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Este es un Cuento basado en la vida real escrito por el articulista
Nelson Romero como regalo de Navidad para todos esos fieles lectores
que están pendientes día a día de sus escritos....
Metrocentro,
San Salvador; 13 de Diciembre de 1980; 4.50 pm.
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La tarde era fría, aquél mes
de Diciembre fue uno de los mas fríos que recuerdo y quizás
el mejor de mi vida por todo lo que me sucedió; la primera
vez que lo vi fue en Metrocentro, estaba encimado en una vitrina
de Almacenes Simán, su pequeña naricita se aplastaba
en el grueso vidrio, su carita era adornada por la mugre de alguna
semita mieluda y sus ojos de un extraño color miel parecían
desorbitados al contemplar los juguetes y adornos navideños,
de su cabecita cubierta por un desvencijado gorro negro “navarone”
sobresalían mechones rubios de una blonda cabellera, al
verlo así vino a mi mente la sentencia del escritor y poeta
Rafael Menjivar: “Para que hacerte precarias ilusiones,
sí Santa Claus no visita los mesones”, supuse
que el pequeño quizás vivía en la marginal
de la Tutunichapa, sentí por él una extraña
empatía, la que toco todas las fibras de mi corazón
y fue un reconfortante bálsamo a mis abiertas heridas,
no sé porqué recordé a mis hijos y a Bellita
mi esposa, así como la parvedad urgente de verlos, lo que
no entendí ni comprendí en ese momento.
No
tenía planificado comprar regalos navideños para
mis hijos pero me sentí con animados deseos de hacerlo
y verlos, eran los primeros días de diciembre, si lo hacía
hoy evitaría las aglomeraciones de última hora de
esos agitados días capitalinos y entonces como un relámpago
la piadosa imagen de Bellita llegó a mi pensamiento, anhelé
verla y buscar su perdón, yo ya no tenía nada que
perder, hacer las paces con ella y volver a mi hogar seria mi
tabla de salvación, teníamos más de dos años
de estar separados y ansié vehementemente que ella me perdonara
y poder estar en casa junto a ellos en esta Navidad, ¿Por
qué no hacerlo? daría por fin señales de
vida, era consciente que mi abandono había causado en ella
decepción, que se enclaustrara en sí misma y se
recluyera de sus amistades, era Navidad quizás a lo mejor
sucedía un milagro y si no, volvería a cumplir con
mi destino el que ya tenía marcado.
De
repente vino a mi pensamiento el niño, ¿tendría
a sus padres o seria un huérfano?, compré una pequeña
pelota de fútbol para él y dárselo a la salida
del “Simán”, no era mucho pero, quizás
a lo mejor era lo que él deseaba para esta navidad, compre
juguetes para mis hijos y un perfume de Channel para Bellita,
fragancia que le fascinaba y solo usaba en contadas ocasiones
o como decía ella: “Cuando San Juan baja el dedo”.
Al salir del Almacén, lo busqué en los pasillos
del centro comercial, no lo vi, no recordaba como estaba vestido,
solo el “navarone” el que me parecía un poco
grande para él y que le daba un aire de jovencito.
Me dirigí a “El pollo Campero” de
Metrosur, en ese lugar los días de pago cenábamos
con Fanny mi ex pareja, el reloj marcaba las 6.30 pm por lo que
apresure el paso, al llegar al estacionamiento busque a mi veterano
“Datsun”, abrí el baúl y guarde las
compras. En el “Pollo”, busque nuestra mesa favorita
la que ya con la ausencia de ella me parecía incomoda,
tenia vista al parqueo por lo que podía estar “ojo
al Cristo” con el carro, al llegar la mesera con el menú
elegí el “súper campero”, la
miré de reojo y me percate de un lejano parecido con Fanny,
supuse serian de la misma edad, lo que me hizo recordarla, la
música navideña animaba el ambiente, ¿cómo
sería esta Navidad si la pasara con mis hijos y Bellita?,
no encontraba la forma de como poder hacerlo sin sentirme tan
culpable, tenía mucho tiempo de no verlos, cerré
los ojos y pedí a Dios que me permitiera estar con ellos
y me hiciera olvidar para siempre a Fanny, mi extraviado amor.
