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El odio a los ladrones

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 03/07/2016

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Columna


Monseñor Emiliani, tengo que exponerle mis sentimientos ante los delincuentes de nuestro país. Yo entiendo que usted quiera salvar a mucha gente en los presidios y que la Iglesia diga que esa es una obra de misericordia y que en los presos está Cristo. Pero son unos malvados la mayoría. Son gente que no quiere trabajar, vagos y sinvergüenzas, que le quieran robar lo que uno honradamente se ha ganado. Hace dos años asaltaron y robaron en mi casa. Mi señora venía del súper y abrió el portón del garaje de la casa, siendo las 10 de la mañana. En eso dos tipos se meten con ella y la empujan al suelo, y con una pistola en la cabeza la llevan dentro de la casa y amarran a la empleada doméstica y a ella. Entran otros dos hombres. Empiezan a meterse en las habitaciones. Todo lo revuelven. Se llevan artefactos de la cocina, el plasma, las pocas joyas de la familia, ropa mía y de ella. Mis dos hijos estaban en la escuela. Teníamos un dinerito ahorrado para pagar una vieja deuda y los desgraciados lo descubrieron y se lo llevaron. Al salir golpearon a la trabajadora porque se había soltado. Otra vez veníamos del cine los cuatro y al ir a comprar unos helados, antes de meternos en ese local, dos tipos en un carro se bajaron y nos amenazaron con pistolas y tuve que dejar mi dinero y el carro. Nos quedamos a pie. En fin, soy católico y me he confesado varias veces de estos malos sentimientos que tengo. En verdad no puedo perdonarlos, ya que no olvido esos dos acontecimientos horribles. En cualquiera de los dos casos pudieron haber matado a alguien. Y repito, esos delincuentes se toman lo que no les pertenece y que a nosotros nos ha costado tanto trabajo y esfuerzo conseguirlo.

Estimado señor, los sentimientos que usted ha experimentado son una reacción normal a una agresión provocada por desalmados que los atacaron en su casa y en la calle. Ustedes han sido víctimas de gente que no tiene escrúpulos y amenazan con matar y roban las cosas que con mucho esfuerzo han conseguido. Nadie se siente bien después de un asalto a mano armada y hay personas que por años no han podido superar aquél susto y mal momento. Cada vez que usted recuerda esos sucesos le renacen los sentimientos y emociones negativos de aquellas situaciones.

Y aquí viene el primer consejo: no esté continuamente recordando esos sucesos porque se amarga, renace la rabia y la indignación y hasta el deseo de vengarse. Y estos sentimientos lo van intoxicando mentalmente y hasta físicamente. Cuando uno recuerda revive todo lo pasado y eso lo va desestabilizando emocionalmente. Y si esto se repite con frecuencia lo va condicionando a pensar de manera muy negativa, fatalista y agresiva.

Por eso es sano ir dejando el pasado atrás, aprendiendo todo lo que se pueda de lo anterior y en el caso suyo, buscando la manera de fortalecer sobre todo la seguridad de su casa. Y además, la norma dada por Jesús: perdonar y 70 veces siete. No cultivar sentimientos de odio hacia esas personas, sino sentir lástima por su situación de delincuentes, de gente que carga un gran peso en su conciencia y que terminan muchas veces en la cárcel o muertos.

El segundo consejo: trate de vivir el presente donde está Dios, su familia, su trabajo, las cosas buenas que pueda experimentar y deje que el pasado quede atrás, enterrado. Esto le da salud mental. Y en tercer lugar: comprenda que mucha gente actúa mal porque tuvieron infancias desdichadas, con muchos traumas. Y en muchos casos, hambre, desempleo, desesperación, falta de educación, de valores. Crecieron desprovistos de lo elemental, por eso caen en delincuencia y se agrupan con personas que tienen parecidas características. En general nunca han conocido a Dios.

Claro, les debe caer todo el peso de la ley por esos delitos. Pero creo firmemente que toda persona puede cambiar. Y nuestra obligación cristiana es predicarles en las cárceles una y otra vez, porque son ovejas perdidas que el Señor quiere recuperar. Deben saber que hay un Dios misericordioso, bueno y santo que los ama. Además tienen el derecho de escuchar hablar del Señor. Mire, en los presidios hay de todo, desde el que está allí porque se robó una silla, hasta narcotraficantes de alto vuelo. Y a todos deberíamos llegar con la Palabra. En la medida en que cambien al salir no serán más delincuentes y estamos ayudando a que la nación mejore. Todo esto es posible con el poder infinito e invencible de Dios.

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