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Mientras,
disfrutaba el concierto escuchando temas como: El Problema, Duele
verte, De Vez En Mes, Como Duele, Quién entre otros. Y,
observaba a mi alrededor que muchos de los espectadores gorditos
sufrían por estar incómodos en sus butacas. Empero,
también sufríamos lo que estamos a la par de los
gorditos (as).
Es
una realidad, más de la mitad de la población estadounidense
está padeciendo de obesidad.
La
obesidad está perjudicando la salud de millones de hispanos
o latinos y causando aumentos en los costos de la atención
de la salud de miles de millones de dólares. Cerca de la
cuarta parte de los costos de atención de la salud se relacionan
con la obesidad.
El
sobrepeso es uno de los grandes contribuyentes a las enfermedades
crónicas como: presión arterial elevada , diabetes
tipo 2, cardiopatía, problemas en las articulaciones, cáncer,
y efectos psicosociales. Aunque, hay algunos obesos con dependencia
de factores hereditarios.
Ahora
bien, ¿Qué estamos haciendo la comunidad hispana
para reducir la obesidad? Tal vez muy poco. Un gran número
de hispanos pasan enchufados en el televisor todas las noches
de 7 a 10 de la noche observando las benditas telenovelas. Y,
ahí esta el detalle.
Si queremos salir de la sociedad de los gordinflones solamente
hay que seguir dos pasos importantes (1) comer alimentos nutritivos,
vegetales y frutas; olvidarse de la comida chatarra (2) hacer
ejerció diarios por lo menos 30 minutos. Obedeciendo esos
dos consejos tendríamos una ciudadanía más
saludable.
Desde
luego, los gobiernos locales deberán dirigir recursos para
abordar este problema en las áreas más sensibles,
desarrollar intervenciones comunitarias para controlar y evitar
la obesidad en los lugares de mayor prevalencia. Sin embargo,
también deberíamos reconocer que todos estamos en
el mismo barco.
Tenemos
que enseñar a nuestra comunidad lo importante que es tener
una nutrición saludable, tenemos un alto índice
de obesidad tanto de adultos como de niños y conlleva a
grandes riesgos de salud, si no buscamos la prevención.
Es
deplorable ver una persona obesa que no se puede sentar en su
butaca correspondiente y que mejor prefiere acomodarse en las
gradas de las secciones de asientos.
La
razón de escribir esta nota no es para despotricar a las
personas que sufren de sobrepeso; yo también voy para esos
lares. Tampoco, no soy un galeno para exhortar a la colectividad
hispana sobre la obesidad. Simplemente
estoy difundiendo lo que mi médico de cabecera me expresa
cada año que lo visito para mis chequeos rutinarios.
No
obstante, podemos decir que Ricardo Arjona deleitó a una
nutrida audiencia sin importar extracto social o condición
física que llegaron a degustar sus grandes éxitos.
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