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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #13 (Puñaladas al Corazón)

Ahora tendremos los siguientes años, de los siete a los doce: estos fueron los años más difíciles que he tenido, porque en ellos fue en donde se marcó la memoria más inolvidable de mi vida.

Dijo Ignacio comiéndose las uñas nerviosamente, quedándose en silencio por unos segundos.

Los califico como los más difíciles no tanto por el trabajo ni el sufrimiento que pasé, más bien por todas las confusiones que tuve que pasar acusa de la desgracia que me trajo la vida en esa etapa de la vida.

He narrado parte de mi vida sin dejar de dudar ni por un instante, en dar continuidad a esta historia. Ya que con el paso de los años no he podido vencer el miedo de decirlo y lo más difícil para mí, ha sido entender que todo lo que sucedió, nada fue mi culpa. A pesar de la ayuda psicológica que he tenido no deja de ser la parte más difícil y penosa de mi vida para mí.
No es por todo lo que me pasó, es más bien por todos los que tengan la oportunidad de leer esto, y les permita conocer y entender la realidad que viven otros seres; lo digo por este secreto que no conocían, el cual por poco llega a quitarme la vida. Pero he tomado la decisión de ya no más silencio, ya no más culparme a mí mismo por un crimen que no cometí.
Seguiré escuchando la voz del corazón que me dice que debo de continuar a pesar de todo.

En este momento es cuando mi vida cambia completamente. Esta es una de las partes más importantes de esta historia, por una sola razón: es la que define mi vida, de entre la vida y la muerte.

Eran casi las seis de la tarde, un día viernes 28 de septiembre, el sol había empezado a ocultarse. Mientras yo corriendo con todos mis demás hermanos, sin preocupación alguna ni ataduras que trunquen esa hermosa tarde. De pronto escuche la voz de alguien que yo apreciaba y admiro mucho, alguien muy cercano a mí, el cual me estaba invitando a salir hacer labores normales, a lo que yo respondí que sí muy contento. Y Salí corriendo a traer mi pequeña gorra roja toda llena de tierra y además, media rota del frente, la cual cuidaba mucho, pues era la única que tenía; la que Lucas me regaló hacía ya mucho tiempo.
Yo estaba listo con mi camisa roja con rayas blancas quedándome un poco ajustada; no tenía muchas, y ésta mi madre me la compró cuando tenía cinco años, y desde entonces la conservaba. Salí corriendo con mi pequeño pantalón al que mamá le corto las piernas porque ya me quedaba demasiado corto, cuando estaba listo con mis botillas negras todas gastadas le dije que nos fuéramos.
Un mes antes había cumplido siete años, y estaba muy contento por la invitación pues me gustaba mucho salir a caminar donde fuera y con quien fuera.
Esa noche era más obscura de lo normal; mas sin embargo, la inocencia que en mi reinaba alumbraba el camino. Cuando estábamos cruzando por un lugar solo, escuche que me pidieron que me detenga y obedecí, al momento sentí unas manos pesadas que se descargaron en mis pequeños hombros, seguido por una voz totalmente diferente a la que había escuchado antes pero sin dejar de reconocerla, era la voz de la misma persona con la que había salido de casa. En ese momento empecé a tener miedo. La respiración comenzó a agitarme, luego vuelve hablar este hombre y dijo:
—Ignacio, vamos a hacer algo que no se lo tienes que decir a nadie, sólo lo sabremos tú y yo, ¿me entendiste?
Yo contesté que sí, pero estaba con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Escuchaste bien verdad?
Repitió sacudiéndome fuerte y al mismo tiempo comenzó a quitarme la ropa. Yo trataba de evitarlo pero mis fuerzas eran demasiado pocas como para lograr escapar. Al final me tiró boca abajo en el piso con la mano tapándome la boca, y me dijo que me tapara los ojos. En ese momento empecé a llorar fuerte y gritaba que no, mi cuerpo temblaba… minutos después había sido violado… quedando inconsciente. Cuando desperté estaba tirado en el lado de atrás de la casa. Y cuando me puse en si, lo que tenía en la mente eran las palabras de amenaza de ese desalmado diciéndome, que si decía algo no sabía que iba hacer, pero si mataría a alguien. Cuando yo trate de levantarme no podía, me dolía todo el cuerpo, no podía ponerme de pie, sentí algo frió y mojado en mis piernas, pase mi mano y la mire… no podía distinguir por la oscuridad, me limpie los ojos y logré ver… tenía mis mano bañada en sangre…

A partir de ese momento para mí se acabó la vida, me sentía que era algo que ya no valía nada, una cosa despreciable, no lograba entender qué era lo que me había pasado, pero sí sabía que era algo muy malo para mí, que no iba a saber como sobrellevarlo por el resto de mi vida. Con los ojos cerrados llorando y la mente en blanco, recordaba las palabras de ese hombre diciéndome que jurará que nunca lo iba a decir y que si un día lo decía, no sabía de lo que era capaz. No podía contener las lágrimas, no sabía que hacer y lo único que se me ocurrió fue salir arrastras al lavadero donde mi madre lavaba la ropa. Eran aproximadamente las nueve de la noche, me quite la ropa y así entre la oscuridad, comencé a echarle agua mirando el agua correr, mezclada con sangre.

Esa noche se convirtió en la primera vez que lavaba mi ropa, y a partir de ese momento jamás lo permití que mi madre o mis hermanas se ocuparan de ella; había perdido completamente la autoestima. Sentía que no valía nada.
Sentía que ya no me quedaba nada que ya lo había perdido todo. Esa noche llorando arrimado al lavabo me juré jamás volver a ser niño, en mí, sólo sentía un profundo silencio convirtiéndose en oscuridad y me dejaba la mente en blanco.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capítulo #13 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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