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A
pesar de algunos logros y las buenas apariencias, nuestro país,
a veces, se empeña en arrastrarse por el sendero del abismo.
El jueves 7 de septiembre, los diputados de la Asamblea Legislativa
aprobaron un texto de ley -Dictamen 81, 46 votos a favor,
34 en contra- para dar luz verde al Gobierno de ARENA
a emitir bonos a través de la fórmula del “Fideicomiso”
para financiar la deuda de los pensionistas, sin tener que contar
con el apoyo de los 56 votos de los diputados de la Asamblea Legislativa,
tal como marca la Constitución, en materia de emisión
de deuda pública.
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El
artilugio financiero o proyecto de ley aprobado se llama “Fideicomiso”.
El autor: ARENA. La razón se apellida
“las pensiones cuestan demasiado al estado:
419 millones de dólares sólo en el 2006”.
Y el fondo de todo es: “no hay dinero”.
El problema no es sencillo. Es complicado y grave. Se trata
de tapar un gran agujero financiero creado a raíz de
la privatización de la Seguridad Social del
país en 1996. |
En
vista de que los dos partidos mayoritarios, Arena y el FMLN,
no hacen más que tirarse los chunches a la cabeza el uno
al otro, se ha optado por un sistema que sólo retrasa la
bomba financiera para que estalle en otro momento, allá
por el 2026 o 2030. Los dos grandes partidos están radicalmente
enfrentados. En lugar de poner las cuestiones y las posibilidades
sobre la mesa y buscarle una cierta lógica al problema,
lo que han hecho es irse cada cual por su cuenta: ARENA ha presentado
el proyecto de “Fideicomiso” en la Asamblea, y el
FMLN ha votado “no” y se ha marchado a su casa, abandonando
la Asamblea, antes de discutir el dichoso artilugio financiero.
Así estamos: ante un gran problema, los dos partidos más
grandes se radicalizan, culpándose uno al otro. ARENA alega
que es un problema que hay que resolver como sea, mientras el
FMLN alega que el artilugio se salta la Constitución, y
ayuda a las mafias poderosas del país.
Hemos
creído que el problema, aunque no afecta a los intipuqueños
de lleno, sí es digno de un pequeño análisis
por nuestra parte, como para intentar hacer algo de buen
periodismo, ese de primera que gusta algunos.
Vamos
por partes. ¿Qué es “Fideicomiso”?
Es un artefacto legal, técnicamente complicadísimo,
en el que una persona o institución encarga unos bienes
a otra persona o institución para que ésta los gestione
en unos términos acordados previamente. El ejemplo simplificado
sería: yo, el Estado, te encargo a vos, el Banco Cuscatlán,
2,000 títulos, que equivalen a un total de 2,000 pesos,
para que vos los vendas al Fondo de Pensiones (todos los trabajadores
legales del país), a quien más tarde se
le reembolsará por los títulos. Todo esto
estipulado bajo unas bases que se han de acordar, donde figuran
entre otras, el garante o pagador del los títulos, el tiempo,
los intereses, las comisiones, etc.
¿Qué
son “títulos” o “bonos del estado”?
Éstos son emisiones que hacen todos los estados en los
mercados nacionales e internacionales para recaudar dinero para
construir escuelas, hospitales, aeropuertos, etc. Estos bonos
los compran las empresas e instituciones a un precio determinado
y después dentro de 2, 5, o 10 años reciben del
estado emisor el precio pagado por los bonos más los intereses
generados, que pueden estar entre el 2% y el 7 %, según
el mercado y la calidad de los propios bonos. La calidad de los
bonos la mide una institución financiera, un banco u organismo
de préstamo. La calidad de los bonos o títulos depende
de la capacidad que tiene el garante, o sea el Estado, para honrar
dicha deuda. Un sencillo ejemplo de emisión de títulos
o bonos sería: yo, el Estado, te vendo 2,000 títulos.
Vos, el Banco Cuscatlán, me das 2,000 pesos por los títulos,
y yo, el Estado, en 5 años, te devuelvo a vos, el Banco
Cuscatlán, los 2,000 pesos, más 300 por los intereses.
