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Marzo 2007
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Barack Obama también ama a los enemigos de USA

Por Edgard Martínez Ph.D. (Prominente doctor iberoamericano en economía graduado de Yale y Harvard University, analiza la política de EE.UU. desde una perspectiva ecuánime)

Barack Obama ya ha hecho historia al convertirse en el primer candidato negro a la Presidencia de USA. Si gana las elecciones en Noviembre alcanzará otro hito, por las mismas causas. Pero su programa de ser bueno en materia de política internacional -retirada de Irak, diálogo directo con los regímenes enemigos de Norteamérica, en particular los de Irán y Cuba- ya tiene, por desgracia para su libro de récords, un precedente histórico.

La Presidencia del demócrata Jimmy Carter, y quizás el peor presidente de USA en los últimos cuarenta años, que también saltó al estrado político con las tablas de tele evangelista de Obama, predicó la concordia mundial y el diálogo franco con los gobiernos hostiles a Estados Unidos. Con las consecuencias de todos conocidas.

Hablar con el enemigo no es, de suyo, síntoma de flaqueza o de ingenuidad. Recordemos que cuando Chamberlain habló con Hitler en Múnich en 1938 el problema no fue el encuentro en sí, sino la actitud del líder británico; en lugar de plantar cara al Führer, Chamberlain le dió el argumento final para la invasión de Checoslovaquia. En fechas mucho más recientes, cuando el Secretario de Estado del Bush padre, James Baker, se encontró con el vicepresidente iraquí Tareq Aziz, lo hizo para poner los puntos sobre las íes. Irak no se retiró de Kuwait, que acababa de invadir, y las consecuencias fatales para Bagdad no se hicieron esperar.

Barack Obama es un dirigente sin experiencia en materia de política exterior. Lo mejor que se puede esperar de él es que se rodee de un equipo sensato de asesores y siga sus consejos. Lo peor, que pretenda seguir sus instintos de iluminado de la paz mundial.

Jimmy Carter lo hizo, y cuando en el caso de Irán quiso arreglar el entuerto de la crisis de los rehenes con la torpe intervención militar de rescate, puso las cosas mucho más graves como era de esperarse. Barack Obama quiere irse de Irak, quiere hablar sin condiciones previas con los ayatolás, pero ha llegado a declarar sus disposición a invadir Pakistán si se demostrase que allí se refugia Osama bin Laden. No hay nada más peligroso, por lo imprevisible, que la furia del manso.

Sí posée alguna inquietud sobre este artículo, por favor contacténos ed.martinez@comcast.net

© Copyright-2001-2007 Carlos A. Velásquez Blanco