En
los años 70s, yo era un niño con un desarrollo
mental precoz, me encantaba la literatura, leer cuentos y
realizar presentaciones en las diferentes materias que se
impartían en la escuela, mis compañeros en esa
época fueron: Rosita Gallo, Ana María Benítez,
Carlos Mario Pineda, Juan Flores, Pipo Charro, Lorena Benavides,
Estela Villatoro, Moris Fuentes, Memo Flores, entre otros.
Un
día, yo salía de la escuela con varios de mis
compañeros y en esa época ya estaban dando inicio
las fiestas de marzo en mi querida población, alguien
de mis compañeros grito y dijo: “el alcalde esta
regalando los programas de la feria”. Yo me alegré
mucho y fui rumbo al edificio municipal. Efectivamente ahí
estaba el señor alcalde repartiendo los mencionados
programas de las fiestas de marzo en el corredor de la alcaldía.
Yo comencé a hacer línea como buen estudiante.
Aunque la línea estaba larga pero yo me mantuve por
unos cuantos minutos. Al llegar al final de la fila, yo muy
contento levanté las manos para que el señor
alcalde me otorgara el programa de las fiestas. El edil me
observó con unos ojos muy "burlones" y me
dijo: "Cipote ¿qué
estás haciendo aquí?, yo no estoy regalando
programas a bichos que ni leer saben y después los
botan. ¡Por favor salí de la línea!"...
sus palabras me causaron mucha indignación y vergüenza.
Ese
día no lo voy olvidar nunca, me dejó una secuela
negativa la actitud de la máxima autoridad de mi pueblo,
me negó el derecho de leer el programa de las fiestas patronales.
Y
después cuando me dirigía a mi casa muy deprimido
encontré unos jóvenes que venían de bañar
de la famosa "Posona" y me comenzaron a pegar, simplemente
por una diversión. Pero yo pude escaparme y agarré
una piedra y se las tiré a uno de ellos y el resultado
fue que le reventé la cabeza a uno de esos jóvenes
que me habían pegado.
Me
fui para mi casa, dos horas más tarde llega una señora
con su hijo, con la cabeza ensangrentada, buscando a mi mamá
para poner la queja. Mi madre muy enojada por lo que hice me
hincó y me castigó, con mi misma correa, me dio
varios correazos. Mi querida mamá ni me preguntó
cómo acaeció el incidente.
Ese
día se marco una secuela negativa de mi vida, los golpes
que me dieron esos jóvenes y los correazos que me dio
mi madre no los recuerdo en absoluto. Pero sí recuerdo
como que fue ayer lo que el señor alcalde me hizo. No
me dio un programa de las fiestas patronales que en esa oportunidad
los obsequiaban gratuitamente.
En
ocasiones no es satisfactorio poseer resentimientos sobre una
persona. Yo perdono al señor alcalde por su actitud no
benévola tomada en aquellos años cuando yo era
un niño. El rencor o resentimiento no trae resultados
positivos a nuestra mente. Gracias a nuestro Dios, poseo una
educación académica digna, suficiente para visualizar
la vida con otras perspectivas solubles. Hoy veo a ese ex-alcalde
que me marcó o envenenó mis sentimientos por su
ignorancia. Con respeto y admiración, él es un
gran empresario en Washington que por su trabajo ha obtenido
prosperidad económica.
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