida; nosotros hemos estado perdidos en las cosas del mundo, ocupados en lo terreno, en lo temporal, elevando a la condición de Dios a cualquier cosa del mundo. Hemos estado distraídos, ocupados y preocupados, obsesivamente contemplando y cuidando las cosas del mundo y creyendo que esas cosas nos pueden salvar y nadie nos puede salvar, solamente el ¡Señor! Nadie nos puede dar vida eterna, solamente el ¡Señor! Nadie nos puede dar la felicidad para siempre, solamente Dios! Esa oveja perdida somos nosotros que aunque no robemos y no matemos, si no elevamos el corazón al cielo y pongamos a Dios en primer lugar, no seremos salvados.

El Dios misericordioso siempre tiene paciencia, siempre está esperando, pero cómo rechazamos el abrazo permanente del Padre. No beber del agua viva que es el Espíritu Santo, por estar allí tomando el agua de los charcos sucios de este mundo creyendo que con eso vamos a calmar nuestra sed de Dios, esa es nuestra perdición. Para dejar de ser oveja perdida hay que dejarse tomar, abrazar por Jesús, liberarnos de todo aquello que es adoración de las cosas del mundo como si fueran dios y dejarnos levantar por Cristo Jesús dócilmente, sin poner ninguna condición y dejarnos guiar por Él, como hace el Buen Pastor que pone a la oveja perdida en sus hombros y nos va llevando a la Casa del Padre, al redil donde están las otras ovejas. Ese es el camino, Cristo Jesús, con quien somos invencibles.

Tags

plantillav5
plantillav5 SÍGUENOS EN NUESTRA FANPAGE
Patrocinador
sponsor
footer container