El
hombre más famoso en predecir el futuro ha sido Michel
de Notre-Dame (1503-1566), nacido en Saint Remy de Provence, Francia,
quien latinizó su apellido convirtiéndolo en Nostradamus;
de familia judía se convirtió al catolicismo, fue
un estudiante brillante y luego en su época un médico
famoso por tratar exitosamente las enfermedades que asolaban a
Europa, también fue estudioso de otras ramas de la ciencia
y la alquimia; en 1555 se publicó el primero de diez libros
titulado “Centurias”, cada volumen contenía
cien predicciones que ocurrirían en fechas y lugares distintos;
se cuenta que para leer el futuro y hacer sus vaticinios, Nostradamus
ponía a hervir agua en una caldera de bronce y allí
“veía” los sucesos que ocurrirían posteriormente.
También
muchas veces espontáneamente hacia predicciones como por
un impulso intuitivo; en una ocasión en Roma, Italia donde
estaba de paso, al cruzarse en una calle con unos seminaristas
se hincó ante uno de ellos y le beso la mano, ante esa
inusitada acción y el asombro de los demás; Nostradamus
dijo: “Me arrodillo ante Vuestra Santidad”, ese seminarista
llamado Felice Peretti fue coronado en 1585 como el Papa Sixto
V; entre sus muchas predicciones Nostradamus vaticino que el hombre
llegaría al planeta Marte y encontraría allí
los restos de una antigua civilización; cuando el “Vikingo
I” (1976) de la NASA orbito Marte en busca de un lugar donde
posar su sonda; fotografió la figura de una cara humana
en la región denominada Cidonia, el “Vikingo Lander”
al descender en suelo marciano realizo muchas fotografías
y experimentos, lo que encontró no fue revelado totalmente
por la NASA, siendo aún un misterio.
En
1974 “The Hues Corporation” ponía a bailar
con su éxito: “Rock The Boat” a los jóvenes
migueleños, canción número uno en el “Hit
Parade” de las radios salvadoreñas; en la 5ª
calle poniente de la cálida y entonces pacifica ciudad,
encontré parado a media calle a un hombre alto, de bigote
quien vestía una camisa blanca manga larga, pantalón
negro y botas café parecidas a las de la Policía
Motorizada, en su mano derecha agitaba un látigo con el
que golpeaba la puerta de una casa, por instinto frene el carro
y espere a que se moviera, en ese momento se abrió la puerta
y una señora enjuta de cuerpo y melena desarrapada le profirió
una letanía de insultos ante la insolente risa del “hombre
del látigo”; después del portazo de la señora,
este se acercó a mí y dijo muy educadamente: “
Le ruego mil disculpas, mi suegra me ha pedido que no me acerque
tan siquiera a tocar con mis manos su puerta; mi nombre es Cristóbal
Giralt y me placería mucho invitarle a departir una copa
de vino en mi casa”.
Así
conocí al “Loco Giralt” muy famoso en los diferentes
círculos sociales migueleños de esa bella época
y miembro de una apreciable familia de mucho abolengo en San Miguel,
nuestros encuentros no fueron muy frecuentes, pero sí de
largas platicas en donde Cristóbal hacía gala de
un lenguaje florido y fecundo, copioso de mucho conocimiento en
las artes y lo frívolo; eran muy interesantes sus charlas,
sus tópicos eran casi magistrales, en los que solo lo interrumpía
para servirme otra copa de “Oporto” delicioso vino
que degustábamos, algunas veces estas veladas eran animadas
por un músico migueleño diestro en el piano a quien
con afectuosa elegancia llamaba: “Perétete”
(René Balmore Crúz), quien gozó de la estima
de esa familia y de muchos migueleños por su fino arte
musical, Cristóbal diestro en el bello canto interpretaba
siempre “Funiculí, Funiculá” del italiano
Luigi Denza (1846-1922) a petición de su madre, Doña
Abigail estallaba en aplausos por el apasionado canto de su hijo.
En
una ocasión me lo encontré en una mesa de La Texacentro
“Puerta del Sol” casi enfrente de su casa y cerca
al cuartel de La Guardia Nacional, estaba acompañado de
dos oficiales de “La Benemérita”, al verme
me invito a acompañarlos, lo que acepte gustosamente debido
a la estima que le tenía, me presento a los militares y
paladeamos varias Pilsener “bien heladas” para disipar
el calor migueleño, la plática era cordial, nos
contaba de sus proezas al volante, se decía que hacia un
viaje redondo a San Salvador en solo 50 minutos y que la Policía
lo multaba no por exceso de velocidad sino “por volar bajito”,
de sus famosos “trompitos” en La Belém, de
sus carros, de las cien y unas mujeres migueleñas que lo
codiciaban, después de una estrepitosa carcajada con un
dejo muy triste dijo: “es por la fortuna de Doña
Abigail, mi madre”, en su acento y expresión había
mesura y pragmatismo, no imagine que también fuera a vaticinar
el futuro cercano de la nación
La
aparición del primer grupo guerrillero en el país
(1970) y el secuestro y asesinato del prominente empresario Don
Ernesto Regalado Dueñas (1971), tenía en ascuas
al gobierno a pesar de la dinámica económica en
esos días; Giralt presagió esa noche difíciles
acontecimientos que ocurrirían en El Salvador antes de
fin de siglo, predijo que habría más secuestros,
que la guerrilla se convertiría en una fuerza beligerante
de grandes proporciones y que controlaría parte del país,
uno de los Capitanes de quien no recuerdo su nombre dijo molesto:
“donde se van a esconder que no los encontremos, aquí
ni montañas hay ya”, Giralt siguió diciendo
que la Democracia Cristiana llegaría al Gobierno con Napoleón
Duarte y que el PCN se desbandaría, que el cultivo del
algodón se acabaría y que muchas familias se irían
de San Miguel, que con el final de la guerra fría entre
EE. UU. y la Unión Soviética, la izquierda al terminar
la guerra llegaría al poder; el otro Oficial le dijo con
refinada cortesía y sutil diplomacia: “No se vaya
a sentir muy ofendido estimado Sr. Giralt, pero me parece que
Ud. ha leído mucho a Nostradamus”.
Un
sábado de Carnaval de esa década, una trágica
noticia recorrió San Miguel como un reguero de pólvora
y ensombreció la fiesta en el Casino Migueleño,
Cristóbal Giralt había muerto; vino a mi memoria
en ese instante la última vez que lo vi, fue en su Hacienda
“Chilanguera” al sur de “La Perla de Oriente”,
supervisaba con otro compañero del Banco de Fomento Agropecuario
sus cultivos de algodón; le vi venir montando completamente
desnudo un brioso corcel negro, no disimulando mi asombro, le
salude diciéndole: “Le felicito su Hacienda tendrá
este año una buena cosecha ”, me miro fijamente y
sonriendo dijo: “Mi buen amigo, la tierra con el paso del
tiempo ya no son de sus primeros dueños y nuestra vida
en este mundo es pasajera”; fue otra profecía que
como las de aquella calurosa noche en “La Puerta del Sol”
al igual que aquellos jóvenes militares, no le creí.
Cristóbal
Giralt se mató de un balazo y en los ochenta las haciendas
“Chilanguera” y “Singaltique” fueron expropiadas
a su familia por la infortunada “reforma agraria”
del Gobierno del Ing. José Napoleón Duarte, diseñada
y recetada por el “experto” estadounidense Mr. Posterman,
reforma que solo fue un monumento a la improvisación y
a la impericia.
Lea
otros artículos de este mismo autor: Nelson Romero
Clic
|