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Marzo 2006
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"Ni tampoco me considero Nostradamus"

Por: Carlos A. Velásquez Blanco (Fundador y columnista de Intipucacity, Director y Productor del programa de televisión "Punto de Vista" que se transmite en el estado de Virginia, además es corresponsal radial de varias estaciones en Latinoamérica)
 

La violenta reacción que han mostrado algunas importantes personalidades del Islam ante un reciente mensaje teológico del Papa Benedicto XVI es señal inquietante de que podríamos estar al borde de un gravísimo conflicto entre Oriente y Occidente, alentado esta vez no por la política tradicional, sino por el integrismo religioso.

No es un secreto que desde sus albores en los tiempos del profeta Mahoma, el Islam se ha considerado, de manera dogmática y absoluta, en la religión auténtica y la única que puede salvar al hombre y llevarlo a los paraísos prometidos por el mensajero de Alá.

El proceso inicial de conversión, en los tiempos primitivos, era simple: los discípulos del Profeta colocaban una cimitarra en el cuello de los infieles y les preguntaban: ¿crees que Alá es Dios y Mahoma su profeta? Con una espada en la yugular, los interrogados contestaban, invariablemente con un sí.

Después venía el adoctrinamiento, la incorporación a las filas de los propagadores de la fe y la historia se repetía hasta la fatiga.

Hoy, el Islam se extiende sobre varios continentes e involucra a unos mil millones de personas.

Hay musulmanes en Arabia, cuna de la Iglesia y los hay en sitios tan distantes como en nuestro país, El Salvador.

Aunque las sectas son cerca de sesenta, dos son las grandes congregaciones que dominan y concentran a la mayoría de fieles: los chiítas y los sunitas.

Algunas figuras notables del terrorismo internacional se han cobijado bajo la bandera del Islam y si bien es un hecho que la religión en sí misma no comulga con el extremismo armado, es también cierto que no han faltado clérigos de esa comunión que respalden atrocidades tales como los eventos de Nueva York, Londres y Madrid, donde acciones terroristas dejaron miles de víctimas inocentes.

Preocupado por los hechos y por el innegable crecimiento del odio y la violencia, el Papa hizo un llamado a la paz y a la clara separación entre religión y violencia.

Y algunos ayatolás se disgustaron tanto que criticaron agresivamente al Pontífice, exigiéndole que se desdijera y pidiera disculpas.

Entre tanto, varios entusiastas del terror hicieron explosionar bombas de bajo poder en una iglesia anglicana y otra griega ortodoxa, en Palestina, enviando el mensaje de que la irritación no es sólo con los católicos, sino con los cristianos en general.

Nos parece totalmente sensato que se discuta este asunto abiertamente y que se busque separar la fe del terrorismo, pues son en esencia incompatibles.

Pero no podemos cerrar los ojos a lo que sucede.

Y sería suicida repetir lo que se hizo ante Hitler, cuando las naciones libres se cruzaron de brazos frente a la expansión del nazismo.

No soy ningún clarividente, ni tampoco me considero Nostradamus pero percibo que las palabras que expreso el Papa Benedicto tendrán consecuencias graves, serán excusas de los terroristas para cometer otros atentados.

Si posée alguna inquietud sobre este artículo, por favor contacténos carlosvelasquez@intipucacity.com


© Copyright-2003 Carlos A. Velásquez Blanco