-"Buen
provecho Señor”, la voz de tono suave y agradable
de la mesera me ausento de mis vagos pensamientos y el aroma del
“súper” inquietó mi apetito….sentí
que alguien me observaba y al volver la vista lo vi a través
de la ventana, era él, me obsequio una linda sonrisa, parecía
aspirar el rico aroma del pollo que se esparcía por el
lugar y saborearlo pasando su lengua sobre sus labios, pedí
a la mesera me trajese la cuenta y dos porciones de pollo, pan,
soda y papas fritas para llevar, quizás no había
cenado y el pollo seria un exquisito plato gourmet para él,
no quería perderlo de vista, así que no se la despegue,
engullí en un santiamén el pollo, muy presuroso
pague y volviendo la vista a la ventana mire que ya no estaba,
salí a toda prisa pero no lo vi ,camine por el centro comercial
y no lo encontré, me sentí muy apesadumbrado busque
mi coche para marcharme y cuando abrí la puerta, asombrado
oí la voz de un niño dentro del carro….
-Me buscabais…. era él, estaba sentado en el asiento
del pasajero, atónito pregunte:
-¿Cómo entraste?
-Estaba abierto, respondió, gracias por el pollo y por
el regalo, termino diciendo.
¿Cómo sabia que lo buscaba y que había comprado
un balón y pollo para él?, ¿Cómo supo
cual era mi carro?....me sentí perplejo, al mirarlo y oír
su voz sentí una emoción incontenible, tampoco no
sabía porque no podía mirarlo fijamente a los ojos
algo me azoraba, eran unos ojos tan bellos y serenos, llenos de
una paz infinita y ternura, como nunca había visto, bajé
la vista y dije:
-Si te buscaba y el pollo es para ti, cómo te llamas, pregunté
sin mirarlo-
-Jesús, dijo
- ¿Dijiste Jesús?, y tu apellido, pregunte impaciente
-Solo llámame Jesús…
-¿En dónde vives?, pregunte, sin salir de mi asombró,
me sentía intrigado aún, por como sabia lo del pollo,
pues cabía la posibilidad que hubiese dejado abierta la
puerta del coche, ¡pero lo del pollo y el regalo!, ¿Cómo
supo cual era mi carro?, a lo mejor quizás estaba por ahí
y me vio.
-en todas partes dijo, y agrego faltan doce días para navidad
-Que tiene que falten doce días para la navidad, dije,
acomodándome en el coche y tratando de despabilarme
-Después de la navidad ya no estaré aquí….y
tu volverás a ser feliz; por favor vamos a la entrada de
los edificios del “metrocondominio”.
Termino diciendo con una voz melodiosa con tono infantil pero
con la seguridad de un adulto, lo qué me hizo sentirme
tranquilo y confiado, lo que por mucho tiempo había estado
ausente de mi corazón atribulado, así mismo había
un dejo de autoridad en ella, sin preguntar obedecí, y
me encamine al metrocondominio sabía que era un lugar un
poco peligroso, lo miré y vi en sus ojos una serenidad
infinita, sentí una gran seguridad y de repente unos incontenibles
deseos de llorar, de desahogar mis angustias y perdonarme a mi
mismo. La emoción me había invadido y sentí
en mis ojos la humedad que venia de lo profundo de mi alma, hice
un vano intento por disimular, sintonice la radio, la música
llegó a mis oídos cómo un bálsamo
reconfortante de heridas nunca sanadas, era “Blanca navidad”
de Irving Berlín, en un precioso instrumental en “Radio
El Mundo” lo qué me hizo sentir que necesitaba encontrar
la reconciliación con Bellita, con mis hijos, pero mucho
más conmigo mismo. ¿Por qué diría
que volvería a ser feliz?
-Estaciónate
allí, dijo
El estacionamiento de los edificios estaba oscuro, sabía
que era un lugar peligroso, él temor a ser asaltados llego
a mí, haciendo latir mi corazón ante esa posibilidad.
-No temas, dijo adivinando mi pensamiento, estás conmigo,
nada nos pasara, bajo del carro, tomó la caja con “el
pollo”, el balón y me dijo, con suave voz:”espérame
aquí”……
Lo vi irse en la penumbra, con paso seguro se encamino hacia un
árbol de “Laurel de La India”, me pareció
que éste lo saludaba con su follaje al ritmo de aquel viento
tempestuoso y frio con muchísimo respeto, ¿acaso
estaba alucinando?; él farol daba una luz tenue y amarillenta
que resaltaba su figura, de pronto fueron llegando uno a uno varios
niños que salían sigilosos de cualquier lado y se
sentaron junto a él, todos lo miraban con mucha atención
y prestaban oído a sus palabras, luego empezó a
repartirles “el pollo” que había comprado para
él, volvió su mirada hacia mi, hizo una seña
con su mano que entendí como un llamado a que lo acompañara,
baje del carro y abotone mi “chumpa” de lona azul
para resguardarme del frío y camine hacia ellos, me sentí
apenado pues las dos porciones de pollo, soda y papas fritas no
alcanzarían para todos ellos; en algún apartamento
cercano se oía “Too much heaven” una linda
canción de “The Bee Gees” que trajo a mi pensamiento
a Bellita, la que nos dedicábamos cuando novios, suspiré
por ese momento que ya solo era parte de un pasado cuando fui
muy feliz y no me di cuenta, con un dejo de melancolía
lamente mucho haberla traicionado y abandonado.
