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Mujer tentada

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 03/01/2016

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Columna


Estoy confundida. Soy una mujer de 42 años, casada, con tres hermosas hijas. Mi marido es un hombre frío, inteligente, gran organizador de estrategias empresariales, ingeniero de profesión. Educado muy severamente por sus padres es en extremo riguroso en normas morales, en disciplina, y muy rutinario en sus quehaceres. Podría saber cada hora dónde está y qué hace. Es bueno, generoso, pero muy poco expresivo. No tiene otra diversión que jugar ajedrez. Le gusta escribir para revistas profesionales y se la pasa estudiando. Yo, en cambio, educada por una madre soltera, y con tíos algunos honorables, otros un poco pícaros; fui educada en un ambiente sencillo, pero donde todos opinábamos y nos encantaban las fiestas, los bailes, y sin faltar yo nunca a mis principios morales. En tiempos de universidad llegaba con alguna frecuencia en las madrugadas a mi casa, después de estar en fiestas, y más de una vez pasadita de tragos. Al casarme todo eso se quedó atrás y he intentado acomodarme a la vida de mi esposo. Soy ingeniera industrial y tengo a cargo un buen número de empleados. Pues mire, monseñor, de un año y medio para acá me está atrayendo un joven 12 años menor que yo. Recién graduado, es divertido, ingenioso, cariñoso y un poco pícaro. Sin faltarme al respeto, me dice que estoy elegante, bonita, que él quisiera una novia con mis cualidades. Además de los quehaceres del trabajo, nos encontramos con cierta frecuencia en la cafetería de la fábrica y a veces su mirada me pone nerviosa. Cuando me saluda de beso en la mejilla, siento algo raro en mí. Algunas veces cuenta chistes un poco subidos de tono. Ya en la fiesta de aniversario de la empresa, donde todos se divertían, bailó conmigo dos piezas alegres. Y me estremeció cuando puso su mano en mi cintura. No le he faltado nunca ni le faltaré a mi marido, pero me atrae muchísimo ese joven ingeniero.

Estimada señora, le digo desde ya: haga un alto en esta relación, mantenga una distancia prudencial, corrija al muchacho cuando venga con sus insinuaciones, evite conversaciones particulares con él, y no acepte chistes de doble sentido. Usted se cree fuerte y lo habrá sido, pero las ocasiones son peligrosas. Me habla de un marido poco divertido, gran hombre, pero nada expresivo. Ese muchacho puede estar supliendo lo que le falta a su esposo y está claro que busca algo con usted.

Pueden mezclarse diversos sentimientos y usted no es de piedra. El joven la está cortejando y goza con ciertas ventajas en relación con su esposo. Usted fue una persona muy divertida antes de su matrimonio y al acoplarse al marido, dejó atrás algo que la atrae, las fiestas, la diversión. Él está llevándola a algo que le agradaba mucho en el pasado. Usted se siente atraída por él y eso ya es una alarma de peligro.

Sea una persona realista, honesta con usted misma. Piense en las consecuencias que traería una aventura con él. Usted dice que no le faltaría nunca al marido, pero demuestra debilidad y atracción en su trato con él. No juegue con fuego. No confíe mucho en usted misma. No destruya su matrimonio por algo que le agrada ahora pero que no le traería nada positivo en el futuro.

Piense en sus hijas e imagínese que ellas se enteraran de que su madre anda coqueteando o andando con un hombre. Sería en extremo vergonzoso. Y su esposo no es divertido, pero es un hombre responsable, recto, fiel a usted, trabajador, intelectual. Un hombre así es soñado por tantas mujeres que les ha tocado hombres irresponsables, alcohólicos, mujeriegos, que las golpean. Tiene usted un gran hombre como esposo.

Lo bueno de todo esto es que usted es consciente de su situación y busca ayuda. Conocerse a uno mismo, ver sus reacciones a diferentes estímulos, saber de sus debilidades, captar los peligros, todo eso es positivo. Usted es esposa y madre, y me imagino que creyente. Le aconsejo ya que hable con su esposo, no de esto del muchacho, sino de su forma de ser. Que sin cambiar su personalidad, porque cada uno es como es, debería él hacer un esfuerzo para complacerla a usted. Salir de vez en cuando y tener sanas diversiones. Romper un poco la rutina, tener cierta creatividad en su vida conyugal.

Usted lleve la iniciativa y propóngale a él salidas a restaurantes, al campo, a ferias populares. Y le digo que debe acercarse más al Señor. Orar, pedir con fe por su matrimonio, por su fortaleza para no caer en la tentación y recuerde que con Dios usted es invencible.

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