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Algunos
van a juzgar este artículo como un jodido chisme más
de la página de Joaquín Chávez, El Chero,
otros como un modesto escrito para leer un domingo por la tarde
(sino hay otra cosa que hacer), y otros como una bajada de pantalones
de intipucacity.com ante los ricachones de Intipucá.
Que cada cual opine lo que quiera, este, al final, es un mundo
libre, y por las opiniones no se pagan impuestos, bienvenidas
sean, buenas y malas. Mi objetivo sólo es demostrar a toda
la cherada que aquí en Intipucacity.com hay libertad de
pensamiento y publicamos aquello que creemos es merecedor de alguna
mención, sin titubeos, ni recelos, aun si eso significa
"pescocear" y pasar un poco por encima del comal al
master de los masters. Una vez dijimos que aquí no se salva
ni Dios, pues esta vez vamos a poner a parir al propio master,
publicando este aríiculo. Aunque él no esté
de acuerdo en las "formas," sí está de
acuerdo en el "fondo", quiero decir el master sabe que
el "peso de informar" al pueblo está por encima
de los "convencimientos" y "las amistades"
personales, incluso para él, dueño y señor
de este modesto medio de información. Le reconocemos su
aguante, imparcialidad y su ética de periodista en estos
asuntos de la información, aún cuando ésta
va en su contra, eso es tener "sangre periodística"
y llevar bien los pantalones, mis respetos para Usted.
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Vamos
a hablar de una de las parejas más triunfadoras de
nuestro pueblo, naturalmente, me refiero a Jacinto Rivera
y "la dama del billete", doña Abigail de
Rivera. Igual que para todo el mundo, no por el billete,
sino por costumbre y cortesía, mis respetos para
esta pareja. |
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Esta
no es una muestra de doblegarse ante nadie por muy magnate que
sea, esto es sencillamente poner sobre la mesa unas realidades
de una pareja de negociantes que ha triunfado en el mundo de los
negocios y ayudado a nuestro pueblo Intipucá. Aquí
no somos una banda de "anti-abigailes" o "fmlnista"
enfrentados a Unidos por Intipucá, aquí no estamos
en contra de la gente adinerada, esos "derrochadores, devoradores
de lujos y comodidades", como dicen por ahí algunos.
Aquí estamos para contar hechos y realidades de nuestra
gente, ricos y pobres, a nuestro modo y con nuestro estilo. Así
es este medio. Punto.
Esto
servirá de prueba para aquellos que creen que aquí
solo se acosa y se hostiga a los ricachones y sus familias por
placer o por envidia, gran falsedad esa es. La pareja de los Rivera,
"gentuza adinera" como dicen por ahí algunos
sueltos de lengua, se lo ha trabajado, gota a gota, con sudor
en la nuca y sacrificio, se merece una modesta mención,
aquí en este medio de información, no para indemnizarles
por algún que otro dolor de cabeza causado, sino porque
representan una realidad más de nuestro pueblo. Hoy se
la vamos contar, a pesar de las diferentes opiniones entre los
integrantes del equipo de intipucacity.com, que no han sido pocas,
como en las grandes salas de interminables reuniones de los poderosos
medios de información, se han expuestos los argumentos
en contra y a favor y al final ha prevalecido "la prioridad
de informar" sobre todas las demás.
"Paradójico,
el mismo medio que antes les sacó los chunches al sol,
con aquellos escándalos de los hijos, que tanto ruido hicieron,
ahora viene y los pone en todo lo alto", para los que piensan
así, como he dicho antes y como lo repito ahora, aquí,
cherada, hay diversidad de opiniones y libertad de pensamiento.
Fíjense, tanto es así que incluso nos vamos atrever
a desmangar y contravenir algunos de los argumentos del propio
"macizo", el amo y señor de Intipucacity.com,
el equilibrista y gran pensador, el Sr. Carlos A. Velásquez.
¿Quién
debe llevar los pantalones?
