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Retazos del capítulo #16 (Puñaladas
al Corazón)
Hemos entrado a los próximos
cuatro años de los trece a los diecisiete, los cuales fueron
mucho más complicados que los anteriores, pues las responsabilidades
crecieron. Pero antes de seguir, hablaré un poco mas, de
los años de estudios que no fueron muchos.
Comencé la escuela a los ocho años
y en ese entonces la familia pasaba por momentos críticos
económicamente hablando, por lo tanto, tuve que trabajar
junto a mi padres y mis hermanos. Con todo eso las cosas para
mí eran mucho más difíciles, pues era yo
el único varón con el que mis padres contaban a
pesar de mi edad, él decía que le servía
de mucho y eso significaba truncar mis estudios. Muchas veces
trabajaba medio tiempo y regresaba corriendo a la casa me cambiaba
y me iba por la tarde a la escuela.
Así, logré terminar cuatro
años con los que mis maestras me dieron completamente su
ayuda. Mandándome todas las clases a mí casa. Por
lo cual yo hacía hasta lo imposible por realizarlas. Era
pequeño y estaba cansado lo menos que tenía era
voluntad para estudiar, mas sin embargo lo hacía. Cuando
tenía la oportunidad de asistir a clases no prestaba atención
por el cansancio de los días anteriores, aunque trataba
de dar lo mejor de mí para aprender. Por el cansancio no
me podía concentrar y lo que había aprendido ese
día ya no lo recordaba al día siguiente, además,
no podía asistir a clases por todo el resto de la semana
hasta la semana siguiente. Las maestras conocían perfectamente
mi situación. Me consideraban adelantándome las
clases.
A pesar de todo, siempre tuve la esperanza que eso un día
terminaría, día que nunca llegó, al menos
en mi país porque cada día se volvía más
difícil y confuso para mí. Había perdido
completamente la voluntad, no tenía libertad y mucho menos
amigos. En las horas de recreo prefería quedarme en el
silencio del salón de clase antes de salir afuera y cuando
a veces me animaba a salir, sólo lograba llegar donde mis
compañeros estaban jugando. Estando allí, me desanimaba
al verlos correr con tanta libertad sin que nada les truncara
sus vidas. No lo podía evitar sentirme diferente a ellos.
Era cuando decidía volver al salón de clases y quedarme
solo allí. Allí recordaba el rostro de los niños
y las conversaciones que desarrollaba con las cuales yo no podía.
Me sentía limitado a tal punto de no poder hacer nada.
Estaba completamente solo en un mundo de dudas y preguntas sin
respuestas, las cuales tendría que averiguar por mi propia
cuenta. No contaba con el apoyo de mi padre, él se había
convertido en un completo desconocido, a el cual yo le tenía
mucho miedo.
No sentía un respeto hacia él, era un tremendo pavor.
La verdad les digo, deseaba tener una
bonita relación con papá, que se convirtiera en
mi mejor amigo. Pues yo estaba dispuesto a darle la oportunidad
a pesar de todo lo que había pasado, (el maltrato físico
y psicológico para con la familia). Pero era todo lo contrario,
se había convertido en un ser inalcanzable. El no me dejaba
correr por la casa como lo haría cualquier niño
de mi edad.
Fueron pasando los años, en ellos los años de escuela
llevándose consigo todos los sueños e ilusiones,
los cuales ahora con tristeza echo de menos y vivo cada día
levantándome dando de tumbos por todas partes sin darme
por vencido.
Ahora continuaremos lo que les había
mencionado antes, de los trece a diecisiete años.
Para mí, estos fueron años de muchos descubrimientos,
sorpresas y golpes de la vida. Descubriendo en ese entonces cosas
que me llevaron al lado más oscuro de la vida. Se puede
decir que estos son los años en los que más he llorado.
Lo había hecho antes pero sin mucho sentido y esta vez
lo hacía sabiendo perfectamente por lo que lloraba.
Estaba a punto de cumplir quince años,
para ser más exacto año 1995.
En ese entonces mi hermana se mudó a vivir cerca de la
casa convirtiéndose el marido de ella en íntimo
amigo mió. Con esta persona logré obtener la confianza
que jamás había tenido con alguien, mucho menos
con mi hermana mayor. Este hombre me dio la oportunidad de hacerle
preguntas y me aclaró todas las dudas. Para empezar con
un ejemplo de las preguntas y conversaciones que entablábamos,
le preguntaba sobre las mujeres y cómo funcionaban, que
sé sentía tener relaciones sexuales con ellas, cómo
era todo ese mundo. Juan lo llamaremos así, comenzó
a describirme muchas cosas las cuales yo entendía perfectamente
y lo que no entendía le pedía que me lo explicara
de otra manera.
