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El
ex diputado Suplente de la Unión, Roberto Carlos Silva,
ha decido tomarse unas vacaciones por ahí y ordenar sus
ideas sin que nadie lo moleste, a pesar de que el dichoso papel
amarillo de la orden de captura lleve su nombre impreso en mayúsculas.
| El
diputado no se inmuta porque la orden de detención
lleve su nombre encima. Según él, es inocente
y se lo toma "al suave" y con muchísima
tranquilidad, además, tiene la decencia de enviar
una nota de cortesía a los medios de comunicación
acompañada de una foto en donde se le ve “desestresadamente”
leyendo los resultados de los partidos de fútbol
del domingo en el diario Mas. Es lo que suele hacer un ciudadano
inocente cuando se va de vacaciones, leer un poco la prensa.
La nota enviada dice, con toda la pasividad del mundo: “Mi
intención es refugiarme y esperar el tiempo prudencial
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| para
que la sala de lo penal (de la Corte Suprema de Justicia)
estudie mi caso y sean ellos el órgano que decida las
medidas sustitutivas a mi detención”. |
“Medidas
sustitutivas”, “la Corte Suprema”, “estudie
mi caso”, “tiempo prudencial,” a la
que perfectamente podría añadirle “mientras
yo me tomo una horchata”. Total, a él no le corre
ninguna prisa. Parece que a nuestro ex diputado, la justicia le
interesa sólo según sus propios términos.
¿Desde cuando un presunto delincuente impone las condiciones
bajo las cuales se le ha de juzgar? Esto es, como diría
Joaquín Chávez el Chero, de “miarse de la
risa”. Supongo que es lo que el Sr. Silva esta haciendo
con la justicia salvadoreña, aunque él no se dé
cuenta.
Es
triste, penosa y, hasta, sospechosa la actuación de todos
los actores implicados en toda esta movida. Primero, a los magistrados
se les ocurre anunciar la detención del presunto político
acusado de cohecho y blanqueo de dinero a los medios de comunicación
12 largas horas antes de enviar la orden de captura a la PNC,
cuerpo encargado de ejecutar la detención. Acto seguido,
el fiscal y la PNC protestan por la tardanza de medio día
de la dichosa orden. Después los magistrados se defienden
alegando que la orden de captura era aquella que ellos mismos
habían transmitido inicialmente a través de los
medios de comunicación, pensando en que airando la noticia
por los televisores llegaría antes a los agentes de seguridad,
cuando la ley explícitamente manda que las ordenes de captura
de presuntos delincuentes, malhechores o imputados, sean ejecutadas
por la policía nacional civil debidamente firmadas y autorizados
por un juez o magistrado, y que los agentes deberán entregar
una copia de dicha orden de detención al detenido. Es tan
surrealista el caso que sólo se puede comparar con un episodio
de esos dibujos animados de la Warner en donde las hazañas
y las torpezas de las autoridades son tan exageradas que se vuelven
sorprendente llamativas.
Antes
de la fuga, nuestra joven Democracia iba arrastrándose
por los suelos, como una larva, con ciertas dificultades al ritmo
de sus propias posibilidades, pero, en todo caso, lentamente hacia
delante. Ahora con lo sucedido queda claro que en El Salvador
se puede ser el hombre más buscado del planeta y salir
tranquilamente por una puerta de cristal transparente delante
de las narices de todas las fuerzas de seguridad.
Quedan
muchas y grandes interrogantes en el aire sobre las actuaciones
de todos los implicados en este increíble episodio, desde
que ha sido el resultado de la incompetencia o descoordinación
más exuberante de los últimos 15 años, hasta
algo, quizás, más planificado. Yo prefiero pensar
que sólo somos unos grandes inútiles. En cualquier
caso, esperamos que la justicia actúe y repare esta barbaritis
que estamos padeciendo.
José
Manuel
"Salarruepucá"
josemanuel@intipucacity.com
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