-Acércate
quiero presentarte a mis amigos, dijo Jesús...sacudiendo
mis pensamientos de la acervada nostalgia y aquel inseparable
dolor que me agobiaban. Todos comían pasándose la
porción de pollo y papas de mano a mano, me dejo pasmado
el que las porciones no parecían terminarse y sobre abundaban
a pesar de los bocados desmesurados e incansables de los niños
enropados en andrajos.
-Ellos son mis amiguitos dijo, señalándolos uno
por uno con su dedo índice mencionando sus nombres, Juan,
María, Luis, Carlos y Tony, empezó a hablarles de
su casa y de su padre, de que Dios creó la navidad como
un regalo para todos, lo que me intrigaba más y más,
pues les hablaba de un lugar donde había de todo y nunca
faltaba nada, les prometió llevarlos un día. Observe
que Tony, se apoyaba en unas malhechas muletas de madera, lo salude
con un movimiento de cabeza y me respondió con un “eeeeh”,
con tristeza me percate de que no hablaba.
“Feliz
Navidad “ en la voz de José Feliciano me volvió
a la realidad y recordé la navidad que pasamos juntos Fanny
y yo, me sentí confuso al no entristecerme ya ese recuerdo,
se oía en algún apartamento cercano de los viejos
edificios; pregunte a Jesús si lo podía llevar a
su casa, me respondió que no, que se quedaría un
rato más allí y que jugarían con el balón;
no resistí al deseo de sentirlo junto a mi e hincándome
lo abrace, sentí una emoción extraña y no
contuve un espontaneo sollozo de alegría, de felicidad,
de poder sentirme libre de aquel peso que ya no aguantaba, el
estar junto a él alivio mi pena, suspirando le pregunte:
- ¿cuándo te veré de nuevo? …
Poniendo su manita sobre mi cabeza, con delicada voz dijo:
-Yo te encontraré, no te preocupes más, mi padre
te ama y ya te ha perdonado y quiere que seas feliz esta Navidad.
Quise
preguntarle quien era su padre, pero mis lágrimas y un
nudo en mi garganta aplastó y no pude hablar, pensé
que quizás fuera hijo de algún evangelista de la
Tutunichapa, ya lo amaba.
Urb.
Zacamil, Mejicanos 14 de Diciembre de 1980; 8.48 am.
Esa
noche dormí como un lirón, tenía mucho tiempo
de no dormir así; me desperté tarde, pensé
en Jesús, ¿todo habría sido un dulce sueño?,
después del baño, fui a la esquina a comprar el
periódico y desayunar al comedor de Doña Bertilda
en la primera planta del Edificio 428, leía el diario mientras
comía; una costumbre de mis desayunos con Bellita, quien
suavemente apartaba el diario y me decía: “Quieres
más a ese tonto Diario de Hoy que a mí”,
con una linda sonrisa adornando su cara y una ternura que quizás
yo no merecía….…
Doña Berti, me aparto de súbito del recuerdo de
Bellita al decirme:
-¡Ya te distes cuenta! ….pusieron una bomba en el
Banco Salvadoreño de Aguilares, la Policía se enfrentó
con los terroristas y mato a tres en cuenta una muchacha, esto
se está poniendo más jocote cada día.
El corazón me dio un vuelco y pensé en Fanny….a
quien no había vuelto a ver desde su extraña y súbita
partida.
De repente Doña Bertilda dijo…..Mira parece que a
vos te buscan, volví la vista y era él, ¡era
Jesús!…..corrí a la puerta y la abrí,
pasa, le dije presuroso, ¿Cómo distes conmigo?
-no me fue difícil, me vine en un bus de “la 29”
contesto con una esplendida sonrisa
- vienes a tiempo para que desayunemos, dije, me dirigí
a doña Berti y le pedí nos sirviera dos desayunos,
¿Cómo me encontró?, no lo se.
- que niño tan bonito, no se parece a vos, no vayas a decir
que es hijo tuyo porque no se parecen en nada, dijo doña
Berti abrazándolo.
