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Don
Matilde era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante
largos años había trabajado con ahínco para
sacar adelante a su familia.
Su
mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien,
respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó
su vida y su escasa fortuna.
A
los setenta años Don Matilde se encontraba sin fuerzas,
sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo,
brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión,
pero veía pasar los días sin que este apareciera
y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su
hijo.
Don Matilde tocó la puerta de la casa donde vivía
su hijo con su familia.
-¡Hola
papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!
-Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo,
además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros, nos da mucho gusto
que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero
temía ser un estorbo.
-Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir
con ustedes? ¡me siento tan solo!
-¿Quedarte a vivir aquí?,
sí... claro... pero no sé si estarías a gusto,
tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial... y luego
los niños..
-Mira
hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes
por mí, alguien me tenderá la mano.
-No padre no es eso, solo que, no
se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar
a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían, o
solo que no te moleste dormir en el patio.
-Dormir en el patio está bien.
-El
hijo de Don Matilde llamó a su hijo Luis de doce años.
-Dime papá.
- Mira hijo, tu abuelo se quedará
a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape
en la noche.
-Sí con gusto.
¿Y donde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos
incomodemos por su culpa.
Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la
cortó en dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Luis?
¿Por qué cortas la colcha de tu abuelo?
-Sabes papá, estaba pensando...
-¿Pensando en que?
-En guardar la mitad de la cobija para cuando
tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.
Es
una realidad, por cuestiones culturales o por asimilar otros extractos
sociales nosotros los seres humanos nos estamos olvidando de nuestros
progenitores en la longevidad. Cuando ellos pasan a una mejor
vida es cuando, se vive el calvario; sentirse culpable de actitudes
o hechos negativos que cometemos en contra de vuestros procreadores.
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carlosvelasquez@intipucacity.com
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