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Retazos del capítulo #15 (Puñaladas
al Corazón)
Los
años vinieron y yo con cada uno que pasaba sentía
que las confusiones eran peores. Empecé a dudar de lo que
me gustaba como hombre, pensaba que por la violación, ya
no sería un hombre normal, como si realmente eso fuera
lo que compone la existencia varonil. Ese triste evento, me trajo
miedo de que me fuera a convertir en homosexual por todas las
críticas que escuchaba de la gente, decían que cuando
a un hombre lo violan por ley tiene que ser gay. Además,
cuando escuchaba todo lo que la gente pensaba de este tipo de
personas y lo que más me llenaba de miedo era ver que los
trataban como basura, les faltaban el respeto, los humillaban,
los miraban como lo peor que hay sobre la tierra, condenándolos
a la nada y eso a mí me destrozaba el alma y no sabía
que pensar de mí mismo.
Todo eso me llevó a un aislamiento mucho peor del que ya
tenía, si antes de lo sucedido tenía dos candados,
con esto me había puesto cuatro más automáticamente.
En el fondo sentía que debía pedir ayuda, el problema
era. ¿A quién? Si de este tipo de cosas ni al párroco
del pueblo se le podía preguntar, pues me condenaba antes
de aclarar el asunto y lo que menos necesitaba eran más
condenas de las que ya me había puesto yo mismo. Así
fui acumulando dudas, preguntas sin respuestas, las que cuando
vinieron a explotar fue para ya no tener remedio, pero esto lo
veremos más adelante.
Seguí con mis dudas, no me quedaba más que morderme
los labios de desesperación, al no saber acariciar lo que
tenía en mano en ese entonces que no era nada confortable.
Pensaba todo esto sentado a la orilla del mar, mirando a unos
pájaros que se tiraban en picada, hundiéndose en
el agua, saliendo luego atragantados por los peces que habían
logrado atrapar. Pensaba en cómo podía empezar a
soltar todo lo que lleva dentro, sin encontrar respuesta.
Siendo distraído por el pájaro que no se cansaba
de lanzarse al agua. Pero luego me pregunté. ¿Como
saber más del mundo gay? ¿Y si lo preguntaba a alguien?
No, eso será como ponerme una soga al cuello. Si la gente
esta más perdida que yo en el asunto. Pensaba.
Todas las críticas que había escuchado, era que
eres hombre y por lo tanto tienes que ir a la cama con una mujer
y nada más, se acabó. Pero ahora que lo pienso bien,
el problema no era ir con una mujer a la cama, el problema es
que –si iba a poder o no–. De sólo pensar que
no, me ponía los pelos de punta. Tenía ya trece
años y no sabía cómo describirme con mi sexualidad.
Decía Ignacio, sonriendo solo, hablando en voz alta:
¿Cuántos golpes más me dará la vida?
Se preguntaba a sí mismo.
No creo que me dé más de los que ya medio, y no
me queda otra opción que averiguarlo por mi propia cuenta,
sin importarme todo lo que tenga que pasar, pero ya no puedo seguir
con todas esas dudas y preguntas.
En este momento de la historia, ya había cumplido trece
años. Había pasado seis años de mi vida completamente
oculto, dejándome ver en los momentos que eran realmente
necesarios, de no ser así, yo prácticamente no existía,
y cuando tenía algún tipo de conversación
con alguien, lo hacía con la mirada tendida al piso, sin
poderles ver a los ojos. Pues con el tiempo de aislamiento, lo
único que había logrado era sentirme más
inservible, avergonzado, pero sobre todo, más asqueroso
de mí cuerpo sin ninguna razón y es por eso que
en este momento continuaré la historia, pero no mencionaré
nada ni a nadie por nombres en concreto. Por la razón que
no quiero que se sepa de quien se trata. Pienso mantener el respeto
a los demás en ese sentido.
Fue entonces que empecé a juntarme con chicos de mi misma
edad y comenzamos a tener relaciones sexuales entre nosotros,
con lo que logré confundirme más. No quiero quedar
libre de todo lo que voy a decir, pero los de las ideas eran ellos,
no era yo. Pues es verdad que tenía muchas dudas y curiosidades,
pero no era para ponerme hacer cosas que no se me ocurrían
a mí. Los autores de todo esto eran ellos y no les quitaré
los créditos por muy buenos o malos que hayan sido. Pero
a mí, en el fondo el hacer cosas entre nosotros no me hacía
sentir bien, pues sentía que algo me decía que lo
que hacíamos estaba mal, lo único que logré
fue hacerme más daño y terminar más confundido
que antes, porque ya no sabía si me gustaban las chicas
o los chicos.
En todo esto había algo claro, que con ellos al menos ya
había estado sexualmente ablando y todo funcionó
sin ningún problema, pero con ellas todavía no lo
sabía y eso sí me aterraba.
Otra cosa más que me ocupaba la mente el mayor tiempo posible.
Era que según yo, ser gay el miembro varonil no funcionaba
con las mujeres. Pensaba que estaba completamente muerto. No,
pero a mí me funcionaba todo y eso me confundía
por una parte y por otra me alegraba. Era todo un drama, una tremenda
controversia.
