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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #6 (Puñaladas al Corazón)

En 1989, Lucas comenzó a enfermarse sin dejar de recibir los maltratos de mi padre. Una vez hubo un problema muy grande, no recuerdo exactamente lo que ocurrió.

Dijo Ignacio quedándose en silencio, tratando de recordar algo sin poder lograrlo, diciendo luego:

Sólo recuerdo que mi padre le pegó en la cabeza a Carolina con un hierro, haciéndola sangrar. En ese momento mi madre nos agarró a todos y fuimos corriendo hacia la cocina, siguiéndonos él detrás, con machete amenazador en mano, dejándonos encerrados sin poder salir, arrimados a un granero de maíz, cuando él tiró el filazo, pegó en el granero haciéndole un hueco. En ese momento todos los niños gritamos, éramos pequeños, no podíamos defendernos. Fue tan grande el impacto que no recuerdo exactamente lo que pasó después.

Se le escuchó decir con lágrimas en los ojos. Convirtiendo su rostro, en rabia hacia su padre.

Le cogimos a mi padre un miedo irreparable. Así, fuimos creciendo sin poderle ver el rostro.

Seguía Ignacio temblándole los labios, mientras las lágrimas corriendo por su rostro.

No sé como expresar el miedo que le tenía a papá, cuando él estaba en casa. El entraba por una puerta y todos salíamos afuera por la otra. Cuando él llamaba a uno de nosotros era terrible, no sabíamos qué podía pasar. A mí me temblaban las piernas, las manos me sudaban, era terrible. A mi edad, con tan sólo siete años, sentía rabia hacia él, más grande que mi cuerpo. Cuando lo veía golpear a mi hermano, sentía un dolor con tanta impotencia de no poder hacer nada. Así; entre temores e impotencias fui creciendo siguiendo los consejos de mi madre, que me decía mirándome a los ojos y luego abrazándome contra su pecho:
—Hijo, por favor cuando tu padre te diga algo, nunca le respondas mal, haz lo que te pida y hazlo pronto.
Cosa que con los años para mí se hacía más imposible. Pero de sólo recordar cuando mi madre miraba que golpeaban a su hijo sin que ella pudiera hacer nada, sólo apretar sus puños. Me contenía de gritarle a papá del daño que nos hacía. Había momentos incontrolables cuando me llenaba de rencor, recordaba el rostro de mi madre, gastado de tanto llorar, de tanto sufrir. En todo esto no quiero dejar a mi padre como el malo de esta historia, pero no quiero dejar de decir la verdad.

Decía Ignacio con los ojos empapados en lágrimas, sentado en su pequeño escritorio, en el silencio de su recámara, con una taza de café a su lado. Miró al costado de su cama, a un viejo reloj despertador, eran ya las cuatro y diez de la
madrugada, se quedó sin pensar nada, con la mente en blanco y la mirada fija en el espejo colgado en la pared en el cual se podía ver una pequeña foto en blanco y negro de su padre, de pronto sintió un hilo de agua que bajaba a toda
prisa hasta caer sobre su pierna izquierda. Instintivamente se levantó y la tomó entre sus manos recostándose en la cama; dijo a la fotografía:

No te guardo rencor, te he perdonado ya, y con los años he comprendido que el mejor regalo que me diste, fue el darme la vida y eso siempre te lo voy agradecer.

Y la colocó de nuevo al mismo lugar y se quedó dormido. Siempre conservaba esa fotografía para recordarse así mismo, que por muy grande que sea el daño que de alguien recibamos, lo tenemos que perdonar.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capítulo #6 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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© Copyright-2003 Carlos A. Velásquez Blanco