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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #15 (Puñaladas al Corazón)

Los años vinieron y yo con cada uno que pasaba sentía que las confusiones eran peores. Empecé a dudar de lo que me gustaba como hombre, pensaba que por la violación, ya no sería un hombre normal, como si realmente eso fuera lo que compone la existencia varonil. Ese triste evento, me trajo miedo de que me fuera a convertir en homosexual por todas las críticas que escuchaba de la gente, decían que cuando a un hombre lo violan por ley tiene que ser gay. Además, cuando escuchaba todo lo que la gente pensaba de este tipo de personas y lo que más me llenaba de miedo era ver que los trataban como basura, les faltaban el respeto, los humillaban, los miraban como lo peor que hay sobre la tierra, condenándolos a la nada y eso a mí me destrozaba el alma y no sabía que pensar de mí mismo.

Todo eso me llevó a un aislamiento mucho peor del que ya tenía, si antes de lo sucedido tenía dos candados, con esto me había puesto cuatro más automáticamente. En el fondo sentía que debía pedir ayuda, el problema era. ¿A quién? Si de este tipo de cosas ni al párroco del pueblo se le podía preguntar, pues me condenaba antes de aclarar el asunto y lo que menos necesitaba eran más condenas de las que ya me había puesto yo mismo. Así fui acumulando dudas, preguntas sin respuestas, las que cuando vinieron a explotar fue para ya no tener remedio, pero esto lo veremos más adelante.

Seguí con mis dudas, no me quedaba más que morderme los labios de desesperación, al no saber acariciar lo que tenía en mano en ese entonces que no era nada confortable. Pensaba todo esto sentado a la orilla del mar, mirando a unos pájaros que se tiraban en picada, hundiéndose en el agua, saliendo luego atragantados por los peces que habían logrado atrapar. Pensaba en cómo podía empezar a soltar todo lo que lleva dentro, sin encontrar respuesta.
Siendo distraído por el pájaro que no se cansaba de lanzarse al agua. Pero luego me pregunté. ¿Como saber más del mundo gay? ¿Y si lo preguntaba a alguien? No, eso será como ponerme una soga al cuello. Si la gente esta más perdida que yo en el asunto. Pensaba.

Todas las críticas que había escuchado, era que eres hombre y por lo tanto tienes que ir a la cama con una mujer y nada más, se acabó. Pero ahora que lo pienso bien, el problema no era ir con una mujer a la cama, el problema es que –si iba a poder o no–. De sólo pensar que no, me ponía los pelos de punta. Tenía ya trece años y no sabía cómo describirme con mi sexualidad.
Decía Ignacio, sonriendo solo, hablando en voz alta:
¿Cuántos golpes más me dará la vida?
Se preguntaba a sí mismo.
No creo que me dé más de los que ya medio, y no me queda otra opción que averiguarlo por mi propia cuenta, sin importarme todo lo que tenga que pasar, pero ya no puedo seguir con todas esas dudas y preguntas.

En este momento de la historia, ya había cumplido trece años. Había pasado seis años de mi vida completamente oculto, dejándome ver en los momentos que eran realmente necesarios, de no ser así, yo prácticamente no existía, y cuando tenía algún tipo de conversación con alguien, lo hacía con la mirada tendida al piso, sin poderles ver a los ojos. Pues con el tiempo de aislamiento, lo único que había logrado era sentirme más inservible, avergonzado, pero sobre todo, más asqueroso de mí cuerpo sin ninguna razón y es por eso que en este momento continuaré la historia, pero no mencionaré nada ni a nadie por nombres en concreto. Por la razón que no quiero que se sepa de quien se trata. Pienso mantener el respeto a los demás en ese sentido.

Fue entonces que empecé a juntarme con chicos de mi misma edad y comenzamos a tener relaciones sexuales entre nosotros, con lo que logré confundirme más. No quiero quedar libre de todo lo que voy a decir, pero los de las ideas eran ellos, no era yo. Pues es verdad que tenía muchas dudas y curiosidades, pero no era para ponerme hacer cosas que no se me ocurrían a mí. Los autores de todo esto eran ellos y no les quitaré los créditos por muy buenos o malos que hayan sido. Pero a mí, en el fondo el hacer cosas entre nosotros no me hacía sentir bien, pues sentía que algo me decía que lo que hacíamos estaba mal, lo único que logré fue hacerme más daño y terminar más confundido que antes, porque ya no sabía si me gustaban las chicas o los chicos.

En todo esto había algo claro, que con ellos al menos ya había estado sexualmente ablando y todo funcionó sin ningún problema, pero con ellas todavía no lo sabía y eso sí me aterraba.
Otra cosa más que me ocupaba la mente el mayor tiempo posible. Era que según yo, ser gay el miembro varonil no funcionaba con las mujeres. Pensaba que estaba completamente muerto. No, pero a mí me funcionaba todo y eso me confundía por una parte y por otra me alegraba. Era todo un drama, una tremenda controversia.