- no, dije; agregando, no sé porque siento como si él
fuera mi padre
La sorpresiva visita alegro mi vida y al pedirme posada por unos
días me hizo sentirme el hombre más feliz del mundo.
Instituto
Nacional, Usulután, Marzo de 1978; 11.45 pm.
Fanny
Rodríguez, era una estudiante aventajada, la primera de
mi clase de literatura, era de tez morena, ojos negros azabaches,
pelo anochecido y largo, con un perfecto cuerpo de diosa, no pasaba
desapercibida a ningún hombre, no supe cuando me enamore
de ella y olvide a Bellita, quizás fue aquel día
cuando recito muy suelta en la clase “Ropa Limpia”
del guatemalteco Rafael Arévalo Martínez con aquel
porte magistral y encantador:/“Le bese la mano y olía
a jabón,/ yo lleve la mía contra el corazón;/
le bese la mano breve y delicada/ y la boca mía quedo perfumada”/,
su suave voz y su mirada azabache me flecharon, le quise poner
un veinte pero la máxima calificación era de diez;
fue una locura, me fascinaba todo en ella, cuando con su guitarra
cantaba inspirada los temas de protesta de “Los Guaraguao”,
Massiel y de Joan Báez, no sospeche que fuera de pensar
insurgente, ni mucho menos fuera del “movimiento de estudiantes
revoltosos”, como decía Don José Luis el director,
al referirse al MERS, ni que fuera ella quien había puesto
aquel grafiti antigubernamental en el portón sur del INU:
“gobierno hijueputa”, el que el Director muy preocupado
había mandado a borrar rápido y muy asustado había
convocado a reunión a todo el personal docente para tratar
el tema.
-Profe López, me dijo con su voz melodiosa, ¿Ud.
tiene una amante?, la pregunta me dejo anonado y confundido, además
me ruboricé, lo que hizo que Fanny estallara a carcajadas
¿Por qué me dijo eso?
No recuerdo cuando empecé ese amor que quemo las entrañas
de mi alma, pero que también me llevo al séptimo
cielo, fui feliz viviendo en ese purgatorio atormentado por el
recuerdo de Bellita y mis hijos.
Carretera
Litoral rumbo a San Salvador, 3 de Febrero de 1979, 4.15 pm.
Nos
fugamos a la capital, una tarde de verano pintada de celajes y
refrescada por inusuales vientos en Febrero, ella se olvido de
su familia y yo de mi esposa y de mis hijos, los dos perdimos
la cabeza la diferencia era que yo era un adulto y ella una adolescente,
yo solo pensaba en vivir aquel impulsivo “cuarenta veinte”
en todo su esplendor y ella a saber en qué; aquel apartamento
de la Zacamil lo volvimos un nido de amor apasionado y colmado
de un éxtasis interminable; su ir y venir a la universidad
era una rutina a la que me acostumbre y oírla hablar de
arte, poesía y literatura era lo cotidiano, nunca hablamos
de la situación del país, fue un tema que nunca
comentamos, nuestras noches eran solo susurros de amor y platicas
baladíes y fútiles, solo en el fondo de mi conciencia
el recuerdo de Bellita me atormentaba; no sospeche que ella me
abandonara, sin decir tan siquiera un adiós.
Parque
“Cuscatlán”, San Salvador 15 de Octubre de
1979, 4.15 pm.
No
entendí porque Fanny me cito al parque, su nota encontrada
en el piso del apartamento me había intrigado, ¿por
qué no me espero allí?; pero me alegro mucho por
fin saber de ella; fui al parque a esperarla, en las calles había
un movimiento de soldados, no había percibido que unos
militares habían dado golpe de estado al gobierno del Gral.
Romero, en la radio KL se oían las noticias de enfrentamientos
en el cuartel de la Guardia Nacional y también que la fuerza
Aérea se había rendido a los militares sublevados,
las noticias eran confusas, sentí temor, ya habían
pasado más de treinta minutos de la hora que decía
la nota, se oía al poniente descargas de fusilería
y fuertes estallidos de bombas, decidí marcharme pensando
en que no llegaría, encendí el motor de mi fiel
Datsun, cuando un joven con una mochila se acerco a mí.
-¿El profesor Sergio López?,
Pregunto nervioso, me asuste, pensé que quería robarme
el carro.
-Sí, respondí, esperando lo peor
-Le traigo un recado de la Comandante Tania, dijo volviendo la
vista hacia todos lados; en la radio ya solo se oía música
marcial, estaban en cadena nacional, sonaba la marcha “Semper
Fidelis”
-¿De quién?, dije intrigado, el joven saco de la
mochila un periódico y me lo dio, agregando
-Yo me contactare con Ud. cuando vaya a dar clases al colegio,
deje sin llave la puerta del carro y deje en el gavetin si tiene
mensaje para ella, no escriba nombres, sea lo más reservado
posible.