Hace
unas semanas, el master Carlos A. Velásquez, publicó
aquí un artículo sobre quien llevaba los pantalones
en la pareja de los Riveras, citando a la Biblia para argumentar
quien debía llevar esta prenda, si el hombre o la mujer.
En el artículo más menos decía que el hombre,
por ser hombre, debe de llevar las riendas de los negocios y las
grandes decisiones en la vida de la pareja, en este caso en la
vida de los Riveras, cosa que nos parece un poco desencaja de
razón, por los argumentos que, enseguida, exponemos.
Si
dentro de la pareja, es el hombre quien posee las mejores habilidades
para manejar los dineros y los negocios de la familia pues que
sea él quien lleve esos asuntos, si por el contrario resulta
que es su mujer la mejor, la más dotada, la mas águila
para estos temas, pues que se encargue ella de los dineros y de
las gestiones empresariales. Si ambos son unos tigres para los
negocios, suerte para ellos, pues que se lo repartan. Así
de sencillo, así de lógico.
En
el razonamiento humano, no cabe meter a la mujer al saco de la
inferioridad frente al hombre simplemente por el hecho de ser
mujer o porque la primera de corintios, capítulo 11, versículo
3, diga que las mujeres deben estar sujetas o atadas a los hombres
en todo, como quien dice deben ir a rastras por detrás
y hacer lo que manden los hombres.
Tengo
dos hermanas, una madre, 4 tias y muchas amigas. Mi madre es más
o menos 3 veces más rápida que yo echando cuentas
y haciendo cálculos de ingresos y gastos, y me doble la
edad. Mi hermana en casa es quien lleva los "pantalones",
las cuentas del "negocito" y pone a mi cuñado
"firme" y "cuadrado", no voy a decir quien
de ellas, no vaya ser que me mete en líos, ya los tengo
con esto que estoy escribiendo sobre los Rivera. Lo que quiero
decir es que las mujeres, esas pocas que hay, cuando se "ponen
los pantalones" más vale dejarlas ir por su cuenta
sin molestarlas demasiado, porque sino, este tipo de hembra, te
lleva por delante sin enterarse. Creo que la seño de Rivera
es una de estas, tiene un carácter especial y puede llegar
a pescocear a cualquiera que se le entrometa (esto no es un dato
científico, solo mi opinión).
Master,
aquí no le sigo, en la esencia de la razón, lo de
corintios es un disparate. Si las mujeres son las que tienen que
llevar el hogar, los hijos, la cocina, la plancha, la escoba,
los trampiadores, y demás chunches de la casa, pues que
se ocupen ellas de eso, no por ser mujeres, sino porque están
mas dotadas para eso, o mejor dicho porque sino se inundaría
la casa de basura, de mugre, de trapos, calcetines, y calzones
sucios, en fin seria un solo desmadre.
Sí
seguimos la lógica de la primera de corintios, volveríamos
a la era cuaternaria, cuando un hombre cavernícola, agarraba
a una mujer por la cintura, la arrastraba de las mechas por el
suelo, se la ponía sobre sus hombros y desaparecía
entre la llanura, ...¡así quedaba atada al hombre
en todo!
En
el mundo de la lógica, no digo en la realidad del día
a día, es él "merito" el que cuenta y
no la condición del sexo, la raza, la religión,
etc. para desempeñar un cometido, ya sea en un negocio
familiar, una institución pública, o un trabajo
en una empresa privada. Abigail de Rivera parece haber demostrado
ser una "gavilana con garras", una maquina fotocopiadora
para hacer dinero, esa mujer tiene una pasión especial
para los negocios, yo no le hago la pelota, ahí esta el
resultado, no me lo invento, y su marido, aparentemente, la complementa
con ese semblante, ese talante de señor serio, respetuoso,
amable y responsable que manifiesta poseer.
Este
es un resumen, desde mis vagos recuerdos de niño, de la
aventura en el mundo de los negocios de los Riveras, y como se
han repartido esa tarea entre los dos. Les ofrezco mis humildes
disculpas, si hay algún error de cálculo, soy salvadoreño
como el resto.