Fue entonces que conocí a Jonathan. El cual por su homosexualidad era tratado con desprecio y repugnancia. Este joven fue de una gran ayuda para mí, claro él no se daba cuenta; puesto que en él podía ver el futuro que me esperaba ante la sociedad, por lo tanto, me tenía que preparar para cualquier cosa. Después de tanto pensarlo, un día vencí el miedo y decidí acércame a él, y tratar de tener cierta comunicación con este controversial joven, a quien nadie se le acercaba por miedo a contagiarse. Claro producto de la ignorancia. Con lo que yo nunca estuve de acuerdo. Aunque me estuviera matando la duda no le preguntaba a nadie, había aprendido a callármelo todo.

Algunas veces tuve la oportunidad de ver en la forma que la gente menos- preciaba y se burlaban de Jonathan, cuando miraba eso los ojos se me llenaban de agua, la garganta se me secaba, sabía que estaba entrando a un mundo más oscuro del que yo venía de donde nunca podría salir y por lo tanto sería despreciado siempre. Pero a pesar de todo, había algo en este joven que me animaba bastante.
Que a pesar de ser despreciado y de abrirle muy pocas puertas, no le guardaba odio a nadie, siempre estaba dispuesto a dar una mano sabiendo que lo que recibiría a cambio sería un desprecio o burla, como a lo que ya se había acostumbrado.
Sin poderlo evitar Ignacio estaba llorando, cayendo las lágrimas sobre la mesa en la que estaba apoyado narrando.
Al contar todo esto a estas alturas de mi vida, es como pararme en medio de dos cuchillos, los cuales comenzaran a traspasarme de un lado a otro; también sé que para toda mi gente será muy fuerte, porque esta es la primera vez que abro mi corazón y conocerán mi vida completamente.

Toda la ayuda que he tenido me ha llevado a tener una profunda confianza en Dios y en mi mismo; por eso ahora estoy dispuesto a lo que Dios quiera. Sólo espero que valoren todo este sacrificio, todo un sacrificio de vida. El cual a pesar de tantas trabas las he sabido superar, y con esto quiero decir nada más una cosa, que sí se puede sobrevivir y lograr lo que se quiere. Solamente necesitas tener vida y ganas de hacerlo, pero lo más importante es que tengas ganas de seguir por la vida.

Volviendo a lo mismo. Para mí este momento es muy importante, ya he logrado relatar, sacar hacia fuera todo lo que me había atormentado durante tantos años. Y ahora tengo la oportunidad de decirlo y gritarlo a los cuatro vientos sin temor alguno, soy lo que soy, y vivo porque Dios lo quiso así.

Lo triste fue unos días después; cuando descubrí que el tener relaciones con una persona de mi mismo sexo me condenaba para siempre ante los ojos de Dios, cosa que me cayó de lo peor, pues ya me sentía así, pensaba que con lo que había logrado, con tener una relación sexual, creía haber subido una grada más, en mi descubrimiento sexual, pero después de lo que escuché, me sentía más hundido que nunca. En silencio escuchaba lo que la gente decía, que la persona que se acostaba con otra que tenga ese tipo inclinaciones; ésta persona también sería una de ellos y tampoco valdría nada como humano.
Después de saberlo, quería morirme pues estaba frente a mí mismo y no sabía como enfrentarme a todo lo que le había temido, sin darme cuenta estaba en ello, en el peor error de mi vida según la critica de la sociedad.
Esa tarde caí de rodillas al piso llorando pidiéndole perdón a Dios, era lo único que podía hacer, pues hasta esa fecha deseaba tanto confesarme y no lo había podido lograr. Llorando le pedí que me hiciera sentir en el fondo de mi ser que me había perdonado, se lo pedía con toda mi alma. Fue entonces que le dijo a gritos llorando que me ayudara, que ya no soportaba más. Esta era la tercera vez que me daba por vencido ante Dios. En ese momento estaba a punto de quitarme la vida y le pedía que sí Él realmente existía, que me hiciera sentir en el alma que me había perdonado. Estaba muy herido, no entendía las cosas, mi mente estaba a oscuras, en la desesperación no pensaba lo que decía, ni hacía.

Ahora con el pasar de los años, entiendo mejor las cosas. Por lo tanto le pido perdón a Dios, por todo lo que pasó por mi mente, queriendo intentar hacerle daño, a algo tan hermoso como lo es la vida, un regalo en donde yo no tengo decisión.

Así fue pasando el tiempo y el mismo pecado se repetía una y otra vez sin que yo pudiera evitarlo. Ya esta vez no por curiosidad o preguntas, si no, por deseo y placer. Aun que en el fondo de mi ser sentía una espina que me atravesaba el alma.

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