Nicolás
Papini (1751-1834) sabio y monje historiador nacido en San Giovanni
Valdano (entre Florencia y Arezzo) Italia, fue ministro general
de Los Conventuales y escritor de ensayos literarios seculares
y sagrados para la iglesia; Papini apartándose de la seriedad
de sus obras las que eran de agrado del Papa Pio Vll (1742-1823),
escribe un relato poco conocido, narra la vida del joven Jesús
en sus primeros años, de manera amena y sencilla, en la
que hace una sugestiva critica a las distintas profesiones y oficios
de esa época;“El Carpintero” describe el aprendizaje
de Jesús en el arte de la carpintería enseñado
por José, su padre y mentor; destacando su perfecta vida,
modelo de virtudes y erudiciones; Papini define a esta profesión
como la más insigne de todas, por haberla ejercido el divino
maestro en su juventud.
Papini,
detalla con punzante e interesante pluma, cada una de las profesiones
de ese tiempo, destacando sus defectos y perversiones; aseverando
que: “el militar degeneraba en bandido y el comerciante
en ladrón”; así critica sucesivamente
los abusivos libertinajes en los oficios instituidos por el hombre
en esos tiempos; en esa obra describe magistralmente la vida de
Jesús, quien además de ejercer como un buen artesano,
procedía también con todos los cánones de
ética que debe tener el hombre en el desempeño profesional
con su semejante. Papini en el epilogo de su crónica, reflexiona
que las profesiones no son las imperfectas o defectuosas, sino
la perversión y la codicia arraigada en el corazón
del hombre.
........
Al
principio de los setenta en la cálida y entonces pujante
ciudad de San Miguel, cuando el cultivo del algodón fortalecía
su economía; en las quincenas de pago ( los Viernes), “La
Perla” se volvía bulliciosa y su comercio se dinamizaba
con el trajinar de algunos “bolos descarriados” en
busca de diversión y placeres libertinos donde las cortesanas
de esa época:“María Elena” y “la
mama Cháve”; lo que provocaba sendos retenes de la
extinta Policía Nacional en las entradas y salidas de la
ciudad, no para proteger a los transeúntes sino para “desvalijarlos”;
el legendario grupo “Hielo Ardiente” sonaba incansablemente
en la YSCF( ondas orientales) con su agraciado arreglo de “La
Boa”, un éxito de “La Sonora Santanera”,
en el que mencionaban a las radios, farándula y equipos
de futbol de esos años, también el “C.D. Águila”
llenaba de negro naranja y gloria al “Barraza” con
goles de un lujo exquisito.
En
un reten encontré a Chungo (alias “Chico Mono”)
mi amigo y paisano, entonces Cabo de la Policía; le espete
“a boca de jarro” el porqué de tanta “mordedera”,
me dijo que “su Coronel ( el Director), les exigía
mil colones por cada reten cada quince días y lo que sobraba
después de la cuota, era para los huesos de los agentes”
y con una sonrisa de oreja a oreja, agrego: “ándate
a la miér#%@& sino querés que te persigne, hoy
es el cumpleaños del hombre y quiere doble la cucharada”;
al verlo así recordé su apodo y pensé que
Darwin tenía alguna razón con su teoría de
la evolución, Chungo parecía la “Chita”
de Tarzán con casco; bueno, esos eran “tiempos de
conciliación” y el coronel Molina era “su”
Presidente.
En
la guerra civil, en los ochenta era un secreto a voces que varios
secuestros eran realizados por algunos jefes militares; Tuno,
un ex Sargento hoy residente en Texas, cuenta que un Coronel y
un Capitán del Ejercito vendían armas a la guerrilla;
otros administraban fraudulentamente sus cuarteles con planillas
fantasmas; un Coronel fue capturado por intentar vender dos bombas
de 500 libras a narcos para bombardear la famosa prision“La
Catedral”, cárcel de “cinco estrellas”
de Pablo Escobar en Envigado, Colombia; hoy con la nueva FFAA
muchos militares al igual que su ex Ministro no manchan el honor
de su uniforme, pero todavía hay algunas pocas manzanas
podridas, el robo de armas del Ejercito por algunos militares
para venderlas a criminales es noticia en los periódicos,
Papini narraba en su crónica que todo militar, degeneraba
en bandido.
Doña
Tere, una expeditiva y hábil comerciante migueleña
decía que: “Para ella no es negocio si no ganaba
un 500 % en lo que vendía al ganar menos estoy perdiendo”
y agrego: “si compro barato o caro yo siempre se cuanto
voy a clavarme, no nací para perder, me gusta avivar a
la gente no que me aviven; sábelo, un buen negocio es prestar
plata, pero con escrituras por delante y al módico ¡mi
hijito!, sin corazón de santo, que no te vean la cara”;
Nicolás Papini aseguraba que todo comerciante degeneraba
en ladrón.
El
Lic. Douglas Moreno, Director de Centros Penales, en una entrevista
en la Tv salvadoreña denuncio sin tapujos la corrupción
que impera en el sistema carcelario del país, presento
un video de un custodio de una cárcel, quien llevo a un
preso “esposado” a desactivar un aparato de bloqueo
de llamadas telefónicas allí instalado; este solo
fue despedido y denunciado a la fiscalía; ¿Cuantas
extorsiones y asesinatos hubieron ese día?; ¿Cuantos
“chips” y celulares habrá ingresado a ese penal?,
¿es cómplice de esos crímenes?, “El
Dinero Maldito” obra infalible del gran Masferrer palidece
con el proceder de este mal salvadoreño quien con ese comportamiento
deleznable, llevo a su hogar dinero manchado de sangre inocente.
¿Bendeciría Dios el pan comprado a su familia con
ese dinero?
En
el país del “Cerrón grande” por apego
al dinero hay libras de 12 onzas, galones de gasolina de 3.5 Litros,
se vendieron plazas en el sistema judicial; cirujanos que “operan
a muertos, entierran sus errores y facturan”; “negocios”
que venden productos vencidos, cambian la viñeta y los
ofertan a “buen precio”, farmacéuticas que
dan regalías para que receten sus medicamentos, (no por
la salud del enfermo); peligrosos delincuentes liberados por “abogansters”
de señas conocidas en contubernio con malos jueces y fiscales;
en pasillos judiciales se dice que hasta para no ir a “Mariona”
hay que pagar; lucrarse del dolor ajeno es deporte en algunos
juzgados, ciertos comercios de telefonía con tal de vender
chips, teléfonos y tarjetas, hacen caso omiso al obviar
los registros.
En
el país, Ingenieros han construido carreteras que solo
duran seis meses por el remedo de la capa asfáltica usada,
(la tristemente célebre “Diego de Holguín”,
es una afrenta a los salvadoreños); contadores diestros
en eludirle impuestos a sus patronos y comerciantes que “se
clavan” el IVA, profesores errados de carrera que además
de “rabos verdes” multiplican sus errores; fontaneros
y radiotécnicos cobrando “fortunas” por trabajos
mediocres, Bancos que compiten con agiotistas como doña
Tere; si Papini estuviese en nuestros tiempos, se asombraría
al ver que su denuncia prevalece porque nos hemos apartado de
las sagradas enseñanzas del Divino Maestro, volviendo a
nuestro Dios al dinero al lucrarnos inmoral y perversamente.
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