Fue entonces que conocí a Jonathan. El cual por su homosexualidad
era tratado con desprecio y repugnancia. Este joven fue de una
gran ayuda para mí, claro él no se daba cuenta;
puesto que en él podía ver el futuro que me esperaba
ante la sociedad, por lo tanto, me tenía que preparar para
cualquier cosa. Después de tanto pensarlo, un día
vencí el miedo y decidí acércame a él,
y tratar de tener cierta comunicación con este controversial
joven, a quien nadie se le acercaba por miedo a contagiarse. Claro
producto de la ignorancia. Con lo que yo nunca estuve de acuerdo.
Aunque me estuviera matando la duda no le preguntaba a nadie,
había aprendido a callármelo todo.
Algunas veces tuve la oportunidad de ver en la forma que la gente
menos- preciaba y se burlaban de Jonathan, cuando miraba eso los
ojos se me llenaban de agua, la garganta se me secaba, sabía
que estaba entrando a un mundo más oscuro del que yo venía
de donde nunca podría salir y por lo tanto sería
despreciado siempre. Pero a pesar de todo, había algo en
este joven que me animaba bastante.
Que a pesar de ser despreciado y de abrirle muy pocas puertas,
no le guardaba odio a nadie, siempre estaba dispuesto a dar una
mano sabiendo que lo que recibiría a cambio sería
un desprecio o burla, como a lo que ya se había acostumbrado.
Sin poderlo evitar Ignacio estaba llorando, cayendo las lágrimas
sobre la mesa en la que estaba apoyado narrando.
Al contar todo esto a estas alturas de mi vida, es como pararme
en medio de dos cuchillos, los cuales comenzaran a traspasarme
de un lado a otro; también sé que para toda mi gente
será muy fuerte, porque esta es la primera vez que abro
mi corazón y conocerán mi vida completamente.
Toda la ayuda que he tenido me ha llevado a tener una profunda
confianza en Dios y en mi mismo; por eso ahora estoy dispuesto
a lo que Dios quiera. Sólo espero que valoren todo este
sacrificio, todo un sacrificio de vida. El cual a pesar de tantas
trabas las he sabido superar, y con esto quiero decir nada más
una cosa, que sí se puede sobrevivir y lograr lo que se
quiere. Solamente necesitas tener vida y ganas de hacerlo, pero
lo más importante es que tengas ganas de seguir por la
vida.
Volviendo a lo mismo. Para mí este momento es muy importante,
ya he logrado relatar, sacar hacia fuera todo lo que me había
atormentado durante tantos años. Y ahora tengo la oportunidad
de decirlo y gritarlo a los cuatro vientos sin temor alguno, soy
lo que soy, y vivo porque Dios lo quiso así.
Lo triste fue unos días después; cuando descubrí
que el tener relaciones con una persona de mi mismo sexo me condenaba
para siempre ante los ojos de Dios, cosa que me cayó de
lo peor, pues ya me sentía así, pensaba que con
lo que había logrado, con tener una relación sexual,
creía haber subido una grada más, en mi descubrimiento
sexual, pero después de lo que escuché, me sentía
más hundido que nunca. En silencio escuchaba lo que la
gente decía, que la persona que se acostaba con otra que
tenga ese tipo inclinaciones; ésta persona también
sería una de ellos y tampoco valdría nada como humano.
Después de saberlo, quería morirme pues estaba frente
a mí mismo y no sabía como enfrentarme a todo lo
que le había temido, sin darme cuenta estaba en ello, en
el peor error de mi vida según la critica de la sociedad.
Esa tarde caí de rodillas al piso llorando pidiéndole
perdón a Dios, era lo único que podía hacer,
pues hasta esa fecha deseaba tanto confesarme y no lo había
podido lograr. Llorando le pedí que me hiciera sentir en
el fondo de mi ser que me había perdonado, se lo pedía
con toda mi alma. Fue entonces que le dijo a gritos llorando que
me ayudara, que ya no soportaba más. Esta era la tercera
vez que me daba por vencido ante Dios. En ese momento estaba a
punto de quitarme la vida y le pedía que sí Él
realmente existía, que me hiciera sentir en el alma que
me había perdonado. Estaba muy herido, no entendía
las cosas, mi mente estaba a oscuras, en la desesperación
no pensaba lo que decía, ni hacía.
Ahora con el pasar de los años, entiendo mejor las cosas.
Por lo tanto le pido perdón a Dios, por todo lo que pasó
por mi mente, queriendo intentar hacerle daño, a algo tan
hermoso como lo es la vida, un regalo en donde yo no tengo decisión.
Así fue pasando el tiempo y el mismo pecado se repetía
una y otra vez sin que yo pudiera evitarlo. Ya esta vez no por
curiosidad o preguntas, si no, por deseo y placer. Aun que en
el fondo de mi ser sentía una espina que me atravesaba
el alma.
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Retazos del capítulo #15 del Libro "Puñaladas
al Corazón"
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