Muy temprano por la mañana
del día sábado 9 de enero, la familia Henríquez-Villatoro
se dio cita a la iglesia Nuestra Señora Reina de la Paz en Arlington, Virginia.
Y, muchas personas más; familiares y amigos que conocieron en quien en
vida fue Don Felipe Agustín Henríquez Marchante.
La
ocasión fue para conmemorar con una misa solemne los 40 días de
su deceso en El Salvador. Para la colectividad no fue ningún obstáculo
hacer acto de presencia a muy tempranas horas con condiciones climatológicas
no soluble a la ocasión.
Empero, un
nutrido de familiares y amigos abarrotaron la pequeña iglesia para recordar
las bondades y vocación del difunto. El sacerdote efectuó un benevolente
servicio religioso. Y, el coro delectó a los presentes.
Al
final de la misa, uno de los hijos del difunto; Felipe Alcides dio las gracias
a la gran concurrencia por la presencia y las condolencias que habían recibido
su familia en las semanas anteriores.
Posteriormente, la familia
Henríquez-Villatoro realizaron un pequeño apiñamiento en
donde todos pudimos degustar unos exquisitos tamales de gallina, pan y café.
Sin embargo, lo más esencial fue el
ambiente de camaradería que se vivió entre todos los presentes;
lo característico de nuestra idiosincrasia que nos han inculcado nuestros
antecesores.
Don
Felipe A. Henríquez, ya no esta en este mundo. No obstante, dejó
una pudiente herencia como son sus hijos (as); individuos de abundancia carisma
para sus semejantes. Aquí podemos subrayar un adagio popular "De
tal palo tal astilla".
El
difunto procreó con la señora Paulina Villatoro una numerosa familia:
José Luis (QNPD), María Fidelina, José Catalino, José
Israel, José David, Luz Antonia, Miriam Consuelo, Zoila Esperanza, Edith
Yaneth, María Petrona, Carmen, Félix Antonio y Felipe Alcides.