LOS
RIVERAS
Intipucá,
principio-mediados de los 1970s. Abigail y Jacinto, un joven matrimonio,
ambos de familias humildes, como casi todos los intipuqueños
de aquel entonces, empezaban abrirse camino en la vida como pequeños
comerciantes. La vida era simple y sencilla, sin celulares, ni
alarmas, ni artilugios modernos, solo el cambio normal y apacible
del día a la noche. Su negocito, una triste mesa de madera
de cuatro patas con unas cuantas verduras, hortalizas, y granos,
tipo tomates, repollos, aguacates, remolachas, guayabas, marañones,
frijoles, papas, zunganos, pepinos, arroz y cositas por el estilo
dentro de la pequeña casa de la niña Lina Arias,
madre de Abigail.
El
plan de marketing, al más puro estilo mercadito la cruz,
era simplemente "si no compra no mayugue". La clientela,
las cheras amas de casa del barrio, como la mamá del chero
Nango, niña Juana, Catocha, Chenta, niña Jacovita,
Delmis, Celina, etc. y algún que otro andante que pasaba
por esa calle en dirección a El Amatal por el lado de la
bajada de don Brígido. Ya entonces la joven Abigail era
quien llevaba la batuta y la relación con estos clientes
fijos y con aquellos clientes potenciales, esos que vivían
más lejos del barrio, mientras su marido Jacinto se ocupaba
de reponer la mercancía que se iba vendiendo. A pesar de
la sencillez, la oferta no estaba mal, estaba bien presentada
y la gente agradecía el trato directo y personalizado de
la propia Abigail, "valla pues ya me lo paga la otra semana".
La "otra semana" podría significar "en los
próximos siete días " o en unos cuantos meses.
Eran otros tiempos aquellos. Como decía niña Tina,
madre de Ebenor, dueño de una cabra lechera, que él
mismo ordeñaba, que estaba siempre amarrada en un palo
de "jicaro", "dioguarde", entonces la cherada
era más tranquila y la gente más humilde, más
de fiar.
La
parejita, con esfuerzo, sacrificio y sudor en la frente, se iba
abriendo camino en los asuntos del comercio al por menor. Compraron
una propiedad en el barrio el centro donde ahora está el
actual almacén que lleva Vitelia, hermana de Abigail. Ahí
empezó la aventura de su situación actual de magnates
y negociantes de peso. Jacinto se compró un camioncito
Dyna, color azul de 6 ruedas, de 1 tonelada y media, más
o menos, para utilizarlo como medio de transporte de las mercaderías
que compraban en San Miguel y La Unión para revender en
el recién comprado almacén.
Con
la compra del almacén, que también era su vivienda,
se amplió la gama de productos. Se añadieron las
categorías de los calzados, productos del hogar, jabones,
detergentes, lejías, productos del cuidado del cuerpo,
champús, jabones de olor, pastas de dientes, ropa, productos
de ferretería, clavos, martillos, alambre de cercado, etc.
a la ya existente gama de frutas, verduras, granos, etc. del principio.
De vez en cuanto Jacinto se hacia alguna "jalada" de
arena o cemento para aprovechar mejor el viaje a San Miguel y
ya de paso hacer "billete extra" y aumentar así
el "cash flow" de la gaveta de la tienda, mientras Abigail,
se debatía en la gestión del día a día
de la tienda, con ganas y con garras, no sólo decidida
a plantarle cara al destino, sino dispuesta a arañarlo
y subir el peldaño más alto de la dura escalinata
del éxito. No sé qué comía o que dieta
tenía esta pareja en aquella época, pero las cosas
les iban saliendo bien.
