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Retazos del capítulo #13 (Puñaladas
al Corazón)
Ahora
tendremos los siguientes años, de los siete a los doce:
estos fueron los años más difíciles que he
tenido, porque en ellos fue en donde se marcó la memoria
más inolvidable de mi vida.
Dijo
Ignacio comiéndose las uñas nerviosamente, quedándose
en silencio por unos segundos.
Los
califico como los más difíciles no tanto por el
trabajo ni el sufrimiento que pasé, más bien por
todas las confusiones que tuve que pasar acusa de la desgracia
que me trajo la vida en esa etapa de la vida.
He
narrado parte de mi vida sin dejar de dudar ni por un instante,
en dar continuidad a esta historia. Ya que con el paso de los
años no he podido vencer el miedo de decirlo y lo más
difícil para mí, ha sido entender que todo lo que
sucedió, nada fue mi culpa. A pesar de la ayuda psicológica
que he tenido no deja de ser la parte más difícil
y penosa de mi vida para mí.
No es por todo lo que me pasó, es más bien por todos
los que tengan la oportunidad de leer esto, y les permita conocer
y entender la realidad que viven otros seres; lo digo por este
secreto que no conocían, el cual por poco llega a quitarme
la vida. Pero he tomado la decisión de ya no más
silencio, ya no más culparme a mí mismo por un crimen
que no cometí.
Seguiré escuchando la voz del corazón que me dice
que debo de continuar a pesar de todo.
En
este momento es cuando mi vida cambia completamente. Esta es una
de las partes más importantes de esta historia, por una
sola razón: es la que define mi vida, de entre la vida
y la muerte.
Eran
casi las seis de la tarde, un día viernes 28 de septiembre,
el sol había empezado a ocultarse. Mientras yo corriendo
con todos mis demás hermanos, sin preocupación alguna
ni ataduras que trunquen esa hermosa tarde. De pronto escuche
la voz de alguien que yo apreciaba y admiro mucho, alguien muy
cercano a mí, el cual me estaba invitando a salir hacer
labores normales, a lo que yo respondí que sí muy
contento. Y Salí corriendo a traer mi pequeña gorra
roja toda llena de tierra y además, media rota del frente,
la cual cuidaba mucho, pues era la única que tenía;
la que Lucas me regaló hacía ya mucho tiempo.
Yo estaba listo con mi camisa roja con rayas blancas quedándome
un poco ajustada; no tenía muchas, y ésta mi madre
me la compró cuando tenía cinco años, y desde
entonces la conservaba. Salí corriendo con mi pequeño
pantalón al que mamá le corto las piernas porque
ya me quedaba demasiado corto, cuando estaba listo con mis botillas
negras todas gastadas le dije que nos fuéramos.
Un mes antes había cumplido siete años, y estaba
muy contento por la invitación pues me gustaba mucho salir
a caminar donde fuera y con quien fuera.
Esa noche era más obscura de lo normal; mas sin embargo,
la inocencia que en mi reinaba alumbraba el camino. Cuando estábamos
cruzando por un lugar solo, escuche que me pidieron que me detenga
y obedecí, al momento sentí unas manos pesadas que
se descargaron en mis pequeños hombros, seguido por una
voz totalmente diferente a la que había escuchado antes
pero sin dejar de reconocerla, era la voz de la misma persona
con la que había salido de casa. En ese momento empecé
a tener miedo. La respiración comenzó a agitarme,
luego vuelve hablar este hombre y dijo:
—Ignacio, vamos a hacer algo que no se lo tienes que decir
a nadie, sólo lo sabremos tú y yo, ¿me entendiste?
Yo contesté que sí, pero estaba con los ojos llenos
de lágrimas.
—¿Escuchaste bien verdad?
Repitió sacudiéndome fuerte y al mismo tiempo comenzó
a quitarme la ropa. Yo trataba de evitarlo pero mis fuerzas eran
demasiado pocas como para lograr escapar. Al final me tiró
boca abajo en el piso con la mano tapándome la boca, y
me dijo que me tapara los ojos. En ese momento empecé a
llorar fuerte y gritaba que no, mi cuerpo temblaba… minutos
después había sido violado… quedando inconsciente.
Cuando desperté estaba tirado en el lado de atrás
de la casa. Y cuando me puse en si, lo que tenía en la
mente eran las palabras de amenaza de ese desalmado diciéndome,
que si decía algo no sabía que iba hacer, pero si
mataría a alguien. Cuando yo trate de levantarme no podía,
me dolía todo el cuerpo, no podía ponerme de pie,
sentí algo frió y mojado en mis piernas, pase mi
mano y la mire… no podía distinguir por la oscuridad,
me limpie los ojos y logré ver… tenía mis
mano bañada en sangre…
A
partir de ese momento para mí se acabó la vida,
me sentía que era algo que ya no valía nada, una
cosa despreciable, no lograba entender qué era lo que me
había pasado, pero sí sabía que era algo
muy malo para mí, que no iba a saber como sobrellevarlo
por el resto de mi vida. Con los ojos cerrados llorando y la mente
en blanco, recordaba las palabras de ese hombre diciéndome
que jurará que nunca lo iba a decir y que si un día
lo decía, no sabía de lo que era capaz. No podía
contener las lágrimas, no sabía que hacer y lo único
que se me ocurrió fue salir arrastras al lavadero donde
mi madre lavaba la ropa. Eran aproximadamente las nueve de la
noche, me quite la ropa y así entre la oscuridad, comencé
a echarle agua mirando el agua correr, mezclada con sangre.
Esa
noche se convirtió en la primera vez que lavaba mi ropa,
y a partir de ese momento jamás lo permití que mi
madre o mis hermanas se ocuparan de ella; había perdido
completamente la autoestima. Sentía que no valía
nada.
Sentía que ya no me quedaba nada que ya lo había
perdido todo. Esa noche llorando arrimado al lavabo me juré
jamás volver a ser niño, en mí, sólo
sentía un profundo silencio convirtiéndose en oscuridad
y me dejaba la mente en blanco.
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Retazos del capítulo #13 del Libro "Puñaladas
al Corazón"
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