Dio media vuelta y desapareció camino al Hospital “Rosales”.
Al hojear el periódico, muy nervioso encontré un
sobre, en el muy finamente escrito: “Para mi pajarito”,
el corazón me dio “tres vueltas de gato” era
la letra de Fanny y como acostumbraba llamarme.
Los
días y noches siguientes fueron de dolor por su ausencia,
mi mundo se derrumbo cuando se marcho, no la volví a ver,
se fue a la clandestinidad a algún lugar del cerro de Guazapa,
sus letras decían: “me voy a luchar contra el gobierno
fascista y opresor de los pobres”, me juraba que me amaba,
pero que la revolución la llamaba y tenía que estar
presente en ese momento histórico, además quería
vengar el asesinato de sus padres a quienes “los escuadrones
de la muerte”, no solo habían matado, sino también
torturado, solo por ser profesores, leí y releí
infinidad de veces su exigua cartita, muy compungido.
El
alcohol y la desesperación me abrumaron hasta el último
rincón de mi conciencia y el dolor por su precoz abandono,
fue desde entonces mi compañero inseparable, mi vida parecía
ser un largo camino a no continuar y una interminable tortura,
aquella frase de el escritor colombiano José María
Vargas Vila, la que Fanny escarnecía cuando la leí
en la clase de literatura, volvió instantáneamente
a mi memoria: “Cuando la vida es un martirio, el suicidio
es un deber”, pensé que quizás la muerte era
mi pasaje a el perpetúo olvido, Vargas Vila había
ganado la partida, ese quizás era mi destino ineludible.
Urb. Zacamil, Mejicanos, 18
de Diciembre de 1980, 2.45 pm.
-Jesús
se marcho, su estancia había sido una bendición,
la alegría de vivir me había regresado de una manera
sutil y maravillosa, ya todo era distinto, me sentía aliviado
después de la pesadilla de la noche anterior, la que había
causado revisara toda mi vida, ya no debía arrepentirme
de mi pasado, debería de reconstruirlo, soñé
que había muerto y que me sobrevivían mi esposa
Bellita y mis hijos, era muy triste y doloroso dejarlos y no volver
a verlos, ni decirles cuanto los amaba; me desperté “vivito
y coleando”, tenia vida y ellos estaban todavía allí
en Jiquilisco, solo tenía que ir y buscarlos; Jesús
quizás con su sabiduría de niño me había
enseñado que la felicidad estaba dentro de mí y
que era abundante hasta para darla a mis semejantes y podía
comenzar por los míos; el pasado ya no existía,
empezaría a vivir mi futuro hoy mismo, iría a buscar
a mi familia y empezar de cero.
Urb.
Zacamil, Mejicanos 20 de Diciembre de 1980, 6.00 am.
El
timbre sonó insistente despertándome, ¿quién
podría ser tan temprano?, fui al baño a despabilarme
con agua fría y a lavarme los dientes, al abrir la puerta
vi a Jesús y a Tony, en una bolsa traían algo y
¡se movía!
- Buenos días Profe, dijeron al unisonó, vinimos
a desayunar con Ud., solo ponga a hervir el café.
-Por favor pasen, dije entusiasmado, Tony tenía en sus
manos otra bolsa ¡eran pupúsas!…….
-de donde traen esas pupúsas,….. pregunte intrigado
-son de Olocuilta, espero que te gusten
-¿fueron a Olocuilta, tan de mañana?
-dormimos allá, donde la mamá de Tony, dijo Jesús
sonriendo y agrego: ella las hace y te regalo este perrito para
tus tres hijos
-heleé, dijo Tony aseverando
-¿un perrito?
-sí, míralo, dijo Jesús sacando al perrito
del bolso, les gustara más a los tres que la muñeca
y el tractorcito que les llevas…
-me quede atónito, sabía que juguetes tenia, quizás
los abrió cuando vino la primera vez, con disimulo fui
al dormitorio estaban intactos, ¿los tres?, se equivoco,
solo son dos, ¿pero cómo supo de mis hijos, si no
hable de ellos con él? Y de que viajaría a verlos,
me sentí muy impresionado y a la vez algo asustado.
El desayuno fue mi regalo de navidad, la presencia de esos niños
en mi apartamento fue algo que no puedo describir, solo sé
que me sentía mejor, tenía fe, algo renació
en mi, ya era un hombre nuevo.