Pronto
el local se les quedó pequeño. Esta gente empezó
a meter el acelerador, se compraron otro camioncito esta vez uno
de color rojo, y ampliaron la tienda convirtiendo parte del solar
de atrás también en almacén. Yo recuerdo,
que allá, atrás en el solar había un palo
de papaya, y nos metíamos con Quincho y Milo, los hijos
de Margo, la "rezadora" (la que cobraba medio tostón
por cada velorio), pues allá por el lado del solar de Lupe
Gallo, entrábamos a robar las papayas de la tienda, ahí
mirábamos al pequeño José Luis, de unos 2-3
años, salivoso como era él de pequeño, junto
al montón de cajas vacías de todas las ventas que
esta pareja hacía en la tienda. Qué bárbaros,
en menos de cinco años ya tenían la mejor tienda
de Intipucá a tope y en marcha, recta como la punta de
una lanza, apuntando hacia lo más alto, hacia el cielo.
Ya
a principios de los 80s, atrás quedaba, relegada en el
olvido más absoluto, aquella triste mesa de cuatro patas,
llena de frutas y verduras, aquel humilde comienzo se había
transformado en un gran almacén, el más grande y
más avanzado de Intipucá. Había ya tanto
molote a diario en el interior de esa tienda, que se les empezó
a quedar grande de mangas, y Abigail, ágil, con la visión
de un águila voraz, decidió contratar personal,
del más cualificado del pueblo, para ayudarle a despachar
y vender en la tienda y seguir creciendo. Por ahí pasaron
muchos personajes, entre otros Frijolitos, las Chachas de don
Beto, Moy, Irma, Maucito, (todos hijos de Mampo), algún
que otro hijo de la Chele, Naún, etc.
Poco
antes de los mediados de los 80s (no recuerdo muy bien, es la
fecha más exacta que puedo darles), cuando la guerra se
puso un poco más "cabrona", ya con la tiendota
yendo viento en popa, los Riveras deciden tirar la toalla para
abandonar Intipucá, el pueblo de toda la vida, el pueblecito
chiribiscoso que les vió nacer, el que tanto llegarían
a querer y echar en falta. Así es la vida de jodida algunas
veces, cuando ya ves que tienes la vida resuelta, pungún,
otra vez te encuentras con el saco roto y con los volados tirados
allá en tierras lejanas obligados a volver a empezar de
cero, una vez más.
Como
muchos cientos de intipuqueños, la pareja Rivera, se lo
pensó dos veces, pero al final el desmadre total de la
guerra estaba a la vuelta de la esquina a punto de estallar, solo
cabía una salida: dejarlo todo, la familia, la casa (aquella
casona hermosa enfrente del antiguo cine de Lupe Gallo), la tienda,
algunos ahorros, los amigos, etc. para emprender viaje rumbo a
"Di Si", la capital de los Yunaired Estéis.
Gracias
a los ingresos de la buena gestión hecha en el negocio
de la tienda, los Riveras marchan a EE.UU. sin pasar por las tinieblas
de cruzar la frontera de forma clandestina, como la gran mayoría
de intipuqueños, incluido yo este humilde servidor que
pasó por Tijuana a las 4 de la madrugada un domingo 23
de marzo de 1986. Aunque en sus pasaportes ponía visa de
turistas, su intención final seria de la emprender negocios
ahí y convertirse en gente de peso, en una de las familias
más "millonarias" de Intipucá.
Así
pues llagados a EE.UU., y una vez superada la etapa de choque
y adaptación, rápidamente se ponen manos a la obra
y en pocos meses abren en la Columbia Road, una tienda de productos
típicos de El Salvador llamada el Gavilán para toda
la entonces recién llegada y creciente cherada que se iba
estableciendo en la zona de la calle 18, la Columbia Road y la
Mt. Pleasant.
De
ahí en adelante, siempre con esfuerzo, ganas, habilidad
y, ¿cómo no?, también, ambición, de
la buena, de esa que utilizan los deportistas para ganar "el
oro" en las olimpiadas, los Riveras empezaron una línea
de subida vertical en todo aquello que se metían: mini
markets, restaurantes, peluquerías, compra de locales,
centros comerciales, y hasta las ultimas movidas inmobiliarias
de esas de 10.000.000 de dólares en adelante.
