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Ya basta

Mon, 11 Ma



Por Ana Julia Jatar

Cuando un niño es víctima de abuso sexual, es un delito ante la sociedad que debe ser castigado con todo el peso de la ley, pero cuando el victimario es un sacerdote, este debe ser también castigado por las religiones: es un pecado ante Dios, la comunidad y la justicia divina. Le conviene a la Iglesia Católica de una vez por todas dejar de encubrir a quienes merecen ser juzgados, pues es por el bien de los niños inocentes y por la supervivencia de la propia Institución. Muchos padres y madres han dejado de ir a misa y creer en el sacerdocio pues se sienten traicionados por tanto secretismo e impunidad. Ya basta.

Cuando un adulto es víctima de abuso sexual, por lo general dichas violaciones son solucionadas en la corte, pero cuando es un niño el agraviado, estamos en presencia de un crimen abominable que quizás nunca verá la justicia por varias razones. Me explico.

Los adultos han construido herramientas durante su formación moral para diferenciar el bien del mal, pero el niño no. A temprana edad estamos con todos los sentidos abiertos para entender precisamente esa diferencia. Por eso, cuando le relatamos un cuento a un niño, lo primero que quiere saber de un personaje es: “Ya va, este es el malo/mala o el bueno/buena?” y es difícil hacerlos concentrar de nuevo en la historia hasta no tener claro donde, en el ámbito de su joven moralidad, está ubicado el personaje.

Por esa misma razón, cuando presencian o sufren un acto de abuso sexual, algo que no entienden pues no hay nadie que les diga quién es el bueno o el malo, prefieren callar y muchos, más bien demasiados, han guardado silencio por décadas llevando en su alma el terrible peso de esa duda. Y cuando ese daño viene de una figura admirada por su familia y la sociedad, la confusión es difícil de superar y algunos terminan en el suicidio o en las drogas. Por eso hay que alzar la voz por los niños y niñas que han sido víctimas de abuso, acoso y violencia sexual por parte de miembros de la Iglesia Católica en el mundo entero. Ya basta.

Este editorial lo motiva el hecho de que el cardenal australiano George Pell, de 77 años, ex tesorero del Vaticano y asesor del papa Francisco, uno de los hombres más poderosos de la Iglesia católica fue declarado culpable de múltiples delitos sexuales contra menores en un juicio secreto realizado en Melbourne, Australia en noviembre y diciembre del 2018. El juicio duró 5 semanas, terminó el pasado diciembre de 2018, y su existencia y detalles solo fueron revelados la semana pasada.

La fiscalía logró un testimonio contundente: un hombre (cuyo nombre lo protege la ley australiana en estos casos) aseguró que Pell un domingo después de misa, abusó sexualmente de él y de otro niño. Lo hizo en la catedral de San Patricio en Melbourne. La segunda víctima no pudo estar en el juicio, pues murió luego de una sobredosis de drogas sin haber revelado nunca el abuso. El testigo afirmó que el Cardenal y entonces Arzobispo Pell lo forzó a practicarle sexo oral y realizó un acto indecente a su amigo. Un mes después, la víctima dijo que Pell lo empujó contra una pared y palpó sus genitales. Ya basta.

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Publicado por Intipucá City en Miércoles, 14 de agosto de 2019

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