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No
obstante, la nota bochornosa para la colectividad salvadoreña
fue protagonizada por el presunto comediante Julio Yúdice
mejor conocido internacionalmente como la Tenchis Céliber.
Durante
su espectáculo ridiculizó con sus palabras vulgares
y lo peor del caso, el hipotético locutor Vihagii, le seguía
la función y el libreto al pie de la letra que en una ocasión
casi le besó las extremidades a su compinche, la Tenchis,
con el fin de entretener a los miles de salvadoreños. Vihagii,
con su sonrisa sodomita decía: "I love it",
"I love it"
Increíble
que la radio de mayor cobertura hispana en la región de
Washington (no de mayor audiencia) permita obscenidades en su
tarima para injectar entretenimiento. Pero, lo que no tiene perdón
alguno es que en las instalaciones de dicho festival contaban
con la asistencia de muchos menores edad. Sin embargo, sus organizadores
les valió poca madre su presencia.
Es
una lástima que en El Salvador no se cuenta con un talento
artístico genuino de comicidad de primer nivel en la actualidad.
Según
algunas organizaciones y una buena parte de colectividad salvadoreña
han señalado y acusado a Julio Yúdice de ser un
individuo de poca escuela, inculto y charlatán que su humorismo
avergüenza a la mayoría de cuscatlecos que radican
en el exterior por utilizar un lenguaje pedestre.
Es
difícil de comprender que Julio Yúdice proclama
que ha culminado algunos estudios universitarios, con experiencia
en el campo de la televisión y radio. Pero, no pone en
práctica sus conocimientos académicos.
Tampoco
el señor Yúdice percibe que en los EE.UU. hay miles
de salvadoreños con diferentes ideologías y gustos,
quienes emigraron hace varias décadas; y ahora digieren
una cultura pigmentada con cucharadas anglosajonas y que su espectáculo
humorístico no gusta en absoluto por poseer poca creatividad
y un vocabulario autóctono de las barriadas de pueblo del
tercer mundo.
Tal
vez, los culpables del papel bochornoso que realizó la
Tenchis en el festival podría recaer en sus organizadores.
Todos sabemos que la dirigencia y sus supuestos locutores de la
estación radial son personas iletradas que laboran en ese
medio de comunicación, no por su talento o capacidad intelectual,
sino por devengar el salario mínimo.
Espero
que el señor Roberto Preza y compañía no
permitan en su “Festival salvadoreñísimo”
que la Tenchis continúe ridiculizando o avergonzando más
el nombre de los salvadoreños. El señor Yúdice
tiene que preparar un número humorístico para deleitar
a niños y adultos de diferentes extractos sociales.
En
el área metropolitana de Washington reside una colectividad
salvadoreña pensante que paulatinamente se ha podido adherir
a una idiosincrasia cosmopolita. Por ende, un buen número
de hijos(as) de salvadoreños culminan sus estudios académicos
cada año.
Si
comparamos a las comunidades de Los Ángeles, Boston, Houston,
Nueva York entre otros. Los compatriotas que viven en el área
de Washington cuentan con una estabilidad económica más
factible. Según la tesis que realizó la futura doctora
salvadoreña de sociología, Karen Ivette Tejada de
la Universidad de Albany en Nueva York.
Para
poder escribir este artículo sobre el señor Yúdice
realicé una mini encuesta entre cien salvadoreños,
les pregunté ¿Qué piensan del papel que personaliza
el comediante la Tenchis Céliber? Y casi un 90 por ciento
me contestó: "La Tenchis es un individuo vulgar,
charlatán y la vergüenza para los salvadoreños
en el exterior en sus presentaciones".
"Ojo",
a la Tenchis Céliber no se le critica por su folklórica
vestimenta o atributos físicos, al fin al cabo, muchos
salvadoreños poseemos esos rasgos marcados, heredados por
nuestros antepasados como el líder indígena Atlacatl.
La
idea no es despotricar a la Tenchis Céliber simplemente
deseo expresarle que cuando venga a Washington a sus presentaciones
se comporte como un gran caballero, especialmente, cuando hay
menores de edad y personas de otras nacionalidades que no comprenden
su jocosidad. No es necesario expresar chabacanerías para
divertir a un público, lo único que se requiere
es poseer talento y vocación para hacer reír. |