Después
de 19 años conviviendo fuera de las jurisprudencias religiosas,
Patricia Asturias-Mondragón y José Fidel Escobar-Leonzo
unieron sus vidas para siempre —literalmente
hablando—
con las bendiciones de nuestro Dios todo poderoso el día sábado
24 de abril en la iglesia San Michael's en Silver Spring Maryland. Posteriormente
se efectuó una íntima recepción en las excelentes
instalaciones de El Boquerón en Rockville.
Una
actividad en la cual, hicieron acto de presencia los familiares más
allegados de los contrayentes; orquestado con las mejores intenciones
del mundo por la madre de la consorte la señora Fanny Asturias;
mujer que se ha agenciado la admiración y respeto por un sinnúmero
de personas (entre todos ellos /as, me adhiero)
de la ciudad de Intipucá por su aptitud o proclividad de fraternidad
por los demás.
El
señor Luis Mondragón —siempre
cortés y deferente— padre de la contrayente
acompañó a su hija en un momento trascendental. También
se unieron a la celebración las hermanas y hermano Luis Alfredo
que llegaron desde las Carolinas a disfrutar la fiesta.
Por
supuesto, los padres de José Fidel, señora Elsy Leonzo
y Don Fidel Escobar estuvieron formando parte de la mesa de honor; hay
que mencionar que el señor Fidel Escobar y su esposa se mantienen
activos, su actitud al baile, deja anonadado a propios y extraños.
A
la fiesta matrimonial llegaron varios familiares de los cónyuges,
también, amistades acompañar a Patricia y Fidel en su
enlace nupcial. Empero, fue agradable observar y otorgarle un apretón
de mano a un hombre que respeto y admiro, al virtuoso empresario, caballero
señor Jacinto Rivera. Un irrefutable referente notable de Intipucá
en todos los aspectos, después de pasar unos días quebrantado
de salud, hoy el señor Rivera se visualiza con mucha vida, que
bien, ¡¡Me alegro mucho!!
y también todos aquellos que le conocen... ¡¡¡Enhorabuena!!!
Personalmente,
le auguro a Patricia y su esposo el joven Fidel mucha felicidad, prosperidad
y salud en su matrimonio; espero que su enlace se convierta en toda
una eternidad. Y, cuando cumplan sus primeros 25 años de aniversario
me inviten a su celebración para degustar momentos afables con
la colectividad aristócrata y meritísima de mi querido
Intipucá.