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Bueno
puede que Wendy tenga sus razones para dar ese donativo, al final
siempre hay una razón. Wendy nunca cruzó una frontera,
con frío, debajo de un tren, nunca vio parir a una chancha,
nunca usó un “escusado”, nunca fue al rió
a lavar ropa, nunca sembró una milpa, nunca pasó
hambre, nunca vivió una guerra, ...Wendy no sabe que es
vivir en la miseria, en un país golpeado por la pobreza
y la ignorancia. Puede que estas sean sus razones para dar ese
dinerito a la joven Sara Guadalupe Ríos y su familia. Ella
es solidaria, o por lo menos, es una buena señal de querer
serlo.
Bueno
a donde quiero caerles es que, nosotros los Intipuqueños
y demás hermanos salvadoreños, los que ya hemos
superado esa fase cabrona de inmigrante, desorientado, sin trabajo,
sin dinero y con la jarana del viaje a media cuesta, que conocimos
y vivimos de cerca aquellas crudas y tremendas realidades de la
guerra y la pobreza que ahora nos parecen tan lejanas, casi olvidadas,
de nuestra niñez o juventud, por qué no echar una
mano, ahora que ya hemos superado esa parte negra de nuestras
vidas, a esa tal Wendy en su afán por ayudar a los jóvenes
de nuestro pueblo a que se superen allá donde hace falta,
en las Universidades. Es lo que, con toda la inocencia del mundo,
querría Wendy, la otra Wendy, la niña de 5 años,
a cuyo nombre se debe el programa de Becas de Intipucá.
Buenas Noches y Buena Suerte,
José
Manuel
"Salarruepucá"
josemanuel@intipucacity.com
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