"El celular tiene idiotizado a muchísimos Jalvadoreños"

Sun, 21 Oc



Por Charles White

“Tu teléfono celular ya reemplazó tu reloj, cámara, calendario y despertador. No permitas que reemplace a tu familia”, reza un pensamiento de los que ahora abundan en los chats o redes sociales más populares en el país.

Deseo criticar la utilización que estamos haciendo del teléfono celular, al grado de tenernos “idiotizados” en cada rincón en donde estemos y con quien estemos.No estoy en contra del desarrollo, ni mucho menos de uno de los inventos más maravillosos y espectaculares del siglo, como es el teléfono celular, más ligados al internet genera esa capacidad de conectarnos en cualquier parte del mundo, además de la información inmediata que se obtiene con ese pequeño aparato.

Las redes sociales son una maravilla, generan conocimiento, nos conectan con lo que está pasando en el mundo, nos informa de cosas de las más extrañas e interesantes, hasta de las más ridículas e inverosímiles que antes no existían en nuestra paupérrima sociedad.

Usted puede mandarle un mensajito o whatsapp a su artista o futbolista favorito, puede enlazarse con video desde el otro hemisferio y logra votar por su cantante preferido en un concurso internacional desarrollado en el mismo instante en que está viendo el show televisivo.

Pero todo en la vida debe tener una regulación o un límite que permita tener una salud mental apropiada o normal, saber en qué momento le está afectando su paz, o conocer cuándo está separándolo de su entorno familiar o social.

El acto más estúpido que conozco en relación con la telefonía celular es cuando en la mesa familiar están sus integrantes sentados en el comedor y todos o casi todos están con el celular en la mano, enviando whatsapp, leyendo alguna brutada o hasta jugando algún partido de entretenimiento.

En vez de dialogar sobre los temas que interesan a la familia, la crisis económica y cómo solventarla con talento, los futuros proyectos que incluyen a todo el núcleo familiar, el hijo no le habla al padre, pues se encuentra enigmatizado por una imagen que le cayó en ese momento, la niña no dialoga con su madre porque está en Facebook “pegada” con sus amigas de la universidad, y el más pequeño está siguiendo la plática sostenida en el chat del colegio, coordinando la ida al mall.

Ya perdimos el lugar y el momento más sagrado de la familia, cuando todos los integrantes se reunían alrededor de la mesa a platicar sobre los temas más importantes del país, de la sociedad y de ellos mismos, sacando conclusiones y porqué no, hacer las recomendaciones del caso.

Estás en la casa con el celular, en el carro con el celular, en el servicio sanitario con el celular, en la cama con el celular, y hay bárbaros que hasta en la intimidad con su pareja, están con ese aparato de comunicación inalámbrico.

Camina en la calle con el celular poniendo en peligro su vida, dialoga a través del celular en la plaza pública, sin importar la lluvia, el sol o los truenos, se madruga mensajeando sacrificando su cuerpo, en fin, el celular llegó para quedarse y para quedarse sin reservas.

Hagamos algo para que este fenomenal aparato no nos robe a nuestra juventud, no atrape a nuestros adolescentes que parecen robots magnetizados, y no viole nuestros más elementales principios de convivencia.


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Columnas de grandes periodistas

Artículos de grandes personajes de Latinoamérica que han marcado la pauta del quehacer político, sociocultural o religioso. Ellos (as) escriben para los periódicos de mayor circulación en el mundo.

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