Todo este sistema es lo que se conoce como emisión de deuda
pública. Más simple sería: te doy 2,000 títulos
y vos me das 2,000 pesos. En 5 años, yo te pago 2300 pesos.
¿Dónde
está el problema de toda ésta movida con el dichoso
“Fideicomiso”? Primero, se creó
un agujero financiero cuando se privatizó el Instituto
Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) del país en
1996. A partir de éste momento, se crean los “Fondos
de Pensiones”, un sistema privado para los trabajadores
que quieran una pensión. El agujero negro se creó
en el cambio del sistema público al privado, porque había
que compensar de alguna manera a los que en ese entonces estaban
ya jubilados. Si yo me jubilé en 1995 o antes, y a partir
de 1996 esto se privatiza, ¿a mí quién me
paga ahora mi jubilación? ¿Tú con tus aportaciones
a los Fondos de Pensiones que ahora son una cosa privada y particular?
¡Naturalmente que no! Me paga el Estado, puesto que yo había
pagado antes de 1995 mi plan de jubilación dentro del sistema
público.
Actualmente,
estos Fondos de Pensiones constituyen una gran piscina de “pisto”
de nada menos que 3 mil 600 millones de dólares,
o sea esto es un “billetal”, casi
la mitad del producto interior bruto. Este “pistal”
lo manejan dos Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), Confía
y Crecer, a quienes, con la nueva ley, se les da luz
verde para que pueden invertir hasta el 10% de ese “billetal”
en inversiones estratégicas para conseguir rentabilidades
más jugosas. El dinero de esta “gran piscina de pisto”
viene de todos los pagos de todos los trabajadores. Es algo así
como toda la suma de las aportaciones económicas de todos
los trabajadores del país.
El Fondo de Pensiones actúa como una gran
gaveta de un enorme almacén. Por un lado, el dinero que
sale es en concepto de pago a los pensionistas ya jubilados, y
por el otro, el dinero que entra es en concepto de aportaciones
de los trabajadores para su plan de pensiones cuando se jubilen.
O sea, es un gran círculo donde los ya jubilados cobran
con el dinero de los que están ahora trabajando, apuntados
al sistema. Por otro lado, una parte del fondo actúa, por
su gran liquidez actual (dinero en cash), como el motor de la
bolsa salvadoreña, invirtiendo un tope del 5% de su capital
en productos financieros de todo tipo, hoteles, constructoras,
aerolíneas, etc.
El Estado asume el pago de las pensiones del antiguo ISSS. A medida
que se van jubilando los trabajadores que cotizaron al ISSS antes
de 1996, el Estado tiene que completar el agujero que eso genera
hasta llegar a pagar 419 millones de dólares
en el 2006, y esto sólo es el principio, ya que la masa
de jubilados sigue en aumento. Es un enorme problema que merece
una solución cuando antes. Los 419 millones
de dólares para tapar ese agujero supone el segundo gasto
más grande en los Presupuestos Generales del estado, sólo
por detrás del gasto en Educación, que llega a cerca
de 600 millones.
Este
gasto, hasta ahora más o menos manejable, el Estado lo
financiaba a través de una partida excepcional en los Prosupuestos
Generales. La emisión de bonos de deuda pública
por parte del Estado requiere al menos 56 votos en la Asamblea
Nacional, según la Constitución. Mientras que la
aprobación de los Presupuestos Generales requiere sólo
una mayoría simple de 43 votos. Que ocurre, que el FMLN
cree que el problema requiere una dotación presupuestaría
mediante la emisión de deuda pública para el cual
se necesitan los 56 votos de la Asamblea, cosa que ARENA no tiene,
por lo que el FMLN podría por primera vez bloquear los
Prepuestos Generales del Estado. Lo que ARENA no está dispuesta
a permitir. De ahí la urgencia del “Fideicomiso”.
El
problema, como ven, es grande, pero sigue. El “Fideicomiso”,
lo que hace es crear una gestora privada: el
Banco Multisectorial de Inversiones (BMI) para
que gestione unos bonos o títulos llamados Certificados
de Inversión Previsional (CIP), emitidos por Hacienda
para que sean comprados en su totalidad por el Fondo de Pensiones,
que recordemos tiene una terrible liquidez de 3,600 millones
de dólares de los cerca de 1 millón 300 mil trabajadores
afiliados en todo el país.
