|
Don
Jorge, me contó de su enfermedad y como la había
superado, al conocer el diagnóstico médico y saber
que la muerte lo reclamaba, decidió hacer lo que siempre
quiso : vivir una feliz y reposada
vida; no creía poder lograrlo en tan
poco tiempo; se retiró con su familia a una casa a la orilla
del mar heredada de sus padres, llevo consigo todos sus libros,
los que nunca tuvo tiempo de leer y encontró entre ellos:
“Anatomía de una enfermedad”
de Norman Cousins, el que leyó de un solo tirón,
siguió sus consejos; tomo mucha vitamina “C”
, oyó en el Circuito YSR a “Tres Patines y La Tremenda
Corte” , a “Aniceto Porsisoca” y a “Albertico”
Hernández en la “KL”,compro las películas
de Cantinflas, Tin Tan y los Tres Chiflados que siempre quiso
ver y no pudo , rió como chiquillo, viendo a “El
Chavo del ocho” en la TV.
Disfruto
de atardeceres de celajes maravillosos, los que ignoro muchas
veces por la prisa del trabajo; se dormía oyendo su música
preferida , vio en negras noches el titileo de las estrellas y
recibió el naciente sol de las mañanas con la brisa
marina y gaviotas ,se dio cuenta que las siestas no eran ocio
sino salud, rió a carcajadas de las travesuras de sus nietos,
aprendió a disfrutarlos, lo que no hizo con sus hijos;
tuvo largas platicas con su esposa Doña Graciela , sobre
sus vidas, de cosas baladíes , por primera vez le dijo
lo mucho que la amaba y se olvidó de “componer al
mundo”; había sobrevivido 200 meses de los tres que
le dio el Doctor, su rostro irradiaba alegría y felicidad,
igual que el día en que le conocí.
¿El
secreto de Don Jorge?, sencillo, muy sencillo;
aprendió a amar a Dios y a su naturaleza, a vivir cada
día con toda intensidad como si fuera el último,
entendió que su pasado ya no existía, rescato de
él los buenos recuerdos, no volvió a preocuparse
si mañana llovería o no, vivió el día
a día sin ansiedades y con muchas ganas de ser feliz; la
lapidaria sentencia de él buen Dr. Espinoza (QEPD), le
cambio la vida; “empecé
a vivir con tranquilidad, moderación y movimiento”
y sobre todo a reír mucho, de todo, de uno mismo, de la
vida, “pero nunca..nunca de los demás” me dijo
al abrazarme y despedirnos; desde ese día han pasado muchos
meses, no sé si Don Jorge vivirá aún, pero
me dejo una lección que lamento no haberla aprendido…
“Sencillamente solo vivir
la vida, sin preocuparse y reír”.
Recuerdo
siempre la contagiosa y alegre carcajada, de ese hombre bonachón
de “Corazón alegre,
sin espíritu triste”; agradezco
a Dios haberle conocido. La vida decía, “es una tómbola,
al girarla no sabes, si tu numero va a ganar o va a perder, te
salga el que te salga, siempre vive felizmente la vida. Norman
Cousins (1915-1990), fue un escritor famoso, trabajo para el “New
York Evening Post” y fue editor de “Saturday Review”.
Su muy leído libro autobiográfico, “Anatomy
of an Illness” (Anatomía de una enfermedad), él
que fuera llevado al cine, trata de cómo con su mente pudo
curar su cuerpo, tomando altas dosis de vitamina “C”
y “Risoterapia”,
con lo que venció y sobrevivió a una enfermedad
dolorosa y terminal; la actitud mental positiva ayuda a que las
funciones del organismo respondan mejor ante las enfermedades,
“reírse fortalece el sistema inmunitario”,
escribió.
Una
carcajada moviliza muchos músculos, incluido algunos del
estómago, que solo se ejercitan riéndose, la risa
libera endorfinas , (hormonas que produce nuestro cerebro), las
que aumentan la alegría y eliminan el dolor, son neurotransmisores
que actúan como inmunizantes y analgésicos, eliminando
el cansancio y el estrés; la risa libera tensiones, como
el llanto, el estornudo, el orgasmo, la siesta, ( solo 15 minutos
por la tarde) activan el sistema inmunitario; curiosamente la
bioquímica del llanto y la risa es la misma, las dos alivian
un estado anímico deprimido; nuestras abuelas con sapiencia
popular aconsejaban “Que
llore para que se desahogué”,
después de una buena llorada venia la calma y se dormía
muy bien; la endorfina es “la hormona de la alegría”,
es el equilibrio entre la depresión y la vitalidad. Las
emociones negativas aumentan los niveles de cortisona (la hormona
del estrés), la que actúa como supresor de las defensas
del organismo.
“El
rostro es el espejo del alma”,
arréglelo, amando a Dios en todo momento, oyendo buena
música, baile, haga ejercicio, tenga un “pasatiempo”,
ilusiones sanas, metas realizables, recuerde solo ratos felices,
disfrute de las pequeñas cosas de la vida y siempre ría,
ría, ría si le es posible a carcajadas.
|