Salida de San Salvador a Usulután,
carretera Litoral, 23 de Diciembre de 1980, 9.20 am.
Encomendé
el apartamento 22 a Doña Berti, después de asegurarme
de cerrar la llave del agua potable, los de ANDA me lo habían
recomendado y desconecte también todos los aparatos eléctricos.
-que tengas una feliz navidad, ¿vendrás antes de
fin de año?, dijo doña Berti muy contenta
- sí, traeré a mi familia, quiero que conozcan a
Jesús, el niño que cambio mi vida y lo invitare
a pasar el año nuevo con nosotros
-te acordas que tendré tamales para ese día, no
vayas a comprar por otro lado ¡oísteis!
Doña Berti fue mi confidente y consejera, me ayudo mucho
a superar mis malos ratos y los ratones también, la consideraba
una madre; pase por “El Pollo Campero” de Metrocentro,
llevaría unas cajas de pollo, para toda la familia de Bellita
y mis hijos, planeaba que la pasáramos bien, la tarde de
ayer había comprado uvas y manzanas en el Mercado Ex Cuartel
del centro, así como tres botellas de vino tinto para ofrecer
en el festejo a don Pablo mi suegro, doña Marbella mi gentil
suegra había fallecido hace unos cinco años, dejando
un legado de amor y de bondad extraordinario y fuera de lo común.
La autopista invitaba a correr, pero mi buen trato y consideración
a mi viejo Datsun me lo impedía, maneje placenteramente
pensando en Bellita y mis hijos, al pasar a la altura del aeropuerto
vi un tráfico fluido en ambas vías, recordé
una frase que me gustaba mucho: “Mas que llegar al puerto,
conviene disfrutar del viaje” y eso es lo que haría
hasta llegar a Jiquilisco.
El
Playón, Tecoluca, carretera Litoral, 23 de Diciembre de
1980, 2.20 pm.
La
carretera me pareció bastante solitaria, no encontraba
ningún vehículo de pronto vi a un grupo de hombres
armados que habían detenido a unos carros y un bus, empuñando
sus armas me mandaron alto y luego nos obligaron meternos a la
calle polvosa que conduce a Tecoluca, ¡era la guerrilla!,
sentí temor e imagine lo peor, eran un grupo de hombres
y mujeres, se miraban cansados y demacrados, nos reunieron bajo
una ceiba enorme y empezaron a registrarnos, luego comenzaron
a arengar y despotricar contra el régimen fascista y protector
de los oligarcas según decían, después el
que nos hablaba dijo que estaban en una guerra popular prolongada
y que deberíamos definirnos o estábamos con los
ricos o con el pueblo.
-¿quién es el dueño de un Datsun amarillo?,
grito alguien; el corazón me palpito como motor de moto
vieja, pensé en Jesús y me dije él está
hoy conmigo nada me pasara; empezaron a dejar ir a los demás
carros, sentí preocupación y temor, me encamine
a mi carro, al llegar me esperaba la sorpresa de mi vida los guerrilleros
se estaban almorzando mi pollo y degustaban el vino, de pronto
la vi, ¡era Fanny!, vestía un uniforme verde olivo
y botas, en su cintura terciaba una “Browning”.
-Vaya, vaya que pequeño es el mundo, dijo…mi querido
e inolvidable profesor….
Se veía pálida y desmejorada, mas flaca y con ojeras,
pero estaba muy linda en aquel atavío de fatiga, me llamo
con un ademan muy propio de ella, con aquel salero y gracia que
tanto me encantaba y amaba, lentamente me acerque, ya retirados
del grupo de guerrilleros, me invito a sentarnos a la sombra de
un papaturro, me tomo de la mano y me dijo:
-Sergio, que alegría de verte, yo nunca te olvide, no deje
de amarte, pero no podía atarte a mi vida y además
eras ajeno, creí que era mejor regresar lo que no era mío.
Fanny me conto todo, su vida antes de conocernos en el instituto,
de cómo se inicio en la lucha inducida por la maestra Martha
quien fuera asesinada salvajemente hace un año, de sus
combates en el Guazapa, que “Virgilio” con quien me
mando la primera y última cartita, había muerto
en un ataque a una guarnición del Ejercito en Suchitoto
y que la habían trasladado al frente paracentral en el
Chinchontepeque y que me había dejado para no implicarme
y para que regresara a mi familia, nos despedimos con un largo
abrazo y un último beso.
Jiquilisco,
23 de Diciembre de 1980, 7.05 pm.
