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Retazos del capítulo #12 (Puñaladas
al Corazón)
Ahora
les hablaré un poco más de mi padre. Pero antes
quiero que quede todo claro; que no lo estoy juzgando por todo
lo que pasó, sólo quiero contar mi propia historia
de todo lo que viví con él, de cuanto daño
me hizo su comportamiento cuando era pequeño, la inocencia
que perdí, lo digo también con mi puño y
letra, que no importa como haya sido papá; ya el tiempo
paso y he superado parte de ello y parte no, pero lo que sí
tengo claro, es que él siempre será mi padre y yo
su hijo, por eso te quiero mucho papá y te perdono, aunque
tú sabes, que “sana la herida, pero la cicatriz jamás”.
Ahora
con todos los años que han pasado él ha cambiado
mucho, para con mis hermanos más pequeños, es más
tolerante y cariñoso con ellos y me da mucho gusto por
ellos y por él.
En
este momento de la historia volveremos atrás, para que
caminen conmigo a través de los años. Les he hablado
ya de toda mi familia, algunas veces he sido incluido yo, pero
ahora hablaré de mi persona y de las que me rodeaban en
ese momento. Trataré de dividirlo por partes para que lo
puedan entender de una mejor manera. Comenzaré de los cuatro
a los seis años, ya que estos fueron momentos de infancia
a pesar de todos los problemas económicos de la familia.
Dependo
de una familia en donde sólo fuimos tres hombres; por lo
tanto tenía que jugar con mis hermanas mientras Lucas trabajaba
ayudando a mi padre, y a mí no me quedaba otra opción
que jugar con ellas. Todo esto se volvía un poco difícil,
pues era demasiado pequeño y les echaba todo sus juegos,
a perder.
A ellas les gustaba construir pequeñas casas de madera
y palma de coco, cubierta de arriba y de los lados dejando una
salida pequeña. Cuando ya la casa estaba lista, nos íbamos
todos para la playa.
Después, de que la marea bajaba buscábamos juguetes
en los arroyos de basura que el mar dejaba. Ahí encontrábamos
cosas como pequeños muñecos todos rotos, tazas,
platos, cosas como esas que para nosotros eran objetos muy preciados.
Y los pedazos de muñecas; mis hermanas las unían
poniéndoles patas de palo, manos de olote de maíz,
haciéndoles vestidos de trapos viejos, convirtiéndolas
en todas unas “Barbie”, que todos conocen ahora.
Para nosotros el que llegara el atardecer era de mucha alegría,
porque nos preparábamos para irnos a juguetear, era la
forma que le llamábamos a tal actividad.
Era una disputa entre todos los niños de por ahí,
sus padres también eran pobres y no podían darles
cosas nuevas. La pobreza era general por causa de la bendita guerra
que hasta la fecha no termino de entender.
Recuerdo
que la única que me dejaba jugar con ella era Cristina,
éramos los dos mas pequeños y como podíamos
construíamos nuestra casa, la cual yo destruía sin
darme cuenta; por estar dando vueltas le tumbaba los horcones
que la sostenían, porque no los habíamos enterrado
mucho, ella se molestaba y me echaba toda la culpa a mí,
pero la verdad era otra, nosotros lo que hacíamos era dejar
los palos que la sostenían, abiertos de abajo y más
juntos de arriba para que se sostengan por ella misma, lo triste
era cuando el viento soplaba, entonces se nos caía. En
ese momento Cristina se molestaba y terminaba por votarme de la
casa y ya no me dejaba jugar más con ella. Era entonces
que yo me ponía a armar mi propia casa, la cual nunca logré
levantar, cuando ella me miraba luchando sin poder lograr nada
se compadecía de mí y me dejaba jugar con ella nuevamente,
no más que ponía sus propias condiciones. Las condiciones
eran, que me quede quieto en un sólo lugar que no me mueva
de ahí para no hacerle el desastre.
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al Corazón"
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