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¿7 de noviembre, Por qué Votar?

Por: José Manuel (Salarruepucá) uno de los mejores escritores intipuqueños

Hace algunas unas semanas conocí a un doctor en comunicación, muy rápido de neuronas y con un buen “gancho” para el argumento. No sé como terminamos hablando del derecho a voto de los ciudadanos, de votar en elecciones para alcaldes, diputados, presidentes, etc. Yo fui directo al grano, “vos votaste” le pregunté, y para mi sorpresa el doctor me contestó “a partidos políticos yo no voto, son todos unos mafiosos”.

Era la primera vez que me topaba con alguien de cierto nivel académico e intelectual que no votaba por principios, principios que siempre había encontrado a camionadas en otro tipo de personas: albañiles, camioneros, plomeros, lavaplatos, jornaleros, carpinteros, vendedores de la calle, en fin, en la clase trabajadora de la población, harta de los políticos.

Lo del doctor es una muestra más del divorcio entre la ciudadanía y los partidos políticos. La gente está asqueada de promesas incumplidas y del engaño masivo de los políticos. “Es una vergüenza”, “se lo hartan todo ellos”, “todo es una mafia, jodidos mañosos”, son los tipos de frase más utilizados. Tristemente optan por no votar, por no participar en la farsa y el engaño de la política. Error monumental, si lo vemos más detenidamente.

Cuando votamos, participamos y cuando participamos, fortalecemos, por lo menos, el circulo democrático. Cuando no ejercemos nuestro derecho a voto, nos autoexcluimos del “momento democrático”: paradójicamente, el único momento en que todos los ciudadanos somos realmente iguales ante la ley, las instituciones, y todo lo demás, ya que el voto de un pobre muerto de hambre vale igual que el de Bill Gates o George W. Bush, los hombres más poderosos de la tierra. No existe otro momento en el que los individuos ejercen un derecho igual e idéntico en esencia y forma. Si uno va al Ritz (o al Chance Inn), al Children’s Hospital o a una cena al restaurante La Maison Blanche o la cadena del Big Mac, créame que nuestros derechos como ciudadano se verán afectados según nuestra posición social, económica, etc. El único momento en que uno puede alardear de tener el mismo derecho que el de los hombres más poderosos de la tierra es cuando uno se encuentra delante de las urnas echando su voto, aquí todos somos realmente iguales, idénticos, ...anónimos, en todo lo demás se nos trata según quienes somos o qué tenemos.

Si uno decide no votar por las razones que sean, renunciamos a todo lo público como ciudadanos, a que nos suban los impuestos, a que nos llevan a una guerra, a que deporten a nuestros hermanos, a que nos den una manta si hay un terremoto o un huracán. Si no votamos, renunciamos a la organización pública, porque renunciamos a participar en el círculo democrático en la que ella se sustenta, y si renunciamos a participar en el círculo democrático, contribuimos a que el “jodido” político pueda terminar haciendo aquello de lo cual siempre nos quejamos: “es una vergüenza”, “jodidos mañosos”, “se lo hartan todo”.

Finalmente, si uno decide no votar, es su problema, pero tengamos en cuenta que hay más 15 millones de personas en EE.UU. que desearían tener tal privilegio, dicho sea de paso, recordemos que semejante derecho no fue un regalo envuelto en papel de seda con una chonga azul encima, fue una batalla sangrienta entre ricos y pobres en las que muchos de los más débiles dedicaron su vida y su muerte, al derecho del sufragio universal, algo del cual ahora Ud. y yo podemos participar.

José Manuel "Salarruepucá" josemanuel@intipucacity.com


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