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Hace
unos días visitó la capital estadounidense el presidente
electo de El Salvador, Mauricio Funes, quien sostuvo reuniones
de alto nivel con ejecutivos del Fondo Monetario Internacional
(FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID).
Funes
aprovechó para reunirse con las estructuras del
partido FMLN del área metropolitana. Igualmente,
acudió a una cena privada con los empresarios del
Movimiento Ciudadano "Amigos de Mauricio Funes"
y algunos igualados que aterrizaron como paracaidistas.
El evento se realizó en un restaurante de “caché”
en el corazón del barrio Latino en Washington.
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La
cena privada con empresarios Amigos de Mauricio ha tenido
repercusiones negativas por parte de varios condiscípulos
efemelenistas ortodoxos de hueso colorado. Esto debido
a que, a dicha actividad fueron invitados (y otros que
también se filtraron) miembros hipócritas
del partido ARENA que antes de las elecciones presidenciales
denigraban a Funes; lo tildaban de títere de los
comunistas; a parte, patrocinaron con grandes cantidades
de dólares la campaña de miedo que ejerció
el partido de derecha en las últimas elecciones.
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En
esa noche los opositores del partido de izquierda degustaron buena
comida, vino, postres foráneos y posteriormente hicieron
línea para fotografiarse con Mauricio Funes. ¡Puchica!
"que folclóricos somos
nosotros los salvatrucos"
Según,
fuentes fidedignas los empresarios detractores del partido de
izquierda llegaron al convivio íntimo para abogar a favor
de la actual diplomática de El Salvador en Washington,
la señora Ana Margarita Chávez para que el presidente
electo Mauricio Funes mantenga a la funcionaria en la posición
de cónsul general en su nuevo gobierno.
Es
increíble ver hasta donde han llegado estos individuos
mojigatos: Interceder por un burócrata; buscando sus dividendos
personales.
Conforme
manifiesta un buen sector de la colectividad salvadoreña,
un empresario llegó a respaldar a la cónsul, por
la razón que atesora intereses personales en el consulado.
En otras palabras, posée su propia empresa; propietario
de unas pantallas de publicidad (en donde se anuncian compañías
de gran envergadura); además, el servicio de imprimir copias
de documentos a los compatriotas que las requieren en sus gestiones
consulares.
Ahí
están las razones palpables de por qué este empresario
no desea el cambio de la funcionaria, sus "chanchadas"
saldrán a la luz pública y su negocio se vendrá
a pique. Por tal motivo, el fulano llegó catrín
con otros amigos a la fiesta, tratando de persuadir al presidente
electo que le escuchara sus súplicas.
Desde
una perspectiva personal creo que la diplomática
Ana Margarita Chávez ha ejercido una labor aceptable;
mujer afable y carismática con la diáspora,
siempre con el instinto genuino de echar una mano a su
prójimo.
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Aunque,
un grupo de coterráneos y medios de comunicación
salvadoreños la han señalado como una burócrata
"besa traseros",
a quien le encanta codearse con la clase distinguida,
robar cámara e invertir la propoganda consular
(el dinero del pueblo salvadoreño) en los medios
no cuzcatlecos como: la única radio FM latina que
a menudo hace un papel ridículo para llamar la
atención con el palurdo locutor de las mañanas.
Asimismo, con un semanario que es dirigido por un tío
español que en varias ocaciones le publican notas
periodísticas en donde la vanaglorian y le llaman
la "Cónsul
Cachimbona",
cosa que a ella le fascina escuchar.
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Por
las coyunturas ya mencionadas, los medios de comunicación
salvadoreños en Washington (locutores, gerentes de semanarios,
revistas y representantes de ventas); no visualizan con buenos
ojos la actitud de la actual cónsul que prefiere congratularse
y besar traseros de los comunicadores extranjeros, en vez de aportar
o distribuir ecuánimemente la propaganda gubernamental
con los medios salvadoreños locales.
En
unas semanas tendremos nuevo gobierno en El Salvador. Esperamos
que Mauricio Funes y la nueva cancillería puedan escoger
servidores públicos de vocación , competentes y
con escuela; no por cuello blanco. Y de esta forma, representen
con sensatez a más de un millón de salvadoreños
(cifra extraoficial), que residen el área de Washington.
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