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Río El Amatal refleja lo mayúsculo de nuestra inconciencia

Sun, 08 Se



Por Joaquín W. Chávez

El río El Amatal es sin duda el río más importante para el casco urbano de Intipucá y de caseríos circunvecinos, “cuantas historias de nuestra historia como Pueblo”,  ha visto nacer y morir a muchos intipuquenses, en sus pozas hemos lavado nuestra ropa, el ganado ha saciado su sed, ha sido testigo mudo de amoríos febriles de muchos en nuestra juventud. Lo estamos destruyendo y solo unos pocos, buscan salvarlo.

¡¡¡Qué difícil es pedirle perdón a un ser desigual!!!

¡¡¡Qué difícil es pedir perdón cuando no se califican los actos como equívocos!!!

¡¡¡Qué difícil es, pedir perdón al río por nuestra inconsciencia, negligencia e hipocresía!!!

El río de El Amatal, es el más determinante de los yacimientos acuíferos con los que cuenta el municipio de Intipucá, en sus riveras y cuenca están perforados los pozos que abastecen de agua potable al casco urbano en su totalidad, cantón El Carao, y los caseríos de El Chichipate, Jicarito, Caulotillo y La Agencia. Para dimensionar la importancia de ese afluente, según la proyecciones del departamento de Estadísticas y Censos, del Ministerio de Economía, en esos lugares reside casí el 68% de la población del municipio, es decir, 5,440 habitantes que son abastecidos con agua proveniente de los pozos perforados en la periferia del Río El Amatal.

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Corre el año 2013, y el municipio de Intipucá ha sido beneficiado con fondos provenientes del Gobierno Central, por medio de un préstamo internacional con el que se creó el Proyecto de Fortalecimiento a los Gobiernos Locales (PFGL). Para el caso de Intipucá, dentro de esos fondos existía un componente para ser invertido en la gestión de riesgos ante desastres ambientales y naturales. Para realizar los desembolsos, los cooperantes exigían que se hicieran una serie de consultas con los diferentes sectores de la sociedad civil, y con las organizaciones comunitarias como las ADESCOS, para recoger los insumos a efectos de priorizar las necesidades a atender.

A pesar de que el proyecto en sí mismo era bueno y en muchos otros municipios se dieron excelentes resultados en el componente de identificación de riesgos y desastres ambientales, en Intipucá se contó con la limitante de la poca socialización, no se hicieron las consultas ciudadanas con el rigor que se requiere, y el diagnóstico pasó a convertirse en un refrito de un estudio ya existente que había sido elaborado por geólogos del mundo, con la completa tolerancia de las autoridades municipales de ese entonces.

Todas estas deficiencias en el planteamiento de la problemática en el diagnóstico de los problemas, hizo que en el diagnóstico de posibles desastres ambientales no se contemplaran ni las sequillas ni la reducción de los causes de los ríos y quebradas del municipio de Intipucá, y básicamente el diagnóstico define que las problemáticas se reducen a inundaciones en El Icacal, El Esterón, deslizamientos en Santa Juliana, El Amate, Barrio El Amatal y Caserío El Bartolo, así como los incendios forestales que afectan Los Ranchos, Cantón La Leona y el Caserío La Magueyera.

Decir que los problemas de desastres se reducían básicamente a inundaciones y deslizamientos, le permitía a nuestras autoridades municipales de aquél entonces a invertir los fondos obtenidos de ese programa, en proyectos de infraestructura como calles y cunetas en las zonas identificadas como afectadas o en la adquisición de un motor fuera de borda con embarcación para atender las inundaciones, quedando afuera de cualquier inversión el tema de reforestación o protección del yacimiento acuífero del Río El Amatal.

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En el año 2016, una sequilla afectó severamente el que se ha denominado el corredor seco, que incluye una veintena de municipios, entre los cuales está Intipucá, ese año no solo  la canasta básica subió producto de la sequilla, sino que desde la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) se comenzaban a dar ya voces de alerta, los pozos en el país han reducido su caudal en más de un metro y cincuenta centímetros los últimos dos años, el problema ya se había convertido en una gran mancha que no se puede esconder.

En el año 2017, por iniciativa del señor Hugo Salinas y de otros ciudadanos, se solicitó asistencia técnica a la ANDA, para suerte del río El Amatal, ese era un año preelectoral, todos los candidatos sin excepción llegaron a sembrar arbolitos y tomarse fotos, todo con el ánimo de ganar simpatías de los votantes, pero sin realizar un abordaje serio de la problemática, ni menos incluir en sus planes de gobierno medidas que ayuden a mitigar la acelerada disminución del vertiente o buscar consensos y pactos de caballeros de quien resultara ganador emprendería importantes acciones en mejorar la flora del lugar y buscar la declaratoria de zona protegida el yacimiento principal del Río.