En esos mismos días se mudo cerca de la casa una señora.
La que por cosas de la vida se convirtió en madre soltera
de cinco hijos, más dos nietas de su hija mayor que también
era madre soltera. Esta mujer madre de las dos niñas, entabló
una muy buena amistad con mis hermanas. Se la pasaba todo el tiempo
en casa de mi madre, llevándose bien con ella. Fue así
como yo la conocí y nos hicimos muy buenos amigos. La conocí
justo en los momentos que yo tenía más revueltos
en la cabeza y no tenía el valor de decir algo más
y así sobrepasar la amistad. Pero esta mujer me dio la
libertad para que yo pudiera expresarme.
Esta familia era muy humilde, de pocos recursos económicos,
lamentablemente ganaban el dinero justo para sobre vivir, sacando
“curiles” o conchas como son más conocidos.
Así lograban vencer cada día que venía. Esta
mujer se convirtió en madre a muy corta edad. Tenía
sólo veintidós años y ya contaba con dos
hijas, a pesar de eso era muy buena oportunidad para mí,
visto con los ojos de mi cuñado. Y fue como empezó
a aconsejarme para que despejara la mayor parte de dudas teniendo
relaciones sexuales con ella lo más pronto posible, pues
ya iba cumplir quince años y no había caminado por
esos caminos según él. Pero yo estaba hecho un lío,
era demasiado tímido y además, estaba confundido
conmigo mismo, sin embargo, Juan no se daba por vencido y buscó
las formas de cómo yo venciera esos miedos y encontró
una forma de ensayar las palabras que le diría, con las
que tenía que enfrentarla. Y me ayudó a sobrepasar
la amistad entre ella y yo.
Un buen día, logró convencerme
y acepté hacer lo que él me indujo y fue así
como temblándome las piernas le avente todo el montón
de mentiras igual o peor de lo que él me había enseñado.
Mentiras, que todos alguna vez hemos dicho en la vida. Mentiras
que más tarde tuve que enfrentar yo mismo.
Fue así como empecé a decirle
una cosa tras otra, diciéndole palabras bonitas con las
que ella se fue enamorando sin darse cuenta. Alrededor de tres
meses había logrado la tan esperada cita, de ir por primera
vez con una mujer a la cama, pero con una mujer de verdad.
Días antes a este gran momento,
Marisela esposa de Juan nos dejó solos en su casa un domingo
por la tarde, aprovechando esta oportunidad comencé a besarla
sin que ella se negara correspondiendo a mis besos, estábamos
los dos compartiendo bacterias como dice mi hermanita menor, completamente
emocionados, lo más emocionados que te puedas imaginar,
con los ojos cerrados además, de pronto los abrí
y miré un ojo por una abertura de la puerta, era mi padre
que nos estaba mirando. Nos separamos rápidamente pero
ya era demasiado tarde, él ya lo había visto todo.
En esos días decidieron mandarme a estudiar corte y confección
a otro pueblo. Quedándome en casa de la tía Betty.
Todo esto fue en gran parte para separarme de esta mujer. Pues
yo era demasiado joven y ella ya tenía dos hijas pensaban
ellos y tenían miedo de que yo me fuera a enamorar de ella.
Hay una verdad en todo esto. Se puede
decir que ella sí llegó a amarme tanto hasta tal
punto de dejarme libre. En el fondo de su corazón se podía
apreciar que no se sentía digna de mí, se sentía
muy poca cosa algo que no era cierto, porque yo desde chiquillo
aprendí a valorar y respetar a las personas por lo que
son y no por lo que traen puesto. Todo esto lo descubrí
después de lo que me pasó. Por eso me había
vuelto tierno y compasivo, no tenía corazón para
hacerle daño a nadie. Desde niño tuve la mala suerte
de conocer el dolor a profundidad hasta tal punto de no engañarme
a mí mismo. Pero aun así, con el pasar de los años
me doy cuenta, de la manera tan baja con que usaba a las personas.
Lo hacía por probarme o bien sea por descubrimientos personales.
A esa edad había aprendido a mentir con facilidad y a fingir
ser una persona que en realidad no era. Fue entonces que empecé
a usar el amor de las otras personas a favor propio. Sabía
que ellas me amaban, conociendo todo lo que sentían por
mí, fue como empecé a sacarle provecho a lo máximo
a todo, cosa que nunca había hecho, hasta que un día
logre convencerla para que fuera conmigo a la cama.
