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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #11 (Puñaladas al Corazón)

Como siempre lo que nunca deja de pasar y llegar son los años. A pesar de los golpes que nos daba la vida, yo seguía alimentando mis sueños y mis hermanos los suyos. Ya sólo quedábamos unos pocos cuando Marisela se escapó con un hombre que apenas había conocido.

Este hombre, llegó a trabajar para una persona que tenía un terreno en la playa. Habían venido a construir unas ramadas días antes de la Semana Santa, y entre todos ellos, había un muchacho muy humilde, que hablaba de muchas cosas que tenía, como televisores, aparatos, cosas que nosotros no conocíamos y nos llamaba mucho la atención, por no tenerlas y al escucharlo se nos despertó un interés incontrolable y así fue como Cristina y yo nos pusieron de acuerdo para convencer a Marisela que se escapara con él, sin saber si él, estaba o no enamorado de ella. La cosa es que hicimos todo lo posible para convencerla.

Este chico ya le había propuesto a ella que se escaparan; cosa que Cristina y yo lo supimos hasta después de haberla convencido y dijo que sí, presentándose otro problema.
Cómo decirle a él que ella estaba de acuerdo a escaparse con él; la cosa es que lograron convencerme a mí para que se lo diga personalmente, sin darnos cuenta por la ignorancia al peligro que la estábamos exponiendo.

En su huida, la conciencia no nos reprochaba hasta después de unos minutos de haberse escapado; nosotros mismo la habíamos visto partir cuidando que nadie se diera cuenta. Como diez minutos después, mamá empezó a llamarla y cuando ella no le respondió comenzó a buscarla preocupada; pues era una niña de dieciséis años. Ese fue otro momento difícil para la familia, era otra ayuda que se nos iba, pero a Cristina y a mí por el interés de todo lo que habíamos oído no nos importaba pasar más trabajos. Todo esto sin pensar en el peligro y la desesperación de mi madre; después de ver la preocupación de mamá, fue que Cristina y yo comenzamos a preocuparnos y pensar en las consecuencias.
Dijo Cristina mirándome con los ojos bien abiertos, de por si, tiene los ojos grandes y si leda miedo peor.
— ¿Y si la mata?
— No creo. Respondí mientras me comía las uñas por los nervios.
— ¿Y si tiene hijos? Decía Cristina asustándome más a mí. No, no creo, respondí otra vez mirando al piso positivamente.

— Sólo Dios lo sabe. Exclamo Cristina caminando a la cocina rascándose la cabeza.
Pues de este hombre sólo se conocía el nombre que al final resultó ser falso, tenía otro nombre el cual ni sus compañeros conocían; con el tiempo supimos que había sido guerrillero más nada.
Pasaron unos largos días para que él apareciera por la casa buscando la manera de hablar con mis padres y arreglar las cosas. Fue entonces que conocimos de él, que era un hombre pobre y no tenía nada, nada más que a su madre que lo había abandonado cuando era un chiquillo y a su padre que era un alcohólico.
En verdad era un hombre sufrido y bueno, sólo contaba con una hermana menor, la cual se crió como pudo en casa de otras personas.

Después que él habló con mis padres, sólo quedaba esperar que Marisela se apareciera por la casa y no lo hizo hasta después de un largo año sin saber nada de ella; eso para Cristina y para mí fue muy triste, nos sentían culpables por todo lo que habían pasado. A veces nos ponían a llorar pensando en que él la había matado, o tal vez la trataba mal sin que nadie la pudiera ayudarla.

Era así como nos ponían a rezar pidiéndole a Dios por ella para que no le pasara nada. Dándole gracias a Dios, cuando Marisela se apareció en casa después de un año y comenzó a contarnos a Cristina y a mí, que era un hombre pobre y no tenía nada de lo que dijo, pero sí era un hombre bueno y trabajador.
Ahora con los años puedo decir… Que aprendió a amarla hasta dar la vida por ella. En todo el tiempo que tuve la oportunidad de conocer sus vidas puedo decir que eran muy felices.

Después de un tiempo se mudaron al mismo lugar en donde mis padres vivían, y comenzaron a trabajar en cosas distintas. La casa a la que se mudaron era pequeña y además de serlo, se humedecía en tiempo de lluvia. Pero aun así eran felices, hasta ese momento habían procreado ya una hija la cual era muy consentida, las cosas poco a poco fueron cambiando hasta llegar a la normalidad, si se puede decir de esa manera. Yo seguía creciendo mis hermanas también y por suerte mis padres lograron controlar sus emociones por la gracia de Dios.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capítulo #11 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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