El 10 de enero de 2018 se realizó la visita por parte de  los ingenieros Luís Arturo Barrera Deras y Lorenzo Arturo Pineda Hidalgo, ambos técnicos de  la Unidad de Gestión Ambiental de la ANDA, recomendaban que para la reforestación se podrían utilizar arboles como ojuste, conacaste, caoba,  tempisque, ron-ron; siendo el principal problema que son árboles maderables y al no existir una cultura ambiental arraigada, se corría el riesgo de ser talados y el ciclo de la deforestación sería interminable.

Por ello sugirieron que para garantizar el éxito de la reforestación, estas se hicieran con árboles frutales injertados para lograr que la gente no los tale, y cuidarlos por el hecho de brindar su fruto, para lo cual recomendaron especies como mango jade o panades, marañón, cacao, anona, limón pérsico, zapote, aguacate, caimito y otros.

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Septiembre de 2019, Intipucá cuenta a esta altura de la historia con muchas personas profesionales, médicos, ingenieros, abogados, contadores, etc. (Muchísimos intipuquenses pensantes nos  preguntamos: ¿Qué está haciendo la bendita directora del Complejo Educativo para educar o concientizar a sus estudiantes la importancia  del medio ambiente en su municipio?). No obstante, nadie parece asumir su rol para crear mecanismos de incidencia que nos permitan comprender y dimensionar el problema que tenemos frente a nuestros ojos con el cada vez más deteriorado afluente del río El Amatal. Para los políticos intipuquenses, parece ser que el río es un problema a resolver solo en las campañas electorales, y los profesionales de este pueblo sufren amnesia sobre una materia que se llama ciencia salud y medio ambiente, o ciencias naturales; la postergación de las cosas como conducta del atenido.

Por ello es plausible la acción de Alexander Maldonado en la búsqueda de fondos para lograr la reforestación del Río, a pesar de los sin sabores que a veces se lleva sobre la no colaboración de los demás, o el poco interés de la comunidad de acá en sembrar unos arbolitos que ya están comprados; él, no cesa en su noble propósito de hacer lo que esté a su alcance para que el desastre no nos alcance antes de tiempo. Intipucá ocupa muchos como Alexander, con un interés genuino y no fingido en hacer cosas positivas por este municipio.

Este año nos hemos enterado como desde la alcaldía se han pagado ciento cinco dólares por cada una de las palmeras  en la entrada al pueblo, y una cantidad igual por la siembra de cada una de ellas; sin embargo, para el evento programado para la Reforestación la municipalidad no envió a empleados, no facilitó herramientas (salvo dos palas) ni colaboró con la compra de árboles; parece ser que para ellos, las prioridades son otras cosas, pero no lo es, el riesgo que corre el 68% de la población del municipio de quedarse sin agua.

Es incompresible el trabajo nulo de la Unidad Ambiental Municipal de los últimos años y la actual, en no buscar alternativas de protección para el Río, tampoco se comprende la negligencia del Concejo en no aplicar las ordenanzas ambientales existentes, para poder aplicar correctivos a los ciudadanos que irrespetemos las normas de convivencia y coexistencia con el medio ambiente. No ha existido ni antes ni ahora una verdadera voluntad de atender lo ambiental como un problema que nos atañe a todos.

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 No me imagino admitiendo mis errores, ¿cómo sería entonces que el hombre aceptara que ha maltratado y humillado a un ser que no es igual a él, si creemos estar por encima de todo? De qué servirán entonces mis palabras o las de Alexander Maldonado, de que serviría tantos pesares y lamentos, pero más inquietante aún, de qué serviría la boca de nosotros ¿cómo humedeceremos y apagaremos nuestra sed, si no le pedimos perdón (con hechos) a ese río que agoniza? Puedo ver como la luz y la vida del río El Amatal, se escurre entre los dedos de los “dueños de este mundo”, como su rostro se llena de basura y su cuerpo de toxinas. Las lágrimas de Intipucá no llenaran el espacio que dejará su cadáver invisible ni siquiera llorando hasta que la sed nos consuma. 

Mi recuerdo es de un río que lucha por vivir, de un río que nos quitó la sed y muchas veces el hambre, de muchos de nuestros hermanos que en sus viajes hacen un espacio para ir a verlo y aunque lo vean seco, pueden evocar los recuerdos de su infancia en muchas de sus pozas; pero también hay un pueblo que lo ignora. No sé qué más puedo decir, me he quedado sin palabras, se han ahogado en el río El Amatal, es hermoso, aun cuando está muriendo, pero no es tarde para salvarlo, nos pide que lo escuchemos.

¡¡¡Púchica!!! No es un chambre es la realidad. La mayoría de los intipuquenses o salvadoreños son unos genuinos "huevones", mantenidos y esperan que sus hermanos en el exterior les resuelvan sus bienaventurados problemas.

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Publicado por Intipucá City en Domingo, 15 de septiembre de 2019

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