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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #12 (Puñaladas al Corazón)

Ahora les hablaré un poco más de mi padre. Pero antes quiero que quede todo claro; que no lo estoy juzgando por todo lo que pasó, sólo quiero contar mi propia historia de todo lo que viví con él, de cuanto daño me hizo su comportamiento cuando era pequeño, la inocencia que perdí, lo digo también con mi puño y letra, que no importa como haya sido papá; ya el tiempo paso y he superado parte de ello y parte no, pero lo que sí tengo claro, es que él siempre será mi padre y yo su hijo, por eso te quiero mucho papá y te perdono, aunque tú sabes, que “sana la herida, pero la cicatriz jamás”.

Ahora con todos los años que han pasado él ha cambiado mucho, para con mis hermanos más pequeños, es más tolerante y cariñoso con ellos y me da mucho gusto por ellos y por él.

En este momento de la historia volveremos atrás, para que caminen conmigo a través de los años. Les he hablado ya de toda mi familia, algunas veces he sido incluido yo, pero ahora hablaré de mi persona y de las que me rodeaban en ese momento. Trataré de dividirlo por partes para que lo puedan entender de una mejor manera. Comenzaré de los cuatro a los seis años, ya que estos fueron momentos de infancia a pesar de todos los problemas económicos de la familia.

Dependo de una familia en donde sólo fuimos tres hombres; por lo tanto tenía que jugar con mis hermanas mientras Lucas trabajaba ayudando a mi padre, y a mí no me quedaba otra opción que jugar con ellas. Todo esto se volvía un poco difícil, pues era demasiado pequeño y les echaba todo sus juegos, a perder.
A ellas les gustaba construir pequeñas casas de madera y palma de coco, cubierta de arriba y de los lados dejando una salida pequeña. Cuando ya la casa estaba lista, nos íbamos todos para la playa.
Después, de que la marea bajaba buscábamos juguetes en los arroyos de basura que el mar dejaba. Ahí encontrábamos cosas como pequeños muñecos todos rotos, tazas, platos, cosas como esas que para nosotros eran objetos muy preciados. Y los pedazos de muñecas; mis hermanas las unían poniéndoles patas de palo, manos de olote de maíz, haciéndoles vestidos de trapos viejos, convirtiéndolas en todas unas “Barbie”, que todos conocen ahora.
Para nosotros el que llegara el atardecer era de mucha alegría, porque nos preparábamos para irnos a juguetear, era la forma que le llamábamos a tal actividad.
Era una disputa entre todos los niños de por ahí, sus padres también eran pobres y no podían darles cosas nuevas. La pobreza era general por causa de la bendita guerra que hasta la fecha no termino de entender.

Recuerdo que la única que me dejaba jugar con ella era Cristina, éramos los dos mas pequeños y como podíamos construíamos nuestra casa, la cual yo destruía sin darme cuenta; por estar dando vueltas le tumbaba los horcones que la sostenían, porque no los habíamos enterrado mucho, ella se molestaba y me echaba toda la culpa a mí, pero la verdad era otra, nosotros lo que hacíamos era dejar los palos que la sostenían, abiertos de abajo y más juntos de arriba para que se sostengan por ella misma, lo triste era cuando el viento soplaba, entonces se nos caía. En ese momento Cristina se molestaba y terminaba por votarme de la casa y ya no me dejaba jugar más con ella. Era entonces que yo me ponía a armar mi propia casa, la cual nunca logré levantar, cuando ella me miraba luchando sin poder lograr nada se compadecía de mí y me dejaba jugar con ella nuevamente, no más que ponía sus propias condiciones. Las condiciones eran, que me quede quieto en un sólo lugar que no me mueva de ahí para no hacerle el desastre.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capítulo #12 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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© Copyright-2003 Carlos A. Velásquez Blanco