Toscamente
simplificado la operación sería: yo, el BMI, te
doy 2,000 títulos a 20-25 años y vos, el Fondo de
Pensiones, (todos los trabajadores del país) me das 2,000
pesos. En 20-25 años, yo, Hacienda, te devuelvo a vos,
el Fondo de Pensiones, tus 2,000 pesos, más 300 en intereses.
Así hasta llegar a construir todo un círculo a largo
plazo para cubrir el agujero de los jubilados de la era previa
a 1996. El artilugio es una auténtica obra maestra, apta
sólo para los entendidos. ¿Dónde está
la mafia de todo esto? Lo de que se salta la Constitución,
como alega el FMLN, es una tontería, dado que el problema
real es que no hay ningún garante o avalista legal
que se haga cargo del pago de los títulos pasados los 20-25
años, momento del vencimiento. El texto legal habla de
que el Ministerio de Hacienda se hará cargo “voluntariamente”
del pago. ¿Por qué ha de ser el Fondo de
Pensiones de los propios trabajadores quien compre estos
títulos? Sencillamente porque en el mercado libre, este
tipo de títulos es comparable sólo a los famosos
bonos basura. ¿Qué institución
financiera o empresa privada va a invertir en la compra de unos
títulos, que no tienen ningún garante, avalista,
o pagador legal? Nadie.
Por
otro lado, el Fondo de Pensiones de los trabajadores va disminuyendo
conforme a la masa creciente de la población. O sea que
el crecimiento de empleo crece muchísimo más despacio
que la población en edad de trabajar. Si a eso le añadimos
la otra presión generada por la creciente corriente de
nuevos jubilados, esto puede ser un auténtico patinazo
para todo el Sistema de Pensiones dentro, naturalmente,
de 20 -25 años, cuando empiecen a vencer los primeros títulos
emitidos, porque recordemos el cliente es el propio Fondo de Pensiones,
que ahora goza de ciertas reservas financieras, claro está,
para cubrir todas las futuras jubilaciones de los trabajadores.
Si Hacienda no puede pagar el dinero de los títulos más
los intereses al Fondo de Pensiones y la masa de jubilados se
multiplica, esto podría convertirse en una pesadilla para
mucha gente allá por el 2027 o 2030. Podría ser
algo parecido a lo que ocurrió en Argentina en el año
2000, el famoso “Corralito”: un vencimiento
impagado de 4,500 millones de dólares en bonos emitidos
por el Estado a 10 años en 1990 por el gobierno de Menem,
pagaderos al Fondo Monetario Internacional.
¿Cómo
es que esto no se hace eco en los periódicos o en el noticiero
de las 6? No tengo ni idea. Esto es un gran negocio para el banco
gestor de los títulos, que, con la ley en la mano, no tiene
la “obligación”, de honrar
el pago al cliente, el Fondo de Pensiones, porque no aparece en
ningún lado dentro del proyecto de ley aprobado. En otras
palabras, el Banco gestor no está obligado, por ley, a
pagar los títulos emitidos a vencimiento. La obligación
del pago queda en la “voluntad” del Ministerio de
Hacienda, y si este Ministerio anda mal de dinero para cuando
venzan los títulos, sencillamente no habrá pago,
al menos que el Estado refinancie toda la operación por
su cuenta llegado el caso. ¿Dónde está la
noticia en los medios? El hecho de que el banco gestor sea el
Banco Multisectorial de Inversiones, un pequeño
monstruo de las finanzas que incluye en su junta directiva a los
personajes de grandes grupos empresariales, desde constructoras,
cadenas de radio y televisión, bancos, prensa, grandes
almacenes, etc., puede ser una razón por la que no aparece
la noticia mucho en los medios. La otra razón podría
ser que este “volado” sólo lo entienden dos
o tres personas en todo el país. Por otro lado, este es
un negocio. El dinero en juego por la emisión de
los títulos no son migas, sino una fácil tajada
en comisiones para el gestor, ya que el cliente está
captado, el dinero de todos los trabajadores del Fondo
de Pensiones.