Llegue
entrada la noche, la ciudad estaba a oscuras, me dirigí
a la casa, me sentía cansado, no avise que llegaría
nadie me esperaba, toque la puerta varias veces, no abrían,
me sentí descorazonado y entonces abrieron una ventana
de la casa de enfrente y una voz dijo
-no hay nadie, no vive nadie allí ya;
Era niña Santos la vecina, me acerque presuroso y dije
preocupado
-soy Sergio, niña Santos, ¿donde está Bellita?
La niña Santos, se mostro amable y me invito a quedarme
en su casa, me conto que el apagón era porque “los
muchachos”, habían botado unas torres de energía
eléctrica, que don Pablo, Bellita y los niños se
marcharon para Tierra Blanca, porque a don Pablito la guerrilla
le quemo todo el algodón cosechado, el camión y
dos tractores y no le pudo cancelar lo adeudado a la Caja de Crédito
y esta le embargo la casa; me pidió que me quedara a pasar
la noche allí y que hasta mañana fuera a buscar
a Bellita, pues era peligroso andar de noche por un enfrentamiento
entre la guerrilla y los soldados. Me pregunto que como me había
ido por “los yunai”, una mentira piadosa de Bellita,
para ocultar mi traición.
Tierra
Blanca, Usulután, 24 de Diciembre de 1980, 6.25 am.
Con
las señas que me dio la niña Santos llegue a Tierra
Blanca, fui rumbo sur y encontré la casa puertas verdes
y paredes sin repellar que dijo, estaba muy nervioso, fue cuando
la vi, tendía ropa lavada en el cerco, su vestir era sencillo
como de costumbre, al entrar al espacioso solar al Datsun reparo
en mi, su carita asombrada y estupefacta, dibujo una sonrisa,
corrió hacia mí con los brazos abiertos y con llanto
en los ojos, trémula de emoción, grito abrazándome:
-¡Dios mío, has regresado!, me sentí el ser
más pequeño del mundo, cobijándose entre
mi pecho agrego:
-Pasa por favor, la casa es sencilla, yo siempre te he esperado;
caí de rodillas ante ella y solté en llanto, su
nobleza me opacaba ahogando mi voz, balbuceando alcance a decir:
perdóname.
Sergio Jr. y Anabel, salieron a la puerta, cuanto habían
crecido, nos veían impávidos y con asombro, me acerque
a ellos abrazado de Bella.
-¿Quién es el señor mami?, dijo Sergio
-es su papá, hijos, dijo bellita con inusitada alegría
-entonces ya regreso de Estados Unidos mami, pregunto Anabel,
añadiendo incrédula termino diciendo:
-¿y ya no se va a volver ir, mami?
Abrazándolos a los tres, no pude contener más mis
lágrimas, di gracias a Dios por el recibimiento de Bellita,
sin una pizca de reclamos ni rencor, ni resentimiento alguno,
solo había en ella una sincera y contagiosa felicidad,
estaba tan feliz de verme, era este mi más grande regalo,
pensé en Jesús, era un milagro, ¡existían
los milagros!, ¡Dios existía! Incomprensible para
mi, se había manifestado en ese niño….
-Pasa, dijo bellita, te tengo una sorpresa,tomándome de
la mano, me llevo al dormitorio, en la cama estaba un niño,
despertándolo, lo tomo en sus brazos y me lo procuro, al
ver mi cara de sorpresa agrego, con aquella imperturbable sonrisa;….
Es tuyo Sergio, fue la última noche que estuviste conmigo.
-como se llama, dije atontado
-Pablito, en memoria de mi papá, falleció hace año
y medio de un infarto, en Marzo del 79.
Me
sentí el ser más ruin del mundo, fue días
después de mi partida, ¿Cómo Bellita había
soportado tanto dolor?, no me atreví a hacerle esa pregunta,
de pronto recordé como movido por un resorte a Jesús
“ella las hace y te regaló este perrito para tus
tres hijos”, ¡santo Dios!; ¡lo profetizo!, sabia
de mi tercer hijo, ¿Quién era realmente, Jesús?,
emocionado abrasé a Bellita y a Pablito, mi hijo al que
no vi nacer.
En una pared del dormitorio estaba enmarcado un poster fondo azul
y letras blancas, con una paloma en pleno vuelo, la frase decía:
“Si amas a alguien, déjalo libre, si regresa a ti
es tuyo, sino regresa nunca lo fue”; me sentí muy
apenado, ella no había mencionado una sola palabra de reproche
y me recibió como un soldado que regresa de la guerra,
como un héroe, esposo fiel y padre amoroso.
