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Marzo 2006
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Héroe Caído y Olvidado

Por: José Manuel (Salarruepucá) uno de los mejores escritores intipuqueños

Se llamaba Natividad Méndez Ramos, “Native” para sus familiares y amigos. Fue a “construir una democracia” a un país lejano, y vino envuelto en una bolsa de plástico oscura, reservada especialmente para héroes caídos en combate.

Tenía la terrible edad de 19 años, cuando lo ametrallaron en una emboscada cerca de la ciudad de Nayaf, en Irak, tierra maldita donde el terror y el espanto espeluznan a todo el que respira.

Native no era un soldado cualquiera, era un personaje especial. Según los registros del ejército, de todos los salvadoreños, tenía el ranking numero 13 como franco tirador y el número 19 en la especialidad de contraterrorismo, además de haber pasado con altos honores la escuela de paracaidismo, lo que le valió el pasaporte al infierno iraquí. Una terrible pesadilla para su madre y sus hermanos, y una desgracia para su patria, en dónde pocos entienden como es que nuestros dirigentes políticos se permiten la locura de mandar a la hoguera a jóvenes inocentes bajo la bandera de “queremos contribuir a la Democracia”, cuando todos sabemos los abismos y necesidades que tiene nuestra propia proeza democrática en nuestro propio país. Es poco menos que un insulto a la inteligencia ciudadana, por muy diminuta que ésta pueda parecer a los ojos de los políticos, pensar que nuestras fuerzas en Irak están participando en una tarea para la reconstrucción de la Democracia. Eso es una guerra abierta en donde lo único que cuenta es aniquilar al enemigo, como sea, así son las guerras. A Native le tocó pasar por ese ahí y desgraciadamente no sobrevivió para contárnoslo.

Native no era únicamente soldado experto, era el hijo ejemplar dentro de su familia, entonces, compuesta de cinco miembros, Herminia Ramos, su madre, María, su hermana, Martín y Marcos, sus dos hermanos, y Native, el sacrificado. Todos quedaron huérfanos cuando su padre, Moisés Méndez Beltrán, murió de una enfermedad cuando Native tenía sólo 5 años. Native no tuvo otra opción que echarse a la familia a hombros y sacarla adelante frente a la dureza y los obstáculos, que surgen por todos lados, cuando se nace en una familia pobre, humilde y honesta en El Salvador, como era la Familia de Native.

Se enlistó en el ejército salvadoreño el 1 de agosto de 2000. Todo su sueldo, el mínimo: los 160 dólares al mes, lo destinaba al presupuesto familiar, los 3 tiempos de comida, el calzado, la ropa y el pasaje del bus para ir a la ciudad de todos sus hermanos menores. Native ascendió rápidamente al rango de soldado especializado y su sueldo llegó a los 240 dólares al mes. Con el aumento, Native consiguió instalar los servicios básicos que, hasta entonces, no tenían: agua potable y electricidad. Native también arregló las paredes y los cimientos del modesto ranchito familiar donde había nacido y jugado con sus hermanos. Así era Native, sensato, reflexivo y responsable con su familia y también con su país.

El domingo 4 de abril de 2004, Native fue ametrallado por insurgentes Iraquíes in las inmediaciones de la ciudad de Nayaf, al sur de Irak. Llevaba un radio transmisor PRC-77 en su espalda, un fúsil M-16 entre sus manos, y un casco de color beige decorado con el Escudo Nacional en medio de las tres franjas horizontales de nuestra Bandera Salvadoreña que, curiosamente, simbolizan el Pacífico y la Paz. Según Daniel Valencia, un periodista que entrevistó a uno de los compañeros de Native en Irak, “en un montículo de arena, que tenía que superar para llegar al otro lado de la calle” donde aguardaban los refuerzos.

“ahí fue donde un proyectil lo alcanzó en el costado derecho, a la altura del pecho, lo atravesó de lado a lado”. “El se arrastró hasta la mitad de la calle”, continua la entrevista, mientras los insurgentes descargaron la ira de sus fusiles sobre su cuerpo. “De ahí, Native no se levantó” finaliza la entrevista.

El 9 de abril de 2004, los restos de Natividad Méndez Ramos llegaron a su cantón natal, San Andrés, jurisdicción de Guaymango, en el departamento de Ahuachapán, para ser velados por sus amigos y familiares, después de todo el marketing patriótico y la vela heroica por parte de los políticos.

En la actualidad, a casi tres años de la muerte de su querido Native, la señora Herminia Ramos, viuda y madre del héroe nacional, sigue sin recibir la indemnización prometida por parte del Estado Salvadoreño. La señora Ramos y los hermanos de Native siguen yendo a la misma letrina de siempre a hacer sus necesidades físicas, cosa que el Gobierno también había prometido subsanar construyendo a la familia una casa “digna” para una madre “digna” de un gran héroe nacional. ¡Que desgracia! Del heroísmo de Native, ya sólo queda la indiferencia y el olvido.

La honra, la sensatez, la valentía y el sacrificio que Native demostró tener para creer que contribuía a la construcción de la Democracia de aquel lejano país son precisamente los ingredientes que le faltan a nuestro Gobierno para hacer honor a su promesa de indemnizar y construir una vivienda digna a la madre del héroe nacional y contribuir así a tapar los baches y agujeros de nuestra propia Democracia, como lo hizo el soldado Native cuando obedeció la orden de ir a pelear a tierras Iraquíes.

José Manuel "Salarruepucá" josemanuel@intipucacity.com


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