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La familia y el dinero

Publicado por: Administrador | 05/06/2016

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Columna

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani


Estimado monseñor. Soy la menor de siete hermanos y en mi casa siempre se ha hablado de dinero, se ha peleado por dinero, se han enemistado por dinero. Mi abuelo fue un comerciante toda su vida. Tanto en las montañas como en la ciudad se la pasó haciendo negocios. Compraba tierras, las vendía; compraba ganado, lo vendía. Siempre buscando sacar la mayor ganancia. Fue tramposo, hábil, usurero, y le encantaban las mujeres. Al final lo mataron cuando intentó vender unas vacas robadas que había comprado bien baratas. Pero para mi abuelo, el dinero era un dios. Mi papá ha sido igual, con mayor fortuna, ya que en la ciudad logró comprar en tiempos de crisis algunas casas y revenderlas bastante bien. Se dedicó también al negocio de los mariscos con unos amigos del puerto. Pero toda su conversación, rabietas y preocupaciones tienen que ver con dinero. Solo va al templo cuando anda con problemas en los negocios y manda decir misas para que Dios solucione sus conflictos económicos. Cuando dice que el Dios católico no lo oye, va donde los evangélicos y paga el diezmo esperando la bendición divina. Soy soltera y estoy acabando mi carrera de odontología. Quiero irme de esa casa. Mis hermanos, unos bien casados, otros en unión libre, son igualitos que mi papá. Todo es por el dinero. Dos de ellos no se hablan con el resto por unos negocios familiares cuyos dividendos se repartieron injustamente. Mi mamá ya murió y sufrió mucho con mi papá. Ella era la única que tenía una vida religiosa auténtica. Yo sí voy a misa y pertenezco a un movimiento de Iglesia. Tengo un novio que es vendedor de carros y que nadie en mi casa quiere porque no es rico. Es bueno, decente, trabajador, creyente, sin vicios. Quisiera casarme pronto e irme de la casa, pero por ahora no podemos. Mi papá dice que si me caso con él no me dará ni un centavo para mi matrimonio.

Estimada señorita, primero quiero decirle que Dios no escucha, no acepta esas intenciones de misa pidiendo favores económicos como hace su papá. Es más, como hay una idolatría del dinero en su casa, tanto en su papá como en sus hermanos, la adoración al becerro de oro impide que el Señor bendiga ninguna de sus acciones comerciales. Por otro lado, como se adora un dios falso, las rivalidades y peleas estarán a la orden del día. Claro, Dios sigue amando a su padre y hermanos. Es más, el envió a su Hijo querido, Jesús, para que muriera por ellos. Pero el Señor no acepta convivir en el corazón de nadie con un dios falso. Y esto es un problema serio, porque la persona que adora al dinero como un dios, termina haciendo lo que sea para tener más dinero. Ya no permite la acción del Espíritu Santo que mueve a uno a hacer el bien, sino solo se actúa motivado por tener más cosas.

Su familia, lamentablemente está arrodillada ante el becerro de oro y todo gira alrededor de ese culto. Todo se mide desde la rentabilidad, el cómo sacar provecho a cualquier acción, qué traerá de beneficio el hacer tal cosa. El dios dinero impide que sus adoradores hagan las cosas por amor, por compasión, buscando solamente el bien de los demás.

El gran drama del mundo es ese: la familia humana ha sido golpeada desde siempre por conflictos de tierras, invasiones continuas, conflictos intestinos movidos por ambiciones económicas y un reguero de sangre ha quedado por donde ha pasado el ser humano. La idolatría del becerro de oro ha provocado los desastres humanos y ecológicos más grandes.

En el caso de su familia se vive de manera doméstica el gran drama de la civilización moderna donde todo se mide por el interés económico y no importa pasar por encima de la mayoría vulnerable provocando toda clase de miseria, con tal de conseguir más bienes. Y así como el mundo pasa ahora por el desastre del cambio climático que está ocasionando sequías espantosas y el calentamiento del globo terráqueo, su familia se ha dividido, creando odios internos que seca y marchita toda expresión de amor y de ternura. En su familia se vive un infierno que quema toda acción noble, solidaria, compasiva. Señorita, manténgase usted alejada de cualquier influencia negativa de su familia. Adore al único Dios que es misericordioso y si ama a esa persona cásese con ella, no importa los aprietos económicos que vendrán, que la providencia divina nunca fallará. Ore por su familia, hábleles del Señor, dígales las cosas claras y no tenga miedo, porque con Dios usted es invencible.

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