La
nochebuena, trajo la alegría de volver al hogar, no había
perdido a mi familia, Dios me la entrego de nuevo, disfrutamos
de tamales y Coca-Cola, conté nada más que la guerrilla
se había comido el pollo “Campero” y tomado
el vino que traía para ellos, las sonoras y frescas carcajadas
de Bellita inundaron de júbilo toda la casa, los niños
tristes extrañaron a su nuevo amiguito Emmanuel, de quien
me contaron, les había hablado de que yo regresaría
con ellos y ya no los dejaría, el perrito les encanto más
que los juguetes, le llamaron “Puppy” .
¿Quién es Emmanuel, Bellita?, pregunté intrigado
-Es un pobre niño que apareció una mañana
hambriento y con frio, estuvo con nosotros unos días, pero
dijo que se iría cuando faltaran doce días para
Navidad y no ha aparecido otra vez.
-¿Doce días para navidad?, me dije extrañado.
Carretera
Litoral rumbo a San Salvador, 25 de Diciembre, 6.00 am.
De
nuevo reunida la familia partimos a San Salvador, sólo
pasaríamos desayunando con pupusas en Olocuilta de “La
Paciencia”, sabía que para servir hacían gala
a su nombre, pero eran unas pupusas grandes y deliciosas, no dudaba
le gustarían a Bellita y a los niños, además
el café era de primera, como había pronosticado
el desayuno pupusero, fue una delicia para Bellita, los niños
y para el otro nuevo miembro de la familia: Puppy San Salvador
había amanecido desvelado, pocas almas en sus calles, por
lo que con menos tráfico, llegamos con facilidad a “los
multis” de la Zacamil, pase primero por donde niña
Berti saludándole y dejándole unas pupusas de Olocuilta,
así también le presente a Bellita y a mis hijos.
-gracias por acordarte, que bonita tu señora y que lindos
tus hijos, gracias a Dios, se parecen más a ella que a
vos.
Bellita y yo nos reímos divertidos, luego agrego
-Vino a buscarte Jesús, trajo a todos los niños
con él, aquí comieron así es que los anote
en tu cuenta ja, ja, ja; rio divertida y agrego, dijo que hoy
vendrías y que lo buscaras por el “Simán”.
-¿Qué hoy vendría?, cada vez me volvía
más confuso e intrigado, era temprano aun, no podía
estar abierto el almacén, fuimos a dejar las cosas al apartamento
y a usar el baño, nos medio arreglamos y salimos para “Metrocentro”,
estaba solo, las figuras monótonas de unos de seguridad
era la única presencia humana, corrimos al “Simán”
y en la vitrina de la entrada en donde vi por primera vez a Jesús,
habían puesto un gran nacimiento casi en tamaño
natural, con José , la virgen María con el niño
Jesús en sus brazos, los tres reyes magos, la mula y el
buey; enfrente observándolo estaba un niño, corrimos
al acercarnos lo reconocí, era Tony
- ¡Tony has visto a Jesús!, dije presuroso
-Allí, contesto, señalando al niño Dios,
lo vi, era idéntico a Jesús, no podía creerlo,
mi asombro perturbo a Bellita quien se acerco a verlo
-¡Dios mío!, dijo llevándose la mano al rostro,
¡como se parece al niño Emmanuel!
-¡Si, es Emmanuel!, dijeron mis hijos a coro, entonces me
percate en Tony, no tenia las muletas y me había hablado,
lo mire fijamente y le pregunte incrédulo y turbado
-¡Tony y las muletas!, dije agarrándole por sus pequeños
hombros
- Jesús me dijo que ya no las usara, que tuviera fe y caminara,
que hablara al viento y los pájaros y que poco a poco lo
haría mejor.
No pude contener la emoción abrace a Tony y lloré
sin parar, era un milagro, Jesucristo estuvo con nosotros y no
nos dimos cuenta, Bellita y mis hijos se unieron al abrazo, habíamos
sido bendecidos y lavados nuestros pecados, levante la vista y
vi arriba del nacimiento un letrero “Gloria a Dios en
las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”;
había encontrado esa paz y reconciliación en mi
ser, en mi familia, hice una oración por Fanny y también
por mi país, pidiéndole al creador lleve a los hombres
buena voluntad para buscar la paz que tanto anhelamos y ponerle
fin a esta guerra fratricida.
No volví a saber de Fanny, me traslade a San Salvador con
Bellita y mis hijos, vendí el apartamento y nos fuimos
a vivir a Santa Tecla, cerca del colegio donde trabajaba, era
ya un nuevo hombre, había vuelto a nacer.
***FIN***
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