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¿En qué se parecen Trump y Chávez?

Escrito por: Columnas de grandes periodistas | 04/08/2015

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Columna


Por Andrés Oppenheimer   

Hay una creencia generalizada de que el aspirante presidencial Donald Trump es un payaso populista que no va poder marcar la agenda del Partido Republicano, ni capturar la nominación de su partido, ni —mucho menos— ganar las elecciones presidenciales del 2016. Pero la creencia generalizada se ha equivocado muchas veces.

El ascenso de Trump de magnate inmobiliario y estrella de reality show a candidato republicano Nº 1 —lidera entre los republicanos con 24% del voto, seguido por el gobernador de Wisconsin Scott Walker con un 13%, y el exgobernador de la Florida Jeb Bush con 12%, según una encuesta del Washington Post/ABC News — me trae a la memoria el ascenso del fallecido presidente populista venezolano Hugo Chávez.

 Al igual que Trump, Chávez no fue tomado en serio por muchos cuando empezó su campaña política a fines de los años noventas. Está claro que Trump y Chávez vienen de lados opuestos del espectro político. Trump es el epítome del capitalismo, un multimillonario que proclama “Yo soy rico” y propone abiertamente un mundo más capitalista. Por su parte, Chávez era un militar que se proclamaba socialista. Sin embargo, Trump y Chávez tienen mucho en común: comparten las tres características clave del populismo.

 En primer lugar, los populistas siempre crean un enemigo común para poder convertirse en líderes de una causa nacional. Y si el enemigo es extranjero, mucho mejor. Trump ha elegido a los mexicanos como el enemigo, alegando que los indocumentados mexicanos están invadiendo Estados Unidos. Trump ha dicho que México está “enviando gente con un montón de problemas... Están trayendo las drogas, están trayendo el crimen”. No importa que tales afirmaciones sean erróneas. En segundo lugar, los populistas juegan constantemente a victimizarse, alegando que están a punto de ser asesinados por el enemigo en cualquier momento. Por más ridículo que parezca, Trump dijo durante una visita a la ciudad fronteriza de Laredo, Texas, que estaba poniendo su vida en “gran peligro” al viajar allí. “Tengo que hacerlo, amo a este país”, añadió melodramáticamente.

En tercer lugar, la mayoría de los populistas son ego-maniacos. Muchas veces me he referido a Chávez como un presidente “narcisista-leninista”, porque su palabra favorita era “yo”. En un discurso pronunciado el 15 de enero del 2011, Chávez usó la palabra “yo” 489 veces. Trump no hace discursos de cinco horas, como Chávez, pero pronunció la palabra “yo” 220 veces en su discurso de 42 minutos cuando anunció su candidatura el 16 de junio.

Hay otra cosa que Trump y Chávez tienen en común: ambos utilizan la misma estrategia electoral de hacer constantemente declaraciones escandalosas para capturar los titulares y colocarse en el centro de la escena política. Después de cada una de sus polémicas declaraciones, Trump arremete contra los medios, y los acusa de distorsionar sus comentarios, lo cual a su vez genera una nueva ronda de titulares. Así fue exactamente como Chávez —sin dinero ni maquinaria política— ganó su primera elección en 1998.

Mi opinión: En un mundo ideal, todos nosotros en los medios deberíamos ignorar a Trump, o ponerlo en la sección de entretenimiento, como lo ha hecho The Huffington Post. Pero Trump es una noticia política, nos guste o no. Está en el primer puesto de las encuestas republicanas. Lo más probable es que no gane la nominación, pero es muy posible que marque la agenda política republicana, o —como lo hizo Ross Perot— se lance como candidato independiente y se robe muchos votos republicanos en el 2016. Es hora de tomar en serio a Trump, y de describirlo como lo que es: un demagogo nacionalista-populista, como Chávez.     

Hay una creencia generalizada de que el aspirante presidencial Donald Trump es un payaso populista que no va poder marcar la agenda del Partido Republicano, ni capturar la nominación de su partido, ni —mucho menos— ganar las elecciones presidenciales del 2016. Pero la creencia generalizada se ha equivocado muchas veces.

El ascenso de Trump de magnate inmobiliario y estrella de reality show a candidato republicano Nº 1 —lidera entre los republicanos con 24% del voto, seguido por el gobernador de Wisconsin Scott Walker con un 13%, y el exgobernador de la Florida Jeb Bush con 12%, según una encuesta del Washington Post/ABC News — me trae a la memoria el ascenso del fallecido presidente populista venezolano Hugo Chávez.

Al igual que Trump, Chávez no fue tomado en serio por muchos cuando empezó su campaña política a fines de los años noventas. Está claro que Trump y Chávez vienen de lados opuestos del espectro político. Trump es el epítome del capitalismo, un multimillonario que proclama “Yo soy rico” y propone abiertamente un mundo más capitalista. Por su parte, Chávez era un militar que se proclamaba socialista. Sin embargo, Trump y Chávez tienen mucho en común: comparten las tres características clave del populismo.

En primer lugar, los populistas siempre crean un enemigo común para poder convertirse en líderes de una causa nacional. Y si el enemigo es extranjero, mucho mejor. Trump ha elegido a los mexicanos como el enemigo, alegando que los indocumentados mexicanos están invadiendo Estados Unidos. Trump ha dicho que México está “enviando gente con un montón de problemas... Están trayendo las drogas, están trayendo el crimen”. No importa que tales afirmaciones sean erróneas. En segundo lugar, los populistas juegan constantemente a victimizarse, alegando que están a punto de ser asesinados por el enemigo en cualquier momento. Por más ridículo que parezca, Trump dijo durante una visita a la ciudad fronteriza de Laredo, Texas, que estaba poniendo su vida en “gran peligro” al viajar allí. “Tengo que hacerlo, amo a este país”, añadió melodramáticamente.

En tercer lugar, la mayoría de los populistas son ego-maniacos. Muchas veces me he referido a Chávez como un presidente “narcisista-leninista”, porque su palabra favorita era “yo”. En un discurso pronunciado el 15 de enero del 2011, Chávez usó la palabra “yo” 489 veces. Trump no hace discursos de cinco horas, como Chávez, pero pronunció la palabra “yo” 220 veces en su discurso de 42 minutos cuando anunció su candidatura el 16 de junio.

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