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El hastío de la vida

Publicado por: Administrador | 11/10/2015

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Columna

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani


Monseñor Emiliani, qué aburrida vida la mía. Soy profesor universitario y llevo ya dando clases diez años. Pero siempre la misma materia y estoy cansado de repetir lo mismo. Usted me dirá que debo investigar y superarme, pero estas materias de ciencias exactas no son para tener siempre nueva información. Por otro lado me cansa mi esposa y no le veo ya atractivo a ella. Siempre las mismas conversaciones y yo sé que yo soy culpable, porque algunas veces no sé ni de qué hablar con ella. No hago ningún esfuerzo por entablar un diálogo. Podemos pasar cenando juntos una hora, sin prácticamente decirnos nada interesante.

Los niños ya están creciendo y con ellos sí tengo más relación, pero tampoco me llenan. Estoy en un momento crítico en mi vida donde no le encuentro sentido a nada de lo que estoy haciendo. Algunas veces me dan ganas de tomar mis maletas e irme de la casa, dejar la universidad y perderme en alguna otra parte y empezar de nuevo. ¿Pero empezar de nuevo qué? No tengo ilusión de hacer otra cosa, sino simplemente de dejar todo. Hay veces que he creído que debería buscarme otra mujer, tener una amante, o alguna aventura, pero no soy persona para andar a escondidas y mintiendo. Si encuentro otra mujer, pues me iría con ella y que lo sepa todo el mundo.

La madre de mi esposa se está metiendo mucho últimamente en la casa y eso no me gusta. Pero prefiero quedarme callado, aunque en verdad creo que la odio. Yo me siento aburrido de la vida. Hay mañanas que me cuesta mucho levantarme y lo hago porque tengo que ir a trabajar para poder comer. Es este un momento difícil en mi vida.

Estimado profesor, está usted pasando por una depresión y esto es peligroso. Debe usted buscar solución rápida a esto, porque la depresión es una enfermedad mental. Esa desgana y desmotivación lo puede llevar a la ruina emocional y profesional. Tiene usted un grave problema: no le encuentra sentido a la vida y a lo que hace. Y la rutina lo está llevando al hastío y esto repercute en todo. Tiene que revisar sus metas y renovarlas; descubrir nuevos horizontes y encontrarle el gusto a lo que hace.

No le encuentra interés a nada y allí va incluida su esposa, a la que estoy seguro amó mucho cuando se casaron. Que tal si recuerda qué lo motivó a casarse con ella. Repase la lista de atributos espirituales, mentales y hasta físicos que lo animaron a casarse con ella.

¿Por qué no se lleva a su esposa unos tres días de su casa y se van a pasear como hacían en los primeros años de casados? ¿Por qué no rompe usted su rutina y empieza a meterse en alguna asociación que le interese, sea de ayuda humanitaria o de deportes? Amplíe su visión y vea el sufrimiento que hay a su alrededor y haga algo por el próximo.

Mire el contexto nuestro, profesor. Hay hambre, desesperación, violencia, angustia, desamparo. Usted puede hacer algo por la humanidad. Salga de ese “cascarón existencial” y amplíe sus horizontes. Siéntase útil sirviendo a causas nobles.

Lo invito, además, a realizar algún tipo de ejercicio físico diario. Esto ayuda a despejar la mente. Interésese por otras materias académicas, haciendo cursos y aprendiendo cosas nuevas y a hablar con algún experto en psicología para que lo ayude a enfrentarse a la depresión. Necesita usted conversar con alguien y contarle cosas íntimas de su vida y exponer sus preocupaciones y angustias. Creo que en eso los psicólogos pueden ayudar mucho. El contacto con la naturaleza qué bien hace. El salir a un bosque o a un río o el contacto con el mar ayudan mucho. También es bueno ampliar el círculo de sus amistades buscando gente positiva, dinámica y noble con quien pueda reunirse. Buscar ayuda espiritual y hacer algún retiro o convivencia religiosa y experimentar el poder de Dios y su infinita misericordia y comprensión, eso es clave para la liberación de su depresión.

Ya usted ha captado que algo no está funcionando bien en su vida y que lo puede llevar al desastre. Eso es un buen comienzo para encontrar una solución. Ahora debe usted poner de su parte y decir: “no voy a permitir que la depresión me domine”. E insisto: el encuentro profundo con el Señor en un ambiente adecuado le va a ayudar. Busque información en su parroquia e ingrese a alguna comunidad o movimiento de Iglesia; sabiendo que si encuentra más a nuestro Dios, usted será invencible a los obstáculos que lo pueden destruir.

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