El genuino éxito en la vida

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06/12/2014


Hace unos, años me dijo un pariente muy cercano que por la suerte y su trabajo tenaz ha logrado prosperidad económica: "Tanto no quisiera que mis padres estuvieran vivos para darle todo lo que ellos nunca tuvieron".
 
  Para muchos individuos la palabra "éxito" es sinónimo de una alta reputación profesional o empresarial, una buena cuenta bancaria, una cantidad considerable de bienes, renombre social o, incluso, la fama internacional. Son muchísimos los que se desviven por conseguir algunas de estas cosas. Ellas, en sí mismas no tienen nada de malo. Sin embargo, según mi humilde opinión, existe unos detalles que se deben tomar en cuenta para tener una perspectiva equilibrada respecto a este tema.

Pregunto a las pocas personas que se han tomado el tiempo de leer esta reflexión: ¿cuál es el verdadero éxito?

 Personalmente, el verdadero éxito no consiste en lo que hacemos, sabemos o poseemos, sino en lo que somos. Porque, póngase a pensar, ¿de qué sirve realmente que alguien haga cosas maravillosas en su profesión u obtenga logros impensados en su vida, si en su carácter es un auténtico patán o un arrogante de primera? el éxito es solo una manera de afirmar el ego o de demostrar orgullo o superioridad. El verdadero éxito, por tanto, solo se alcanza cuando nuestros actos o nuestros logros son impulsados por motivaciones nobles; cualquier otra cosa es basura.

El genuino éxito de la vida, no depende tanto de cuánto tengo sino de qué es lo que hago con eso que poseo. Por ejemplo, alguien puede tener grandes ingresos económicos, pero de nada le sirven si solo los utiliza para complacer sus deleites egoístas o para engrosar su avaricia. No es correcto, entregar una donación o hacer una obra altruista para después publicarlo en las redes sociales para quedar agraciado con la sociedad.

Será exitoso si, y solo si, invierte lo más que puede en el desarrollo de  su propio prójimo, de sus hijos (as) o cónyuge. Además no hay que olvidar los menos favorecidos.
 A nuestros progenitores hay que darle todos lo que este a nuestro alcance cuando están vivos, (no hay que ser como ese pariente inhumano y cobarde) no hay que esperar a tener éxitos económicos para darle a nuestros padres; que en muchas coyunturas es amor lo que ellos necesitan.
 Todos sabemos que al morir no se llevará nada a la tumba, por tal razón,  hay que dar lo poco o lo mucho que hemos obtenido gracias al creador todopoderoso.

"Ojo" para ser bondadoso o carismático y dar amor  a nuestros semejantes no se requiere tener fortuna, ni éxito. Con una palabra bien dicha es suficiente para otorgar satisfacciones al corazón y alma.

 

Autor


Carlos A. Velásquez Blanco (El Master)

Fundador y columnista de Intipucacity, Director y Productor del programa de televisión \"Punto de Vista\" que se transmite en el estado de Virginia, además es corresponsal radial de varias estaciones en Latinoamérica

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