logoIntipucacity.com
plantillav5

Él está deprimido y ¿qué hacer?

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 17/07/2016

...

Columna


Estimado monseñor. Ya estoy cansado, agotado, no quiero luchar más. Llevo ya cuatro trabajos en donde he hecho todo lo que he podido para contentar a mis jefes. He sido agente vendedor, conductor de camiones de reparto, y al final por una cosa u otra me echan. No he robado nunca a nadie. Lamentablemente siempre pasa algo. Me chocan el camión, me roban mercadería, no vendo lo suficiente al mes, y me despiden. Tengo mujer y tres hijos. Ellos están en la escuela. Mi esposa trabaja en una guardería infantil y eso ayuda en algo a la casa. Pero cuando estoy desempleado como ahora caigo en una tristeza muy grande. Lloro solo en la casa. No quiero levantarme. Algunas veces paso sin bañarme dos días. Me dan ganas de salir a robar, o de tirarme a la calle y me mate un carro. Le cuento lo siguiente: estando por segunda vez desempleado, y no pudiendo pagar el alquiler de la casa, fui donde un primo a pedirle un préstamo. A él le ha ido bien, pero haciendo trampas. Creo que vende armas clandestinas, mete por la frontera productos sin pagar impuestos. Y claro, tiene una pequeña tienda donde vende cosas legalmente y así aparenta ser honorable y redondea sus ingresos. Pues fui a su tienda. Le hablé de mi problema. Estaba muy triste y hasta lloré. Pues el tipo empezó a reírse de mí. A llamarme marica, diciendo que no llorara como mujer lo que no había defendido como hombre. Esa frase me golpeó mucho. Ya en la escuela la había escuchado pronunciada por un hombre célebre. Entré en cólera, lo agarré del cuello, lo tiré al suelo y empecé a ahorcarlo. Me separaron de él. Al levantarse el tipo agarró una silla y me la rompió en la cabeza y cuando iba a coger una pistola, me lancé sobre él nuevamente y le golpeé la cara con mis puños. Lo derribé nuevamente. La gente me sacó de la tienda y me fui a mi casa. Allí llegó él por la tarde con la pistola. Llamé a la Policía y lo detuvieron. Eso pasó hace tiempo. Nos hemos encontrado un par de veces. Yo le he pedido perdón. Él no me habla. Mire monseñor, estoy mal. Esto puede volver a ocurrir.

Estimado señor, está usted al borde de un abismo. Usted es víctima de la depresión, esa sensación global del alma y cuerpo de desgana, desánimo, sentirse derribado, hundido, sin salida. Todo lo ve oscuro. No quiere ni levantarse de la cama. No quiere asearse. Empieza a llorar. En el fondo no quiere vivir. Eso es extremadamente peligroso.

Debe tomar conciencia, pues está viviendo una enfermedad mental cuyas consecuencias pueden ser mortales. Ante una situación así la persona no quiere tratar con los demás y se vuelve meditabundo y agresivo. Es como un animal apaleado, que tiene miedo y huye o termina siendo muy agresivo con los que se le acerquen. La depresión captura la mente y emociones y los secuestra, los amarra, los sujeta a barrotes invisibles y hace difícil que la razón piense con lucidez. Más bien todo lo ve oscuro y negativo. ¡No hay salida a la situación! Las emociones quedan paralizadas. No se vibra ante los gestos de amor. No se compadece la persona del dolor de los demás. El ser se está aislando. Se está en depresión. Tome conciencia, pues, de que está usted mal. Entonces, primero, busque la ayuda del Señor. Levante los ojos a Dios y crea firmemente que hay una salida a su situación. Haga el esfuerzo supremo de levantarse, asearse y salir a caminar. Respire aire fresco. Haga algo de ejercicio. Congréguese en su iglesia. Mire, los cánticos religiosos tienen un efecto terapéutico. Y comience a conversar con la gente, amigos, colegas, familiares, miembros de la iglesia. No esté contando sus penas. Más bien hable de cosas positivas. No sienta lástima de usted mismo. Eso nunca. Mírese como un hombre que es amado por Dios. Que tiene inteligencia, sentimientos, valentía, serenidad, esperanza, alegría, pero que eso que es tan bueno ha quedado muy escondido y hay que sacarlo a relucir. Sí, usted tiene muchas cualidades. Véase de manera positiva.

No permita que los pensamientos negativos lo dominen. No esté inactivo. Aunque no haya empleo, y usted seguirá buscándolo, haga cosas en la casa. Repare, pinte, arregle cosas. Y busque trabajos informales, que no hay trabajo indigno. Lo que pueda hacer, como arreglar jardines, pintar casas, vender en las calles, lavar carros, lo que pueda realizar, hágalo. La ociosidad es peligrosa. Y recuerde que Dios lo ama y con El usted es

Tags

plantillav5
plantillav5 SÍGUENOS EN NUESTRA FANPAGE
Patrocinador
sponsor
footer container