Actualmente
los Riveras, son gente con la vida económicamente resuelta,
pero no bajan la guardia, siempre encima del caballo, especialmente
"la seño", administrando las cosas con ojo clínico
por sí las moscas. Se han relacionado con gente de la más
adinerada del país como la familia Calderón, Sol,
etc. No se sabe a cuanto asciende su patrimonio, pero ellos son
ahora mismo una de las familias más aventajadas en cuestiones
de dinero y con más fortuna de nuestro pueblo. Pero toda
esa fortuna no ha sido gratis, hay mucha gente que conoce como
fueron sus comienzos, el aguante y el sacrificio que, al parecer,
se sometieron para llegar a la situación de privilegio
en la que ahora están.
En
cuanto a las aportaciones que ha hecho la familia Rivera al pueblo,
son bien conocidas, el estadio, el terreno de la casa de la cultura,
colaboración en proyectos de mejora de algunas calles,
ayuda con el agua potable, organización de las fiestas
patronales, etc.
El
problema que la cherada debe tener con esta familia es que solo
ven la vida de grandes lujos de la que ahora disfrutan, y la vida
de comodidades que ofrecen a sus hijos. A la cherada a veces se
nos escapa que cuando uno le ha "volado riata" toda
la vida, tiene derecho hacer con el fruto de ese sacrificio lo
que le dé la gana, mandar a su hija a un viaje de un año
por Europa con gastos pagados, comprarle a su hijo de 18 años
un BMW 740, o mandarle un bouquet de flores de 2,000 dólares
al embajador de EE.UU. en San Salvador. Cuando el dinero es abundante
después de haberte "pijiado", puedes tirarlo
al fuego si quieres, es tu sacrificio, es tu elección.
Lo
que cuenta es que Abigail y Jacinto han triunfado partiendo desde
cero y, como no se puede rebobinar el tiempo, no pueden educar
a sus hijos con aquel nivel de prudencia y economía de
los años 70s y 80s en Intipucá. Cierto, dicen que
lo peor y lo mejor que le puede pasar a uno es nacer en una familia
millonaria, peor, porque lo más normal es que uno se convierte
en un ser extremadamente vago, y mejor, porque, aunque no tengas
nunca un trabajo, no te vas a morir de hambre.
Al
final, que lleve los pantalones la
"Seño del caich", "la dama del billete",
la "mera-mera", "la maciza", "la distinguida
dueña de Intipucá", "la vieja, la maitra
del saco verde" entre otros tantos nombres
que le adjudica la plebe, porque tiene más garras, más
carácter, más agallas, más pasión
para los temas de dinero, aunque eso de los pantalones no es lo
importante, es solo una metáfora. Lo importante es que
Jacinto y Abigail se han "cachimbiado" y le han "volado
riata" juntos toda la vida codo a codo, para tener toda esa
fortuna la cual ahora disfrutan, no les calló del cielo,
se la han ganado luchando.
Si
hay que hacerles algún reproche o sugerencia, yo les pediría,
humildemente como es mi estilo, que vuelvan a mostrar el mismo
nivel de movilidad para seguir adelante con las ayudas al pueblo
como en los mejores tiempos desde esa posición privilegiada
de la que gozan, con respecto al resto de los mortales, independientemente
de quien gobierne en el pueblo. Si vamos ayudar sólo cuando
esté de turno el gobernante dócil y manso, ¡púchica,
así no se puede! Cierto, hay una cuestión de méritos
y esfuerzos que repartir y adjudicar, entre otros al propio alcalde,
Unidos por Intipucá, este medio servidor, etc., todos ahí
a la espera de quien sabe qué, con un baile de miradas
cruzadas como en un juego de póquer donde hay cuatro matones
en una mesa, con las frentes fruncidas y las cartas apretadas
a los dedos, con el juego parado, todos estirando el tiempo al
máximo.... Lo que intento decir es que la inoperancia llama
a la inmovilidad y ésta convida a la haraganería
y ésta última es la que lleva a los pueblos a la
ruina.
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