Por
lo demás, esta genial idea no es nada ilegal. Es un artilugio
sumamente complicado, que puede funcionar, y causar muchos ahorros
para el Estado, siempre que la masa de trabajadores en el sistema
de Fondos de Pensiones crezca a un ritmo ascendente respecto al
número de nuevos jubilados. En otras palabras, si la economía
marcha bien, el artilugio probablemente acabe funcionando. Esta
obra maestra la entienden sólo los dioses de las finanzas:
el superintendente de pensiones de Chile, Julio Bustamante
(invitado especial en la Asamblea), el consejero presidencial
de finanzas creativas, Rafael Lemus y el superintendente
de pensiones de El Salvador, Víctor Antonio Ramírez,
todos grandes sabios de las altas Finanzas, con doctorados de
las Universidades de elite de EE.UU. No hay un sólo político
que se atreva ni siquiera a comentar este tema, ya que se trata
de un tremendo rompecabezas de números que supera a todos
en la Asamblea, incluso al gran maestro arenero especialista en
presupuestos y finanzas, Julio Gamero, a quien Lemus le escribió
todo el discurso técnico que pronunció ante la votación
del pleno.
El
mayor problema que se le puede achacar a este sistema no es que
sea un artilugio para los ricos, o que se salta
la Constitución, como viene alegando el FMLN,
o incluso que no vaya a funcionar, el gasto de los 419
millones, al fin y al cabo, es tan grave que merece la
pena aventurarse. También hay que decir que todo este invento
tiene algo positivo en el sentido de que el Estado reconoce el
problema de la deuda de los pensionistas y lo transparenta, lo
pone sobre la mesa. Sin embargo, el problema real, y ético
a la vez, es que el riesgo de toda la operación
–que, como en todo sistema financiero, tiene un precio que
debe valorarse, concretarse y ser asumido por alguien en particular,
normalmente, por la institución o la persona que recibe
la parte gorda de los beneficios, que, en este caso, no son los
pensionistas, sino el, gestor, el BMI y el Estado–
se lo traga enteramente el Fondo de Pensiones. Dicho
de otra forma, el riesgo real de toda esta aventura financiera,
que se sustenta en unos resortes macroeconómicos, lo asume
cada uno de los trabajadores en el sistema del Fondo de Pensiones.
¿Por qué? Porque no hay ningún garante en
toda la operación. El gran garante de todo éste
artilugio es la buena marcha de la economía,
o sea nadie. Esto es lo verdaderamente
denunciable. Así pues, si algo falla en el camino,
todos los ahorros de los pensionados quedaran hipotecados en la
buena “voluntad” del Ministerio de Hacienda. Esto
no quiere decir que todo esta movida se halla hecho a lo loco
o a ciegas, al contrario, se ha pagado mucho dinero a los expertos
chilenos y los expertos del palacio presidencial para analizar
bien las variables, crecimiento económico, tendencias demográficas,
nivel de desempleo, proyección de masa de jubilados, etc.
El detalle del riesgo, esa parte o no se tocó o sencillamente
se asume que el Gobierno no dejará caer la economía
por debajo de un crecimiento anual del 1.6%,
punto más o menos de equilibrio para el artilugio funcione
o no.
Todo
el factor riesgo se arreglaría si en el texto de la ley
pusiera “El Ministerio de Hacienda garantiza el
pago de las emisiones”. Claro, no lo dice porque
entonces sería una emisión de deuda pública
pura y dura del Estado, y entonces el texto de la ley requeriría
los 56 votos en la Asamblea que marca la Carta Magna, cosa que
ARENA no tiene. Realmente, es una verdadera obra de arte, merecedora
de algún premio.
¿Cuál
es la solución a todo este problemón? Realmente
esa parte supera mi nivel de análisis, pero el sentido
común dice que a los grandes problemas, grandes soluciones,
no parches pensados a la liguera. Parte de la solución
puede estar en que los dos principales partidos, ARENA y el FMLN,
se dejen de tonterías ideológicas, de posicionamientos
extremistas, de tirarse los platos a la cabeza y de pleitos históricos.
Deben sentarse y buscarle alguna solución medianamente
lógica al problema, desde el compromiso y el diálogo.
José
Manuel
josemanuel@intipucacity.com
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