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Se
comenta que el Comité de Apoyo ADI-USA recaudó en
el área metropolitana de Washington para las arcas del
Club ADI F.C. en la temporada 2006-2007 más de $50,000
dólares, una cifra afable para sufragar los gastos de planilla
que se requiere para tener un equipo en la Segunda División
del fútbol rentable de El Salvador. Hay que aplaudir la
labor excepcional que está ejerciendo, el “Dirigente
Dinosaurio”; en el buen sentido de la palabra, Don Dionil
Jiménez, que inyecta positivismo a los demás intipuqueños
de la organización que él comanda para que se mantengan
firmes en su doctrina, de que nuestra ciudad goce del privilegio
de poseer un equipo de fútbol que le otorgue reconocimiento
al Gran Arco de la Boca en el oriente del país.
La
diáspora de salvadoreños que radican en
los EE.UU. poseen una visión muy alentadora sobre
la ciudad de Intipucá. La pintan como una Urbe
de prosperidad con mansiones lujosas, vehículos
de último modelo, viviendas con lo más reciente
en electrodomésticos y tecnología. Lamentablemente,
esa no es la autenticidad de lo que en verdad se vive
en la ciudad de Intipucá.
En
El Salvador, una nación tercer mundista, donde
muchos habitantes viven en la miseria y el Gran Arco de
la Boca no es la excepción. En Intipucá
hay niños que se acuestan con hambre, personas
que mueren porque no cuentan con recurso económicos
para comprar medicina o efectuarse una cirugía
para curarse, ancianos (as) que están muriendo
poco a poco en la soledad, jóvenes que no pueden
culminar sus estudios académicos entre otros.
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Para
corroborar lo expresado, solamente tiene que viajar hacia
la playa del Cerique y será testigo de las paupérrimas
condiciones que viven a la orilla de la calle, humildes
familias que también son intipuqueños que
por mala fortuna de la vida, experimentan en carne propia
la axiomática pobreza. |
Los
primeros emigrantes de Intipucá hacia EE.UU.
Don
Sigfredo Chávez (Q.E.P.D.), fue el primer intipuqueño
que buscó mejores horizontes de vida en los EE.UU. en el
año de 1967. Gracias a su odisea, se convirtió en
el Cristóbal Colón de los intipuqueños, Don
Sigfredo trazó una brecha para que muchos otros pucos (as)
pudieran salir hacia el país del "Uncle Sam"
a buscar prosperidad. En esos años la mayoría de
la población vivían en la extrema pobreza, las viviendas
eran construidas de adobe y paja. Los únicos que gozaban
de una estabilidad económica soluble en esa época
eran algunos terratenientes que contaban con varias hectáreas
de terreno y muchas cabezas de ganado.
A
fines de los años 60's y a comienzo de los 70's se dio
una ola de inmigración de intipuqueños hacia el
país del norte, buscando salir de la penuria que vivían.
Muchos de ellos (as) hipotecaban sus viviendas, solares baldíos,
otros vendían sus animales como: bueyes, caballos, burros,
gallinas, cerdos etc. para poder conseguir el dinero y solventar
los gastos que se requerían para emigrar a los EE.UU.
Treinta
años después podemos expresar con firmeza que el
80 por ciento de la comunidad de Intipucá que radican en
el área metropolitana de Washington poseen una estabilidad
económica factible, varios de ellos (as) son propietarios
de empresas como: Restaurantes, Bodegas, Empresas Constructoras,
Salones de Bellezas, Peluquerías, Asociaciones Hipotecarias,
Agencias de Bienes y Raíces entre otras. Podemos decir
que los pucos (as) son individuos de prosperidad. No obstante,
su tenacidad laboral ha sido su “varita mágica”
al éxito.
¿Qué
estamos haciendo para ayudar a los más necesitados de nuestra
ciudad?
Es
una vergüenza que nosotros los intipuqueños que residimos
en EE.UU. no estamos haciendo absolutamente nada para bregar la
pobreza que viven algunos hermanos en el Gran Arco de la Boca.
Y
lo más triste de todo esto, es que casi todos los inmigrante
que llegaron al país del "Tío Sam" en
los años 70's, 80's y 90's emigraron por una simple razón;
para salir de la extrema miseria de aquellos años. Estos
individuos no recuerdan cuando suplicaban que les prestaran pisto
para poder completar el pago a los coyotes: "Semilla Mango
(Q.E.P.D.)", "Chano" y "Monchito".
Los
intipuqueños (as) nos olvidamos que nosotros vivimos hace
varias décadas en la indigencia y no queremos aportar para
suavizar un poco la penuria de algunos hermanos que viven actualmente
en Intipucá.
Para
ayudar a nuestro prójimo no necesitamos que nos saquemos
una buena proporción de dólares del bolsillo; simplemente
unos cuantos billetes verdes. Un ejemplo, si 300 intipuqueños
donaran $20.00 al mes, se recaudaría $6,000 . Si sumamos
por el año tendríamos $72,000 dólares,
un número benevolente para ayudar a muchas personas que
claman al cielo por una limosna.
Escasez
de líderes intipuqueños en los EE.UU.
La
escasez de líderes genuinos es la parte modular para que
hoy en Intipucá no contemos con una organización
que vele por esos individuos que esperan que un samaritano les
otorgue la mano, anhelan un milagro. Sin embargo, esa ayuda nunca
llegará. Nosotros por naturaleza somos aberrantes.
Hay
que destacar la impresionante labor que está ejerciendo
el Comité de Apoyo ADI-USA, qué bueno fuera que
hubiese una organización que siguiera los pasos de ese
Comité para ayudar a las personas que en realidad carecen
de recursos económicos en la población.
***
Creo que para querer a los demás
hay que empezar por quererse a sí mismo. No obstante, nosotros
los seres humanos no nos queremos a sí mismo; y eso dice
mucho: No podemos dar lo que no tenemos; si ni con nosotros mismos
tenemos misericordia, será difícil aportar para
herradicar la pobreza en Intipucá.
Si
posée alguna inquietud sobre este artículo, por
favor contacténos
carlosvelasquez@intipucacity.com
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