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Hugo
Chávez tiene muchos problemas en Venezuela y aunque ha
inhabilitado por decreto a gran parte de sus adversarios, es muy
probable que en las elecciones municipales de noviembre siga perdiendo
apoyo popular, porque a pesar del río de petrodólares
que pasa por sus manos, la situación del país no
cesa de deteriorarse.
En
estos momentos, da la impresión de que no le queda más
argumento propagandístico que la polémica. La semana
que viene está previsto que sea recibido en Marivent, España
por el Rey Juan Carlos en un gesto que se supone ha de servir
para zanjar la polémica de la Cumbre Iberoamericana de
Chile, pero no para que el caudillo venezolano intente prolongarla.
Por eso sería de agradecer que en lugar de discursos estrambóticos,
Chávez demostrase su voluntad de normalizar las relaciones
con España con una actitud más discreta.
Las
palabras del Rey Juan Carlos en la Cumbre Iberoamericana -que
tuvieron una repercusión planetaria- eran pertinentes en
el momento en que fueron pronunciadas, pero no pueden seguir siendo
el argumento para aderezar discursos demagógicos. Sin embargo,
como dedica horas y horas a tantas intervenciones televisadas,
Chávez recurre con mucha facilidad a la palabrería
simplista y al chiste fácil, en vez de contribuir a facilitar
el diálogo constructivo con una buena dosis de moderación
y sensatez.
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