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La tragedia del licor

Publicado por: Administrador | 13/03/2016

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Columna

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani


Me quema la adicción. Soy un pobre infeliz de 43 años que ha arruinado todo. Estoy sobrio temporalmente. Creo que duraré tres o cuatro días más sin tomar licor. Pero luego me nacerá una sed en todo mi cuerpo y terminaré tomando. Vivo ahora con mis padres, pero tuve un incidente muy feo y terminé preso por unos días. Se me acusó de haberle robado a mi madre un dinero y unas prendas. Un tío mío, hermano de ella, puso la denuncia y estuve en el presidio. Después mi mamá logró que levantaran la denuncia y salí libre. Vivo con ellos después de que mi mujer me abandonó y logró que me echaran del apartamento donde vivíamos porque estaba a su nombre. En esa época terminé durmiendo en las calles y más de una vez me robaron los zapatos y otras pertenencias. Llegué a visitar los bares más peligrosos en las zonas más apartadas de la ciudad. Mezclé licor con droga en varias ocasiones. Dos veces tuve peleas callejeras muy feas donde terminé herido. Soy un borracho. Después me aceptaron nuevamente en casa de mis papás y desde ahí escribo esta carta. Yo solo no puedo dejar este maldito hábito. Sé que me estoy destruyendo y que no tengo futuro. Estoy desesperado.

Lo entiendo perfectamente. Usted ha narrado con autenticidad lo que le pasa a millones de personas en el mundo entero. El alcoholismo es una plaga universal que ha destruido matrimonios, familias, empleos, buena fama, salud y hasta la vida. No perdona edades, sexo, religión, profesiones. Escuchar las historias más dramáticas nos hace ver que hay un denominador común: una dependencia a una sustancia fermentada o química, elaborada en fábricas o de manera artesanal que al final se llama éter. Sí, éter, porque el efecto es anestesiar a la persona, adormecerla, hacerle perder la conciencia, elevarla a un nivel de alienación para vivir de fantasías, con sus momentos de euforia o de melancolía, calmando tensiones, bajando el estrés temporalmente. Lo de menos es la etiqueta de la botella. El enfermo alcohólico lo que busca es anestesiarse. Y eso le calma el dolor del alma por un momento, y deja atrás las angustias temporalmente.

Con el tiempo esa adicción provocará lagunas mentales, afectará los nervios motores del cuerpo, provocará lentitud en el razonamiento y en el habla y provocará torpezas en las habilidades propias de un individuo. Además de ocasionar peleas por cualquier cosa, accidentes automovilísticos, acciones ridículas en fiestas o en cualquier reunión social. Y lo más triste, el espectáculo vergonzoso que se da en las casas, cuando los hijos tienen que contemplar a un papá embriagado, gritando, golpeando a la esposa, vomitándose en la sala, orinándose en el comedor, maltratando a los niños.

Mire, usted lo ha dicho, solo no podrá salir de eso. Pero usted tiene conciencia de lo que le está pasando. Se siente impotente, pero sabe que hay un drama, que ocurre un deterioro paulatino. Que ya ha robado, que ha estado preso, que perdió a su esposa y la casa donde vivía. Que ha dormido en las calles y ha terminado peleando arriesgando su vida. ¡Ya no más! Comience ya su cambio. Lo invito a que se acerque a Alcohólicos Anónimos, la asociación mundial de rescate de alcohólicos más grande, efectiva y segura para dejar de beber. Creada por dos alcohólicos, basada en el Evangelio, no se identifica con ninguna religión, se fundamenta en la experiencia de dos hombres que se arrodillaron ante Dios, que ellos han llamado “el Poder superior” y empezaron a cambiar.

La única condición que se pide al entrar en AA es querer dejar de beber. Si usted admite que es impotente ante el alcohol, acepta que solo Dios lo puede cambiar, se pone en sus manos, hace un inventario moral de sus fortalezas y debilidades, una lista de las personas que ha ofendido o dañado, confiesa ante un tutor y luego ante la comunidad sus faltas provocadas por el licor, ya está en camino. Si se congrega en un grupo de AA y persevera en las reuniones, escucha con atención otras historias tristes y cómo vencieron, usted irá echando fuera ese vicio. Si usted pues toma conciencia clara de toda su trayectoria destructiva y se da cuenta de que acabaría en la total ruina y comienza a dejar de beber solamente por 24 horas, usted estaría empezando su liberación. Si sólo por un día. No se preocupe por el mañana. Así hay personas que llevan 40 años sin beber, un día a la vez. Y recuerde que todo esto es posible con Dios, con quien es invencible.

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