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Mientras
el huracán Dean saca sus dientes en las aguas del Caribe,
a más de 500 kilómetros al noreste del Gran Arco
de la Boca, una pequeña borrasquilla veraniega manda al
suelo parte del Estadio “Unidos
por Intipucá”, nuestro gran orgullo
arquitectónico. Que desgracia para los tiburones rojos,
ahora que el equipo empezaba a despegar.
Los
pueblos de todo el mundo desde tiempos prehistóricos se
han identificado con sus edificaciones. De hecho, las 7 maravillas
del mundo son todas obras arquitectónicas que nos han servido
para identificarnos y reiterarnos como pueblo.
El
Gran Arco de Oriente no es una excepción. Todo lo contrario.
Intipucá es la esencia de ese “feeling” de
grandeza por dominar las artes de las grandes edificaciones.
Si
hay una construcción emblemática por excelencia
en nuestro pueblo, esa es el Estadio “Unidos por Intipucá”,
no solo por el nombre con el que está bautizado sino por
que en su construcción se dieron todos los ingredientes
que nos definen como pueblo, incluidos el esfuerzo, el sacrificio,
el desacuerdo, el buchinche, la desconfianza, el protagonismo
desmedido de algunos, en definitiva, la pasión de la gente
por el pueblo.
En
el esfuerzo para construirlo hubo de todo: donaciones de la gente,
del Estado, fiestas de recaudación, movilizaciones, mucha
ilusión por parte de algunos, desilusiones por parte de
otros, etc. Sin embargo el esfuerzo se saldó con una inauguración
a lo grande donde acudieron políticos, funcionarios públicos,
los denominados “señores del cash” y mucha
gente de todos los rincones posibles e inimaginables.
El
partido entre empresarios del Norte y la selección del
Mundial España 82, con el “Magico” a la cabeza,
fue el plato fuerte de la jornada inaugural aquel 1 de marzo de
2004. El notición sonó fuerte hasta en la sección
deportiva del todopoderoso Washington Post en DC, la otra villa
intipuqueña.
A
pesar de algunas contradicciones, la hazaña había
sido posible finalmente. El esfuerzo colectivo de un pueblo entero
se veía reflejado en el brillo a contraluz del verde del
“zacatillo” del campo, mientras corrían tras
la pelota los cuarentones seleccionados en ambos equipos, aquel
hermoso mediodía. Al final el resultado fue de 1-2 a favor
de los del Mágico González.
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Años mas tarde, el costado este del estadio se viene al
suelo inesperadamente debido a la humedad acumulada por las lluvias
en los cimientos. Ya se han alzado algunas voces pediendo explicaciones
y culpabilidades. No es para menos. Nuestra gran obra maestra
yace por los suelos.
Es
una muy mala noticia para los señores del cash, para los
aficionados y para toda la colectividad ver como se viene abajo
aquello que tanto dinero y dolor de cabeza nos costó, además
del golpe simbólico que esto supone para el equipo y para
aquellos que más se implicaron en el proyecto.
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Yo
según lo que he visto, creo que se trata, más
que de un fallo en la manera como están construidos
los muros, de una falta de previsión de la filtración
de agua en los cimientos. Hay un pequeño desnivel entre
el terreno del campo y el solar colíndate de unos 60-80
centímetros (ver imagen).El muro se eleva en la parte
baja dentro del terreno del estadio y el solar colíndate
queda como haciendo “carga” en el lomo del muro.
Con el agua caída de las lluvias, se han abierto unas
grietas entre el muro y la tierra del solar colindante. |
| Por
esas grietas se ha ido metiendo el agua, causando una gran
concentración de humedad, lo suficiente como para provocar
el desplome. |
No
soy ningún arquitecto aunque esa sea mi gran pasión.
La explicación es puro sentido común. En mi casa
tuve ese problema en una de las paredes del solar y yo mismo con
una pala, un poco de agua, arena y cemento di solución
al asunto. Tapé la grieta con cemento, evitando le entrada
de agua y la acumulación de la humedad. Problema zanjado.
Claro que solo era una pequeña grieta de 30 centímetros.
En
el caso del estadio, me temo que esta solución no es aplicable
por que los muros ya están en el suelo. No queda otra que
quitar los escombros y volver a levantarlos.
Si
sirve de algo, la sugerencia es que la directiva del ADI, la Alcaldía
y demás implicados contacten con el constructor realizador
de la obra para que haga las reparaciones pertinentes. Naturalmente,
el pequeño detalle de “quien
paga” será lo más delicado
y espinoso del asunto. Me temo que yo en esa parte no les sirvo
de mucho. Aunque también hay que decir que esos muros sólo
han durado poco más de 3 años y visto el resultado
final lo más normal es que el constructor original sea
el que acarree con los costos. Mucho me temo que aquí habrá
mucha discordia.
| De
todas las maneras, el problema ha de solucionarse de una forma
u otra y hay que dar gracias a nuestro Jefe y Patrón,
San Nicolas de Tolentino, que el muro no aplastó a
nadie. |
| El
Maracaná Intipuqueño tiene que volver a brillar
como en aquella esplendida tarde de su inauguración
y ser lo que ha sido estos últimos 3 años: el
orgullo arquitectónico del esfuerzo colectivo de nuestro
pueblo y la fortaleza impenetrable de los tiburones rojos.
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Buenas
Noches y Buena Suerte.
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