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Marzo 2004
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Una Postal navideña valé mas que una botella de Crown Royal

Por: Carlos A. Velásquez

La Navidad es tiempo de espiritualidad. De evocar momentos vividos y de buenos deseos hacia nuestros semejantes…. En esta nueva era que estamos viviendo, la navidad se ha vuelto muy comercial y la mayoría esperamos que nos ofrescan un regalo.

Las fiestas de noche buena se han convertido en una metamorfosis en estos últimos años. Yo he vivido por varias décadas en este país del Norte en donde es muy evidente observar los Centros Comerciales durante las pascuas que se abarrotan por muchísimos, haciendo las compras correspondientes. Muchos de nosotros compramos regalos para salir del compromiso, como una obligación de la época. Pero es importante que cuando nosotros le otorgamos al ser querido el obsequio nos enriquece el ego. Aunque lo que estamos regalando es para salir del aprieto o compromiso de la bendita “Noche Buena”.

Usualmente, yo no soy un individuo que me jacto de los objetivos o metas que he logrado, ni tampoco de los obsequios que recibo durante las fiestas navideñas. En este caso lo haré para estipular una perspectiva a este artículo. Gracias a nuestro arquitecto del universo, he laborado para una empresa constructora en el departamento de producción y mercadeo, ya por varios años. Durante el transcurso, tengo que bregar por lo menos con unas cincuenta compañías contratistas que son la parte modular para avanzar en los proyectos. Por tal razón, en la época de las navidades recibo muchas regalías: Chaquetas, Suéteres, Pasajes aéreos, Certificados de Tiendas y Restaurantes. Pero lo que más recibo son botellas de licor fino como: Crown Royal, Tía María, Don Julio Anejo Tequila, John Jameson's Irish Whiskey entre otros. Por lo cuál, me siento muy alagado del gesto tan peculiar de la mayoría de estos contratistas.

En conclusión, es una distinsión recibir un presente de individuos que se aprecian. Pero en este caso no es benevolente, desde mis perspectivas. En mi caso personal, yo nunca en vida me he embriagado y ya ando por los cuarenta años. No voy ha mentir: Ya me he tomado algunos tragos pero nunca me he emborrachado. Usualmente, la función que desempeño con el licor que recibo es muy simple: Lo regalo a los amigos/as que en realidad degustan del licor fino. Si ustedes pudieran visualizar las caras de felicidad que ponen esas personas al recibir la botella de licor ... Les estoy obsequiando el regalo perfecto para olvidar las penas o quizá festejar algún evento especial.

Recuerdo las navidades que yo pasé en mi pueblo donde no tuve la dicha de tener muchos regalos. Me recuerdo de aquellos carritos de madera que mi padre me compraba. Mi deseo siempre fue tener una bicicleta; lamentablemente, el niño Dios nunca me la trajo, mi único consuelo era ir al parque ha observar otros niños que poseían la dicha de tener como regalo una bicicleta.

Las pascuas en mi pueblo eran muy humildes en todo el sentido de la palabra. Aunque eran modestas en lo económico. Las tradiciones eran maravillosas, por ende nos dejaron un legado de felicidad en nuestras entrañas. Qué lindas eran esas navidades donde los fuegos artificiales eran el común denominador, aquellos panes con pollo, la Gallina rellena, Tamales de cerdo o de gallina India. Estas remembranzas me hacen remontar aquellos años de mi niñez, aquellos tiempos que nunca se van a olvidar.

Hoy no me quejó de estas fiestas de fin de año, recibí muchos regalos materiales y otros que me los compré. Aunque lo económico no es la pauta de la felicidad.

En ocasiones una Tarjeta Postal o una llamada por teléfono valen más que una botella de Crown Royal. Sin embargo, me hubiese gustado recibir una postal de algunas personas que quiero mucho. Pero hay que entender que hay personas que donde ellos se desarrollaron entre la campiña, nunca les explicaron que la Navidad es una época de brindar espiritualidad. De evocar momentos vividos y de buenos deseos hacia nuestros semejantes. Bueno, esa es la idiosincrasia de nuestros progenitores.

Reiterando, en este artículo no es mi deseo alabar mi vida personal. Lo que quiero expresar, es que las Fiestas Navideñas, no son solamente para otorgar un regalo por salir del compromiso. Sino que es una época para decirles a las personas que las queremos, lo que sentimos en nuestro corazón o alma.

En este nuevo año que estamos iniciando pongamos las barbas en remojo, y que las resoluciones sean, literalmente hablando: No proveer más porquería durante las pascuas a nuestro prójimo.


Si posée alguna inquietud sobre este artículo, por favor contacténos info@intipucacity.com

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