Eran las siete de la noche, día
viernes, yo estaba parado en el mismo lugar esperando la llegada
de Natalia, era la hora en que solíamos reunirnos y Natalia
no había llegado. Yo estaba desesperado, de pronto, miré
a lo lejos que venía alguien me llené de alegría
al darme cuenta que era ella. Al verla venir froté mis
manos preparando todo el montón de mentiras que tenía
para dar el último toque de convencimiento.
Después de un rato logré convencerla. Respondiéndome
ella que el próximo viernes estaríamos juntos. Todos
esos días para mí fueron eternos cómo nadie
tiene idea. No tanto por el hecho que fuera a ser mi mujer. Era
más bien porque por fin podría satisfacer todas
mis curiosidades de saber realmente como era una mujer. Para mejor
decirlo, que era lo que se sentía con ellas.
Llegó el viernes nos reunimos unos minutos antes para ponernos
de acuerdo cuando era el momento que ella estaría sola
en su casa, para que yo pasara por allí. Después
de haberlo a cordado a mí me empezaron a sudar las manos
y a temblar las piernas por los nervios. Fallándome los
que hasta esa fecha habían sido firmes pues nunca me habían
fallado tanto como ese día. Lo que a mí me aterraba,
era no saber que iba a pasar o si realmente iba poder o no. Las
piernas no paraban de temblarme, cuando hablaba, la voz un poco
cortada, era un momento terrible para mí, me hacía
un montón de ideas en la cabeza minutos antes de la cita
que me mataban. Pero aun así, un poco rogado por los nervios
llegué a la casa de Natalia y cuando estaba ahí
parado en la puerta, la mire a ella que estaba sentada en una
hamaca tratando de controlar los nervios, pues se le notaba un
tanto nerviosa también. Forzándome a mí mismo
logré mantenerme en pie arrimado al costado de la puerta.
Quedándome parado allí inmóvil, entonces,
ella me llamó para que me sentara en la hamaca con ella,
pero por mucho que lo intentara no logré dar un sólo
paso más para continuar con mi tan anhelado descubriendo.
Natalia venció los nervios y se levantó y me tomo
de la mano y me llevó con ella a la hamaca, me recostó
sobre ella al mismo tiempo empezó a meter mano acariciarme
y besándome por todos lados como por unos cinco minutos,
luego camino a la cama, claro cargando con migo pues las piernas
no me respondían, llegamos a la cama y me recostó
sobre ella, comenzó a quitarse todas sus prendas y trató
de quitarme la ropa a mí. Cuando ya se había quitado
todo ella. En ese momento yo no pudo más. Estaba a punto
de desmayarme de los nervios. Sentía hasta ganas de vomitar,
me temblaba todo el cuerpo, sin saber qué era lo que me
pasaba, le pedí que me disculpara y le dije que me tenía
que ir. Ella sabía perfectamente que esa era mi primera
vez. Como también sabía que mi cuñado se
había encargado de todos los detalles. Él se encargó
de decirle que era mi primera vez y que me hiciera sentir de la
mejor manera posible. Diciéndole que necesitaba su ayuda
conmigo. Pero ella en realidad no había aceptado por ayudarme
a mí, más bien porque estaba enamorada. Lo hizo
por que ella quería hacerlo.
Con los años puedo reflexionar que todo lo que pasó
no estuvo bien y la ayuda que tuve no fue la mejor aunque la persona
lo hizo con buena intención, mirándolo todo desde
su punto de vista, pues el tener relacionas sexuales a esa edad,
no era por que lo necesitara o tenía que hacerlo, si lo
hacía era por temor a que todo lo que pasó se fuera
a concretar, como lo decían.
Después de ese día, quedé muy asustado y
sobre todo avergonzado conmigo mismo. Y no me dejé ver
por alrededor de dos días, no lograba vencer la vergüenza
de todo lo que pasó. A pesar de eso me sentía tranquilo
por haberlo intentado y que todo lo que pasó no fue mi
culpa, sino de mi corta experiencia en el asunto. Me dejé
ver por ella dos días después. Con la mirada tendía
al piso logré conversar con ella y le pedí disculpas
personalmente por lo sucedido y le dije que estaba muy avergonzado,
recalcando que en aquel momento estaba demasiado nervioso como
ella se pudo dar cuenta y le pedí que por favor me diera
otra oportunidad a lo que ella respondió que no, que ya
me la había dado y no la aproveché, después
de un rato que yo decía que sí y ella que no, terminó
equivocándose y respondiendo que sí.
