logoIntipucacity.com
plantillav5

Ébola

Escrito por: Monseñor Rómulo Emiliani | 13/08/2014

...

Columna


Lo que ocurre todos los días, lo que es normal, generalmente solo se convierte en noticia cuando algo extraordinario que no tiene que ver con ello hace que las miradas o los intereses se fijen en lo que antes pasaba desapercibido. Así ha sucedido con Miguel Pajares, el religioso español de la Orden de San Juan de Dios, que ha tenido que ser repatriado, junto con una monja, por haberse contagiado del virus del ébola.

Si esa terrible enfermedad no diera tanto miedo, probablemente no habría sido noticia. Porque ¿cuándo dedican los telediarios o los periódicos tanto espacio y tiempo a la labor que hace un misionero en cualquier lugar del mundo? Porque ni siquiera el hermano Pajares habría merecido la atención mundial si hubiera muerto o tuviera alguna otra enfermedad que no fuera tan contagiosa.

Por eso, lo que hay que decir ahora es que lo del hermano Pajares, las religiosas y los voluntarios que estaban -y algunos aún siguen- en el hospital de San Juan de Dios, en Liberia, no es más que un caso entre mil. La Iglesia Católica es la principal institución mundial en ayuda a personas necesitadas. Están -estamos- junto a los enfermos de sida, lo mismo que junto a los leprosos, o junto a los niños abandonados al nacer o porque no son “perfectos”. Estamos con los ancianos que no tienen nada ni nadie porque generalmente los ricos o se cuidan ellos o tienen quiénes los cuiden. ¿Y los colegios? ¿Y los hospitales? ¿Y los comedores para indigentes? ¿Y los albergues para transeúntes? ¿Y las miles de toneladas de alimentos que se reparten cada día -sí, cada día, e incluso puedo decir que cada hora- en las parroquias católicas? ¿Y la ropa con que se viste al desnudo, las horas de compañía a los solitarios, las visitas a los encarcelados, los consejos a los que están sin norte? Todo eso existe, aunque la atención mundial no quiera detenerse en ello, porque, si lo hiciera, se acusaría a sí misma y desmontaría su gran tesis sobre cuya falsedad está construyendo el mundo secularizado: que creer en Dios no sirve para nada.

Nos han vuelto invisibles, por más que estemos en todos los rincones del mundo. No importa que, en España, por ejemplo, entre los que son más devotos y los que son menos, diez millones de españoles sigan yendo a misa. No importa que, si desapareciera la Iglesia, la cultura y la educación sufrirían un golpe mortal. Nos han hecho invisibles porque no les conviene vernos y solo se fijan en nosotros cuando no tienen más remedio. Ni siquiera las matanzas de cristianos en Irak les conmueven. Solo el miedo a que el ébola llame a sus puertas los ha afectado. Y entonces descubren, a su pesar, que allí, en aquel infierno, hay unos hombres y unas mujeres que están junto a los “intocables” por Cristo y solo por Cristo. Si se atrevieran a mirar un poco más, verían que son millones los que, como ellos, están dando testimonio de que el amor a Dios es el principal motor de generosidad que mueve el mundo. Pero, si se atrevieran, tendrían que reconocer que se han equivocado y tendrían que convertirse. Y eso no les interesa a ellos ni al terrible amo al que obedecen, el señor de la mentira, del odio y de la guerra.

 

Tags

plantillav5
plantillav5 SÍGUENOS EN NUESTRA FANPAGE
Patrocinador
sponsor
footer container