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Marzo 2006
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El Maracaná de Intipucá se Viene a Pique

Por: José Manuel (Salarruepucá) uno de los mejores escritores del "Gran Arco de la Boca" de este nuevo siglo, con su estilo tan peculiar de expresar las cosas se ha ganado el corazón de muchos salvadoreños que visitan este portal cibernético.

Mientras el huracán Dean saca sus dientes en las aguas del Caribe, a más de 500 kilómetros al noreste del Gran Arco de la Boca, una pequeña borrasquilla veraniega manda al suelo parte del Estadio “Unidos por Intipucá”, nuestro gran orgullo arquitectónico. Que desgracia para los tiburones rojos, ahora que el equipo empezaba a despegar.

Los pueblos de todo el mundo desde tiempos prehistóricos se han identificado con sus edificaciones. De hecho, las 7 maravillas del mundo son todas obras arquitectónicas que nos han servido para identificarnos y reiterarnos como pueblo.

El Gran Arco de Oriente no es una excepción. Todo lo contrario. Intipucá es la esencia de ese “feeling” de grandeza por dominar las artes de las grandes edificaciones.

Si hay una construcción emblemática por excelencia en nuestro pueblo, esa es el Estadio “Unidos por Intipucá”, no solo por el nombre con el que está bautizado sino por que en su construcción se dieron todos los ingredientes que nos definen como pueblo, incluidos el esfuerzo, el sacrificio, el desacuerdo, el buchinche, la desconfianza, el protagonismo desmedido de algunos, en definitiva, la pasión de la gente por el pueblo.

En el esfuerzo para construirlo hubo de todo: donaciones de la gente, del Estado, fiestas de recaudación, movilizaciones, mucha ilusión por parte de algunos, desilusiones por parte de otros, etc. Sin embargo el esfuerzo se saldó con una inauguración a lo grande donde acudieron políticos, funcionarios públicos, los denominados “señores del cash” y mucha gente de todos los rincones posibles e inimaginables.

El partido entre empresarios del Norte y la selección del Mundial España 82, con el “Magico” a la cabeza, fue el plato fuerte de la jornada inaugural aquel 1 de marzo de 2004. El notición sonó fuerte hasta en la sección deportiva del todopoderoso Washington Post en DC, la otra villa intipuqueña.

A pesar de algunas contradicciones, la hazaña había sido posible finalmente. El esfuerzo colectivo de un pueblo entero se veía reflejado en el brillo a contraluz del verde del “zacatillo” del campo, mientras corrían tras la pelota los cuarentones seleccionados en ambos equipos, aquel hermoso mediodía. Al final el resultado fue de 1-2 a favor de los del Mágico González.

3 Años mas tarde, el costado este del estadio se viene al suelo inesperadamente debido a la humedad acumulada por las lluvias en los cimientos. Ya se han alzado algunas voces pediendo explicaciones y culpabilidades. No es para menos. Nuestra gran obra maestra yace por los suelos.

Es una muy mala noticia para los señores del cash, para los aficionados y para toda la colectividad ver como se viene abajo aquello que tanto dinero y dolor de cabeza nos costó, además del golpe simbólico que esto supone para el equipo y para aquellos que más se implicaron en el proyecto.

Yo según lo que he visto, creo que se trata, más que de un fallo en la manera como están construidos los muros, de una falta de previsión de la filtración de agua en los cimientos. Hay un pequeño desnivel entre el terreno del campo y el solar colíndate de unos 60-80 centímetros (ver imagen).El muro se eleva en la parte baja dentro del terreno del estadio y el solar colíndate queda como haciendo “carga” en el lomo del muro. Con el agua caída de las lluvias, se han abierto unas grietas entre el muro y la tierra del solar colindante.
Por esas grietas se ha ido metiendo el agua, causando una gran concentración de humedad, lo suficiente como para provocar el desplome.

No soy ningún arquitecto aunque esa sea mi gran pasión. La explicación es puro sentido común. En mi casa tuve ese problema en una de las paredes del solar y yo mismo con una pala, un poco de agua, arena y cemento di solución al asunto. Tapé la grieta con cemento, evitando le entrada de agua y la acumulación de la humedad. Problema zanjado. Claro que solo era una pequeña grieta de 30 centímetros.

En el caso del estadio, me temo que esta solución no es aplicable por que los muros ya están en el suelo. No queda otra que quitar los escombros y volver a levantarlos.

Si sirve de algo, la sugerencia es que la directiva del ADI, la Alcaldía y demás implicados contacten con el constructor realizador de la obra para que haga las reparaciones pertinentes. Naturalmente, el pequeño detalle de “quien paga” será lo más delicado y espinoso del asunto. Me temo que yo en esa parte no les sirvo de mucho. Aunque también hay que decir que esos muros sólo han durado poco más de 3 años y visto el resultado final lo más normal es que el constructor original sea el que acarree con los costos. Mucho me temo que aquí habrá mucha discordia.

De todas las maneras, el problema ha de solucionarse de una forma u otra y hay que dar gracias a nuestro Jefe y Patrón, San Nicolas de Tolentino, que el muro no aplastó a nadie.
El Maracaná Intipuqueño tiene que volver a brillar como en aquella esplendida tarde de su inauguración y ser lo que ha sido estos últimos 3 años: el orgullo arquitectónico del esfuerzo colectivo de nuestro pueblo y la fortaleza impenetrable de los tiburones rojos.

Buenas Noches y Buena Suerte.

José Manuel "Salarruepucá" josemanuel@intipucacity.com

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