Un domingo por la tarde el cielo estaba nublado, la noche era
demasiada oscura. Casi siempre se alumbraba el cielo con estrellas
o la luna, pero esa noche no, en tal oscuridad en la que no se
podía ver completamente nada. Yo, de lo único que
no me cansaba era de que la segunda oportunidad fuera lo más
pronto posible a lo que ella dijo que sí y quedamos en
un sitio donde se daría la segunda cita. La cita seria
al pie de un árbol de pino, un árbol antiguo pues
había crecido en toda su plenitud.
Quedamos a las ocho de la noche y ya eran las siete y media, me
despedí de ella y salí a toda prisa para la casa
a tratar de controlar los nervios. Pero a medida que pasaban los
minutos me ponía más nervioso. Llegó la hora
que nos teníamos que reunir en el sitio acordado. Un lugar
muy complicado para llegar, tenía que cruzar una cerca
de alambre la cual contaba con más de nueve hebras y las
tenía que pasar de una u otra manera, por arriba o por
el medio como fuera, pero tenía que llegar. En ese momento
yo estaba tan nervioso que no recuerdo como logré cruzarlas,
saliendo ileso de ellas y llegué al sitio puntual. La oscuridad
era única, pero a pesar de eso logré llegar hasta
el árbol. La Verdad, llegué porque conocía
perfectamente la ubicación del inolvidable pino. Pues había
crecido jugando a sus alrededores. Después de esperarla
por un rato apareció la que me llevaría a un mundo
desconocido.
Para mí que la noche fuera tan
oscura, no era una desventaja para mejor decirlo era una gran
ganancia, pues en esa oscuridad ocultaría la vergüenza
de mi primera vez, de hacer cosas desconocidas hasta ese punto,
frente a una mujer que era lo más difícil de cruzar
para mí.
Ella comenzó acariciarme hasta
hacerme sentir en confianza. Empezando esta vez yo a quitarle
parte de su ropa y fue así como pasó mi primera
vez. Arrimada ella al árbol de pino la hice mía.
Había logrado parte de mis sueños, había
vencido un par de curiosidades, quedándome cosas que nunca
logré entender. Algo que jamás pude comprender,
fue que en el fondo de mi ser sentía un profundo vació
en el alma lo cual nunca logré llenar.
Así fueron pasando los días,
repitiéndose en cada uno de ellos la misma escena, estando
con ella una y otra vez sin poder evitarlo con aquella mujer que
realmente estaba enamorada de mí. Sin embargo, yo lo hacía
por convencerme a mí mismo que no era lo que pensaba de
mi sexualidad. Pasaron los días sin que pudiera encontrarme
completamente lleno con lo que hacía o sentir mi alma en
paz teniendo relaciones con ella muchas veces en lugares diferentes.
Sólo buscaba un algo que pudiera llenar el terrible vacío
que traía dentro.
Mientras tanto Cristina seguía
conociendo a su novio el que ahora es su esposo. Teniendo que
ocultarse de nuestros padres para poder platicar con él,
pues ellos no sabían que ella tenía novio. Era momento
de unirnos para poder cubrirnos uno al otro ya que mis padres
tampoco estaban de acuerdo con la relación que yo tenía.
Y cuando ella salía a conversar con su novio, yo entretenía
a mamá con tremendas pláticas de mayores. Cuando
era mí turno Cristina hacía lo mismo y así
mamá no se daba cuenta que faltaba uno de los dos.
Algunas veces me quedaba haciendo la comida para mis hermanos,
mientras Cristina se iba a recoger el ganado, momento que aprovechaba
para pasársela con su novio. A mí no me gustaba
lidiar con los terneros y a Cristina no le gustaba mucho hacerle
de comer a mis hermanos menores. Pero en esto yo no perdía
demasiado, pues a mi sí me gustaba cocinar, algo que en
un país como El Salvador no es normal, ya que es difícil
que haya un hombre que le guste cocinar por eso del machismo que
para mí se había acabado hacía ya mucho tiempo
atrás.
Pasaron
unos cuantos meses. Cristina y yo seguían en lo mismo,
turnándonos en el entretener de mamá, dándonos
la oportunidad uno al otro de pasar por lo menos un rato con la
persona que nos hacía sentir bien. Mientras Cristina seguía
conociendo a el que hasta ahora es su esposo, yo continuaba disfrutando
la oportunidad de ser amante.
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al Corazón"
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